Soy profesor de Educación Secundaria en el IES Astures de Lugones y con este artículo quisiera ejercer mi derecho a la libertad de expresión.
Recientemente, de forma casual, haciendo una consulta en internet, un profesor del centro descubrió una página web (www.estuturno.com), elaborada por nuestros alumnos en la cual figura el nombre de nuestro instituto y donde hay un listado de algunos de los docentes, con apodos y motes incluidos, en la cual se hace una valoración numérica, en definitiva, como resultado de una votación, se da una calificación de los susodichos profesores respecto a su aptitud académica. A algunos de nosotros esto nos pareció intolerable, ya que consideramos que de entrada atenta contra la dignidad del profesorado y, por otro lado, ello supone un ejercicio ilícito de la libertad de expresión, tan de moda hoy en día, sin olvidar la mala imagen que con ello se da del centro.
En este sentido planteo hasta qué punto alguien, sin mi consentimiento, puede publicar en la red datos sobre mi persona, tales como nombre y apellidos (en algunos casos acompañado de mote o apodo), el lugar donde trabajo, y lo que aún es más grave valorar o calificar mi trabajo como profesor con quién sabe qué criterios, en el mejor de los casos totalmente arbitrarios por descartar los malintencionados.
Si los que nos dedicamos a esto de la enseñanza no tuviéramos suficientes elementos de presión, el mal uso de las nuevas tecnologías nos aporta uno más.
¿Y sobre todo esto, cómo ha reaccionado el profesorado? La mayoría calla o se resigna (a ello estamos acostumbrados), algunos lo consideran una chiquillada sin importancia que provoca una sonrisa, otros lo justifican por el hecho de que este tipo de páginas parece bastante frecuente en internet (también las hay neonazis o pedófilas, digo yo), pero lo más sorprendente para mí es que algunos no ven motivo alguno para la denuncia de tal tropelía. Pero algunos pocos nos sentimos realmente, una vez más, avasallados en nuestro derecho a la intimidad, protección de datos, pero sobre todo en lo que se refiere a nuestra dignidad profesional.
Por último me planteo si las direcciones de los centros de enseñanza y la Administración (Consejería de Educación), enterados de ello, no podrían hacer algo más para atajar lo que yo considero desmanes, porque creo hace referencia a una cuestión pedagógica, relacionada íntimamente con la educación. Con esto no quiero decir que se trate aquí de tomar represalias, aunque tampoco sería descartable, sino sobre todo de educar a nuestros alumnos en lo relativo a la libertad de expresión, y sobre ello tenemos responsabilidad los profesores, pero también los padres y no faltaba más, las direcciones de los centros de enseñanza y la Administración.
Finalmente diré que ante estas circunstancias uno se siente indefenso, a la intemperie, con ausencia de apoyos, incluso por parte de nuestros propios compañeros de profesión, ya que, por suerte o por desgracia, estamos ante un colectivo en el que el «corporativismo» que les sobra a algunos, a nosotros nos falta, con lo cual se puede afirmar que hasta que a uno no le afectan en carne propia los acontecimientos, éstos carecen de importancia, y si ello llega a ocurrir, ya se sabe: allá te las compongas como buenamente pueda. Eso si nos llenamos la boca e inflamos nuestro espíritu de pedagogos con las comisiones de coordinación pedagógica, actividades interdisciplinares, reuniones de equipos docentes... y como no, Educación para la Ciudadanía.
Francisco Isern González
Oviedo