MARGARITA VEGA
Dice el Alcalde que «se nos avecinan malos tiempos económicos, y este Ayuntamiento no va a ser ajeno a la situación».
La verdad es que hay que reconocerle maestría: de un plumazo y con una frasecita, se quita de encima cualquier atisbo de responsabilidad en la inquietante situación económica del Ayuntamiento.
El caso es, señor alcalde, que la penosa situación económica de éste nuestro Consistorio tiene muy poco que ver con las actuales circunstancias y mucho con las desastrosas decisiones que ustedes han tomado en los últimos, pongamos, 10 años, a medida que se fue agotando el «cash». Las consecuencias nos toca ahora padecerlas y pagarlas.
Pero eso se le olvida y es normal: con la jubilación suelen aparecer pequeñas lagunas de memoria, aunque en su caso sean auténticos océanos. Así que como ahora se va a dedicar a gestionar Oviedo, agradecerá que repasemos algunas cuestiones que han configurado el actual desastre económico del Ayuntamiento, aunque sólo sea para evitar reincidencias.
Empecemos por las expropiaciones, con «Villa Magdalena» a la cabeza. Una propiedad que expropió en los años 90 por 3 millones, por la que ya hemos pagado 15 largos, más de 4 de ellos de intereses, y sobre la que pesa una solicitud de retasación por ¡63 millones de euros! No es el único caso: los de Rodríguez Cabezas o El Campón también llevan años «enquistados», mientras multiplican su valor y acumulan intereses entre recursos judiciales. El conjunto medieval de Olloniego, que ya fue tasado en 1996 en 6,6 millones de euros, tendrá pronto una nueva valoración y también habrá que pagarla.
Continuemos con los palacios: ¿qué nos dice de la parcela del Vasco? Se acabó malvendiendo por 6 millones de euros, cuando ya no sabían qué hacer con ella, después de haber gastado millones en proyectos y obras: ahora para una escuela, luego para un nuevo ayuntamiento, después para unas fallidas torres. ¿Y del Palacio de Congresos?, ese que «no nos ha costado nada», pero que para encajarlo obligó a construir un nuevo estadio, también millonario. Ese nuevo campo de fútbol y los equipamientos deportivos del Parque del Oeste se financiaron con pago aplazado y sufrieron proyectos complementarios y modificados que multiplicaron su valor inicial, y aún seguiremos pagando hasta 2011. Este año destinamos 7,2 millones de euros al pago de estas deudas.
Sigamos con los aparcamientos: destinaron la sociedad Cinturón Verde a la construcción y venta de plazas de aparcamiento, de las que a día de hoy quedan sin vender más de 3.000, la mitad de las construidas en once «parkings» municipales bien mal planificados si analizamos las ventas. Como consecuencia, Cinturón Verde (o sea, el Ayuntamiento) tiene una deuda de más de 43 millones de euros, que nos cuesta cada año más de 2 millones en intereses bancarios.
O con las perlas urbanísticas: estamos viendo estos días cómo se permiten obras de privados en parcelas municipales que se venden a precio de saldo, mientras se hurta la posibilidad de su uso a un colegio público. Pierden, por supuesto, los ciudadanos y se vulneran, de nuevo, los intereses municipales.
Y cerremos, por hoy, con las privatizaciones de servicios municipales, ese buque insignia del «liberalismo» local con el que pretende vendernos como eficiencia lo que sólo es más dispendio. Aquí hay ejemplos para todos los gustos: ceden suelo público para hacer geriátricos «municipales» (El Rubín o La Florida constituyen buenos ejemplos) cuyas tarifas resultan inasequibles para la ciudadanía; pagamos contratos millonarios (6 millones en 2008) para que nos recauden los impuestos y lo que tenemos son 50 millones de euros «pendientes de cobro» a fin de ejercicio, buena parte de los cuales es ya claramente incobrable después de 18 años; las empresas contratistas ponen en la calle a las personas que gestionan servicios públicos (bibliotecarias, personal de gestión de tributos o informadores juveniles son los casos más recientes), en las que se han invertido recursos municipales en formación y experiencia, en vez de crear empleo público. Luego, las indemnizaciones que fijan los tribunales cuando estas personas ganan sus demandas acabará pagándolas también el Ayuntamiento.
Podríamos poner decenas de ejemplos más, pero el asunto está claro: en 2008 agotamos ya la capacidad de crédito en los primeros meses, con el pago de deudas y expropiaciones. Los ingresos no están entrando: ni los tributarios al ritmo esperado, ni los del «ladrillo», claro, que presupuestaron muy por encima de lo razonable. Sólo en aprovechamientos urbanísticos previeron un incremento del 360 por ciento respecto a 2007 (3 millones recaudados en 2006 y 14 presupuestados en 2007), así no hay presupuesto creíble ni previsiones que valgan.
Pero eso no impide que siga anunciando actuaciones estrella, como la losa de la Ronda Sur, aunque no haya ejecutado aún ni uno solo de los proyectos urbanísticos incluidos en el presupuesto (transcribo literalmente: losa de la avenida de Santander, soterramiento de Hermanos Pidal, urbanización de Olivares, losa de Santullano, pasarela La Florida-Parque del Oeste, vial La Florida-San Claudio).
Ni impide al concejal de Economía publicitar a bombo y platillo la bonanza municipal, olvidando reconocer su incapacidad para ejecutar año tras año las inversiones municipales. En 2007 esa ejecución fue del 41 por ciento, dejando casi 30 millones de euros de inversiones fallidas como consecuencia del pago de deudas. Entre las ejecutadas cuentan, cómo no, las anualidades que pagamos por antiguas inversiones. Así que poco queda cada año para inversión nueva, con la consiguiente descapitalización municipal que esto conlleva.
En las cifras de deuda se olvida también el concejal sistemáticamente de computar la de Cinturón Verde y de explicarnos que la deuda con bancos cada vez se extiende más en el tiempo y alcanza ya el año 2028; o de contarnos el atasco de deudas con acreedores o proveedores, de los que cada año van «apareciendo» facturas hasta de cinco años atrás.
Se ve que en todo esto tampoco tiene el Alcalde ni el equipo de gobierno ninguna responsabilidad.
Así las cosas, preparémonos para seguir soportando el gran discurso oportunista: la culpa de todo la tienen, siempre, los otros.
Margarita Vega es concejala del PSOE.