Albina FERNÁNDEZ
El III Festival Aéreo de Gijón se ha convertido en el más multitudinario espectáculo del año gijonés. La Policía Local cifra en 400.000 las personas que siguieron el espectáculo ofrecido por Ramón Alonso, campeón del mundo de acrobacia, y por los pilotos del Ejército del Aire. La aglomeración fue tal que poco antes del comienzo se colapsaron las principales vías de entrada a la ciudad e incluso era muy difícil caminar por el centro. El buen tiempo y la suave brisa del Nordeste brindaron una visibilidad óptima para seguir las evoluciones de los pilotos y de los paracaidistas.
El nuevo éxito reedita la aceptación de las dos ediciones anteriores y convierte el Festival Aéreo en un evento imprescindible en el verano gijonés, y en el más multitudinario de cuantos se organizan en el estío asturiano.
La playa de San Lorenzo, el paseo del Muro, el cerro de Santa Catalina, el parque de la Providencia y el mar, con más de 70 barcos siguiendo las evoluciones de los pilotos, acapararon la mayor parte de las miles de personas que siguieron el desarrollo del festival.
El público empezó a tomar posiciones desde primeras horas de la mañana, y ya sobre las 10.30 horas los puntos más estratégicos estaban copados. Y nadie se movió de su sitio hasta que concluyó su exhibición la patrulla de paracaidistas PAPEA, que cerró el brillante espectáculo a las 14.30 horas, como estaba previsto.
La exhibición aérea, organizada por el Ejército del Aire, el Ayuntamiento de Gijón y Cajastur, transcurrió con normalidad, aunque se echó de menos al anunciado Mirage 2000 del Ejército del Aire francés, que a última hora no pudo salir. La estrella del festival fue el Eurofighter, el caza más moderno del Ejército del Aire español, aunque la patrulla Águila fue la que más admiración levantó por sus arriesgados ejercicios acrobáticos con los reactores C-101.
Cerca de 200 personas de las fuerzas de seguridad controlaron el evento.
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