J. E. M. / M. Á. G.
Tarna (Caso),
Era un ejemplar único en su especie, pero ya está muerto. Unas pocas plumas desperdigadas junto a la acera son el único recuerdo que queda de «Mansín» en Tarna, un extraño urogallo -en peligro de extinción en la península Ibérica- que hasta el último momento siguió fiel al asfalto y a la vida en sociedad, junto al ser humano. Precisamente, la necropsia confirma lo adelantado por LA NUEVA ESPAÑA ayer: fue un animal doméstico, un perro, el que acabó con su vida, un aspecto este que da pie a la apertura de una investigación judicial para determinar las posibles responsabilidades civiles que pudieran existir.
Dos niñas recogen las plumas del suelo y las miran con tristeza, aunque el sentimiento es compartido por todos los habitantes del pueblo. El urogallo cantábrico, que en las últimas semanas había convertido las calles de la localidad en su particular cantadero, murió el viernes por la tarde a consecuencia del «ataque de un carnívoro de tamaño mediano o grande, al parecer, un perro», según el informe de la Consejería de Medio Ambiente, que había intentando, hasta en diez ocasiones -y sin éxito-, reintroducir al ave en su medio natural. A la sensación de pérdida por la desaparición de un ejemplar de una especie en peligro de extinción se une el enojo por un desenlace que, en palabras de todos, «se veía venir» y que -a juicio de vecinos, representantes municipales y colectivos ecologistas- podría haberse evitado si el Principado hubiera recogido a tiempo al animal.
Vecinos de Tarna indicaron ayer que, junto al cuerpo del ave, los guardas recogieron un rastro de plumas procedente de una calle cercana, con lo que el ataque pudo haberse iniciado en otro punto. Así lo explicaba Fernanda García, que no escondía su sorpresa por el despliegue ocasionado por la muerte de «Mansín»: «Sólo falta que salga Arias Navarro a anunciar el fallecimiento. Lo que no entiendo es que no se le protegiera mejor si se trataba de un animal tan valioso». La misma opinión sostiene Gloria Martínez, presidenta de la Junta Vecinal de Tarna, que se mostró crítica con la actitud de la Consejería de Medio Ambiente, que intentó devolverlo a su hábitat. «Creo que han querido ser más papistas que el Papa. Si no había logrado adaptarse al monte y le gustaba estar entre la gente, habría que haberle buscado un lugar más adecuado a su comportamiento», indicó Martínez.
En términos similares se expresaron el alcalde de Caso y los colectivos ecologistas. «Lamentablemente es la crónica de una muerte anunciada; un animal así no puede andar por los pueblos porque está expuesto a múltiples peligros. Es una pena porque se había convertido en un reclamo turístico del concejo y del parque», explicó Elías Rodríguez, regidor casín. Por su parte, Roberto Hartasánchez, presidente del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas), lamentó que no hubiese mayor capacidad de reacción por parte del Principado para encontrar una solución. «Con un centro de cría en cautividad en ciernes creo que lo más prudente habría sido recogerlo hasta que el programa entrase en un funcionamiento, y más cuando todos los intentos para reintegrarlo en su hábitat fallaron», subrayó.
«Mansín», uno de los últimos ejemplares de gallones que quedaba en la península Ibérica, no sólo era querido por los vecinos de Tarna. También se había convertido en un personaje reconocido en toda la región gracias a los numerosos reportajes protagonizados en prensa y televisión. En las últimas semanas era habitual la presencia de turistas que acudían al pueblo preguntando por su vecino más ilustre para hacerse una fotografía con el urogallo.