Lne.es » Opinión
 Noticia anterior   Noticia siguiente 

Los conflictos por la llingua asturiana

 10:44  
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto

JAVIER FERNÁNDEZ CONDE Hace unos días comentaba con unos amigos del campus del Milán los conflictos de la Facultad de Filología derivados de la moción presentada por el profesor Félix Fernández de Castro contra la posibilidad de conseguir para la Llingua Asturiana el título de grado. Y uno, que era de «clásicas», citaba de pasada el famoso texto de la «Carta a los Pisones» del exquisito poeta latino Horacio: se ponen de parto los montes y nace simplemente un ridículo ratoncito. No sabemos si el conflicto de la Junta de Facultad de nuestros vecinos filólogos, que provocó la dimisión irrevocable de Ana Cano y de su equipo, revestía la magnitud de un cataclismo cósmico, pero lo que surge de este episodio académico tuvo, y quizá siga teniendo, dimensiones que en nada se asemejan a ese neonato y ridículo ratón horaciano.
Las posibilidades de encontrar para la enseñanza del asturiano un encuadre académico adecuado -trabajo y esfuerzo de muchos años- han quedado en suspenso y con unas perspectivas nada halagüeñas en una Facultad claramente dividida y, a lo que parece, cada vez más posicionada a favor y en contra. Además, los ataques sistemáticos en forma de «pasquinadas» o pintadas anónimas contra la cabeza visible del enmendante, el profesor Fernández de Castro, la invasión improcedente de su despacho, y los amenazadores e-mails con foto incluida recibidos contra él. No, semejantes procedimientos de disenso no tienen nada de democráticos, y yo los considero condenables y completamente improcedentes en una sociedad avanzada que nos concedió a todos ese maravilloso don que es la libertad cívica. La libertad de opinión, de cualquier tipo que ella sea, cuando se hace en voz alta, si pretende tener autoridad y que sea tenida en cuenta, debe estar refrendada siempre y claramente con firmas legibles y responsables.
Pero también nos parece completamente inadecuado el esfuerzo de Fernández de Castro por tratar de ideologizar el conflicto, apuntando más o menos explícitamente hacia la decana dimitida en calidad de presidenta de la Academia de la Llingua y hacia la Academia misma con manifestaciones escritas o utilizando sistemáticamente la propaganda mediática, como cuando denuncia la intimidación de la que han sido objeto hasta ahora «personas que se enfrentaban a la Academia de la Llingua o eran considerados enemigos de esta institución» (de la prensa del 4-VII). Y también nos parece completamente desproporcionado y fuera de lugar tratar de «euskaldunizar» el conflicto lingüístico, como le advertía, hace algunos días, la Junta por la Defensa de la Llingua (prensa del mismo día).
En un artículo firmado por él, destinado a la prensa y remitido a todos los profesores de la Facultad hace algún tiempo, vertía ya valoraciones que, cuando menos, se nos antojan incorrectas, como cuando afirma que en el caso de la cooficialidad «el derecho de una minoría menguante... se convertiría en un deber para toda la comunidad». No sabe a estas alturas que el derecho a hablar la propia lengua es básico en el marco de los derechos fundamentales de las minorías, sin que ello conlleve algún tipo de imposiciones para la mayoría restante. O cuando formula una extraña teoría sobre la historia lingüística de Asturias: «Si en el pasado el asturiano hubiese sido el vehículo general de comunicación de todo Asturias, cosa que no ocurrió»; y nos preguntamos cómo se entendían las gentes de la Asturias tardo y plenomedieval. Y sin entrar en otros análisis más técnicos, parece todavía más pintoresca, por utilizar un eufemismo, la identificación de la lengua asturiana con la forma de hablar en la Arcadia feliz, rural y anacrónica, característica de los ingenuos hijos de Sabino Arana:
«Una sociedad culta se esfuerza en proteger su pasado, y con ello su identidad, pero nadie confunde preservar el pasado con proponerlo como pauta para el futuro (bueno, nadie no, Sabino Arana lo hacía). Cuando las autoridades del asturianismo lingüístico escenifican la reivindicación de esencias rurales con el convencido y ciego afán de dignificarlas están demostrando el fundamento ideológico de un proyecto para Asturias de ese retorno a la Arcadia que los infortunios de la historia torcieron, pero que ellos podrían devolver, si aceptáramos las señas de identidad salvadora que es una lengua propia».
Me entero ahora, leyendo a Félix, de que los defensores de la llingua asturiana somos unos pobres diablos: ignorantes románticos perdidos y sin remedio.
¿Estarán de acuerdo con este tipo de juicios de valor los 34 profesores que votaron a favor de la enmienda firmada por Fernández de Castro? Más bien creemos que no, conocida la solvencia y la bonhomía de muchos de ellos, a quienes tratamos.
Algunas de las «perlas» regaladas por este profesor a los defensores de la llingua en declaraciones periodísticas de los días siguientes al conflicto institucional mencionado parecen completamente improcedentes, e incluso indignantes, porque yo y muchos otros nos sentimos concernidos de algún modo por ellas: sostiene que este tipo de ataques «es propio del terrorismo etarra, con métodos como colgar en internet las fotos del enemigo», (prensa del 4 del VII). Y enjuiciando el episodio protagonizado por tres jóvenes, dos con gafas oscuras y uno encapuchado, asevera que se trata de un «cambio cualitativo» en las intimidaciones; «nunca tres matones habían irrumpido en el despacho de un profesor, y esto nos sitúa a un nivel del problema que se está viviendo en otros sitios como el País Vasco y Cataluña» (de la prensa del mismo día). Colega Félix, ya manifestábamos más arriba nuestra condena sin paliativos a estos procedimientos innobles, pero ahora te preguntamos a ti con idéntica firmeza si no te parece que estás exagerando dramáticamente al victimizarte de esa manera. ¿Cómo puedes comparar, con un mínimum de sensatez el problema lingüístico de Asturias con el de Euskadi o el de Cataluña? ¿Cómo te atreves a considerar la astracanada de tu despacho, «una acción de niñatos, una bufonada», en palabras del profesor José Antonio Martínez, decano en funciones, como una acción criminal protagonizada por «matones». Sólo te faltaba insinuar que los financiaba la Academia u otras instituciones comprometidas con la defensa de la llingua. Te limitas a decir que estás «casi convencido de que los jóvenes no pertenecen a la Facultad de Filología» (prensa del día 4). Y respecto a las pintadas anónimas, tampoco conviene llevar las cosas demasiado lejos. Yo he cruzado varias veces estos días el campus y te confieso que no me había dado cuenta. Esto me ha servido para recordar otras pintadas insultantes en las mismas paredes, durante varios años, que nadie quitó y que desaparecieron paulatinamente, convencido todo el mundo de que se habían convertido en meras «lexicalizaciones».
Quiero concluir esta reflexión sobre tan dolorosos problemas, bordeados de matices esperpénticos no imputables a quienes defendemos el asturiano y a los que tenemos el honor de trabajar por la Academia, con tres consideraciones personales.
La primera se refiere a la Facultad de Filología: su decana había trabajado duramente a lo largo de diez años para encontrar el encaje adecuado a todas las especialidades y, entre ellas, a la Llingua Asturiana. No diremos que ese trabajo se fue al traste, pero creemos que proseguirlo y llevarlo a buen término va a resultar muy arduo a partir de ahora con una colectivo académico roto y enfrentado -la Junta de Filología-, sobre todo si los firmantes de la enmienda de Félix participan de su discurso ideológico reflejado en el artículo peridodístico que recibieron, algo que pusimos en duda más arriba.
En segundo lugar, constatamos con estupor, una vez más, que la verdadera víctima fue la propia llingua asturiana. Por desgracia, la famosa ecuación insinuada más o menos formalmente por el profesor Fernández de Castro -llingua asturiana>nacionalismo>separatismo>violencia- funciona en la mente de mucha gente, de dentro y de fuera de la Universidad. El otro día, conversando sobre la posible oficialización con la máxima autoridad de un partido político representado en la Junta, y no era IU, el parlamentario me cortó a bote pronto: no os empeñéis, no hay nada que hacer; en Madrid esto no pasa, les huele a separatismo. ¿Cómo se entiende a estas alturas que los servicios administrativos de la Universidad se negaran a admitir, ante notario, un documento presentado por García Arias en asturiano? Félix Fernández de Castro, con sus manifestaciones, que consideramos extemporáneas, no ha hecho más que explicitar las convicciones de muchos asturianos, cultos o de a pie, universitarios o de fuera, que plantean el problema lingüístico en los mismos términos. La Junta General, en plena redacción del Estatuto, cuenta ya con más argumentos para continuar en su tozuda ceguera. Desconocemos si Félix lo había previsto, calculando también cuidadosamente el momento de la enmienda. A uno a veces le vienen ganas de domiciliarse en Ribagorza o en Miranda do Douro.
Y quiero terminar manifestando mi apoyo a Ana Cano: no a su persona, porque es muy fuerte y no lo necesita, sino a su trayectoria como decana: un cargo en el que trabajó incansablemente durante una larga década para adecuar los planes de estudio de su Facultad no sólo la Llingua Asturiana, sino al Espacio Europeo. A pesar de todo, esperamos que al final sus esfuerzos lleguen a buen puerto. Eso también sería bueno para Asturias. Que le anime, y que nos anime a todos, la nota simpática de la foto del «Guaje» Villa, sí, el crack del equipo español de la selección, fotografiándose detrás un letrero que pedía la oficialidá. Es un testimonio nada sospechoso, porque el españolismo de Villa, teñido de profunda asturianía también, está fuera de toda sospecha. Resulta dramático, a estas alturas de la película, el tener que explicitar que el compromiso con la llingua y la cultura asturianas nada tiene que ver con utópicos nacionalismos separatistas.
Y para Félix Fernández de Castro, algún consejo; me siento mayor y con cierto derecho para dárselo, que siga defendiendo siempre sus ideas sobre el asturiano en la Junta de su Facultad y fuera de ella, donde quiera; tiene todos los derechos del mundo ¡sólo faltaba!, pero que lo haga correctamente y sin extrapolaciones insidiosas o, cuando menos, equívocas. Y un ruego conclusivo, el formulado por la Junta para la Defensa de la Llingua (prensa del 4-VII), que cejen él y quienes están detrás en «sus intentos de crimininalización y victimismo, que en nada ayudan y que carecen de credibilidad».

Javier Fernández Conde es profesor de Historia y académico de la Llingua.

COMPARTIR
 

  HEMEROTECA
     CONÓZCANOS: CONTACTO |  LA NUEVA ESPAÑA |  CLUB PRENSA ASTURIANA |  PUNTOS DE VENTA |  PROMOCIONES    PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS|CONTRATAR  
Lne.es y La Nueva España son productos de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de La Nueva España. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  | Levante-EMV  | El Boletín  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas