Oviedo,
Marta F. SARMENTERO/ Luján PALACIOS
El descarte de la oficialidad del asturiano en la reforma del Estatuto ha suscitado reacciones encontradas. PSOE y PP llegaron a un acuerdo la semana pasada para cerrar la puerta a la oficialidad del asturiano. Los dos partidos mayoritarios proponen que el asturiano y el gallego asturiano sean declarados patrimonio lingüístico. IU reclama la oficialidad.
LA NUEVA ESPAÑA pidió ayer su parecer a nueve asturianos, representantes de diversos ámbitos. Las opiniones se mueven entre los que consideran que se ha hecho más bien poco por la conservación de la llingua y los que consideran que con el compromiso de promoción del asturiano, sin llegar siquiera a la cooficialidad, es suficiente.
El sociólogo Óscar Rodríguez Buznego expresa sus dudas acerca del debate abierto en torno al asturiano y sostiene que, al menos, se puede constatar que la cuestión lingüística ya forma parte del debate público en la región. Buznego apunta que no es partidario de la oficialidad del asturiano, y reconoce que le satisface la fórmula alcanzada por el PSOE y el PP, «la más adecuada para la realidad sociológica de Asturias», asegura. De este modo, «se evita que la cuestión lingüística se pueda convertir en motivo de fractura política» a la vez que se permite el fomento de la lengua, resume el sociólogo.
La filósofa Amelia Valcárcel , que forma parte del Consejo de Estado, se confiesa disgustada por la situación del asturiano, una lengua que «está bajo mínimos, en extinción». Valcárcel considera que la pérdida de hablantes en los últimos años y la proximidad del asturiano y todas sus variantes al castellano sin que haya existido un proceso fuerte de normalización han hecho que la llingua se haya deteriorado y esté abocada a su desaparición. Por ello, tal y como sostiene la filósofa, si se quiere preservar al asturiano «debe hacer una intervención política y social muy decidida».
Salvador Gutiérrez Ordóñez, catedrático de Lingüística General en la Universidad de León y académico de la Real Academia Española, considera que la denominación «patrimonio lingüístico» que el Estatuto autónomo otorga al asturiano «es lo propio», sin necesidad de dar un pasó más hacia la oficialidad. En este sentido, Gutiérrez Ordóñez considera que una declaración del asturiano como lengua oficial implicaría «una imposición a nivel de enseñanza y en la Administración». No obstante, el catedrático prefiere no dar más vueltas sobre las consecuencias de la oficialidad porque esa situación no existe: «el asturiano no es cooficial».
El gaitero villaviciosino José Ángel Hevia se muestra beligerante y asegura que aunque no se siente indignado con los políticos de la región por la decisión tomada en el Estatuto, la situación del asturiano le produce «dolor y vergüenza», porque «es una lengua que va a morir». El músico no está de acuerdo con el acuerdo alcanzado por PSOE y PP y lamenta que su hija, Llucía, vaya a crecer con un nombre que no se considera oficial. «Hay niñas en Asturias que se llaman por ejemplo Jennifer y van a tener un nombre más oficial que el de ella», sostiene. En su casa, tal y como explica, es tan obligatorio el asturiano como el castellano y el inglés, y «ni mi esposa ni mi hija se han quejado nunca», asegura Hevia.
Juan Velarde, economista, considera que la oficialidad del asturiano implicaría «crear un idioma, y eso es falso, es ridículo unificar». Velarde subraya el hecho de que el asturiano es «un patrimonio variado», y por lo tanto lo que se debería hacer es «conservarlo, y no unificarlo».
Los defensores del gallego-asturiano no han visto satisfechas ni mucho menos sus demandas. Xabiel González, presidente de la asociación cultural «Xeira», está convencido de que el tratamiento de la llingua en el Estatuto «nos iguala por debajo». Así, el reconocimiento del gallego-asturiano como una variedad lingüística «no significa nada». «El asturiano debe ser tratado como una lengua, que es lo que es y además es cooficial», asegura González. Para el presidente de «Xeira» los poderes públicos «tienen la obligación de atender a los hablantes».
Ignacio Vares, director del IES de Tapia de Casariego, se muestra por su parte más prudente, y considera que el asturiano ya tiene un grado de oficialidad, puesto que la gente puede hablarlo libremente. Vares se muestra favorable a una mayor promoción de la llingua, especialmente en lo que al gallego-asturiano se refiere, aunque también reconoce que en los últimos años el Ejecutivo regional ha realizado un importante esfuerzo para que el asturiano no acabe desapareciendo.
El antropólogo Roberto González Quevedo no está de acuerdo con la decisión que se ha tomado y considera que el tratamiento que se le da al asturiano en el Estatuto autonómico es insuficiente: «Es evidente que se trata de un patrimonio lingüístico, pero esto es muy poco, ha de reconocerse como lengua propia del Principado de Asturias, ha de reconocerse como un derecho de los asturianos». González Quevedo cree además que sería importante la oficialidad de la lengua y su incorporación en el sistema educativo de la provincia para transmitir la llingua asturiana, «algo nuestro que, si no se reconoce, se acabará perdiendo».
Ignacio Gracia Noriega, escritor y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, opina por su parte que «la cuestión de las lenguas no es un problema de estatutos sino de hablantes». El autor estima que el asturiano «no es una lengua viva y, por tanto, no es competencia del estatuto». Gracia Noriega sostiene que el asturiano es un problema artificial, de «ciencia ficción», porque se trata de una lengua que actualmente no se habla. El escritor sostiene que la cooficialidad del asturiano supondría una imposición para todos los ciudadanos asturianos.