Oviedo
Xuacu Amieva ha sido designado «Asturiano del mes» de julio de LA NUEVA ESPAÑA por su deslumbrante trayectoria como gaitero, carrera que ha culminado el pasado mes formando parte activa del espectáculo «Mejores gaiteros del mundo», organizado por la Fundación Príncipe de Asturias para su Escuela Internacional de Música.
Sólo es una pequeña nota en la nutrida biografía artística de uno de la grandes referentes de la música asturiana. Amieva comenzó su historia hace más de treinta años con una gaita que lo acompañó a Melilla, a la mili, para ahogar la nostalgia. Posteriormente se convertiría en uno de los grandes estudiosos de la música popular asturiana.
Su primer gran paso surgió tras fundar los grupos de música folk «Beleño» y «Ubiña». Sin duda, dos bandas que asentaron los cimientos de lo que, al cabo de los años, sería el «boom» del folk astur. Paralelamente inició su labor de magisterio con la gaiteros y hoy, ya son varias generaciones, también de maestros las que salieron de su cantera.
Su carrera traspasó fronteras y quedó certificado con el premio de los premios de la música: un «Grammy» estadounidense que logró al lado de los «Chieftains» con el álbum «Santiago». Suma en su vitrina además el primer trofeo «Macallan» para Asturias. Se trata del galardón que concede el festival de Lorient (Francia), el más prestigioso de la música del sonido celta universal. Además recientemente fue distinguido con el «AMAS» honorífico -los galardones musicales de Asturias- por toda una carrera.
Este gran instrumentista, nacido El Mazucu (LLanes), se acercó a la música tradicional por influencia de su familia y a través de la investigación para grupos folklóricos: «Urogallos», «Raigañu» y «Andecha Folklor d' Uviéu».
Xuacu Amieva, que añade a su manejo de la gaita una fina técnica en la flauta, el rabel y la zanfona, nunca se conformó con la función estrictamente musical. De ahí sus grandes trabajos de campo y el reparto de sus enseñanzas entre las nuevas generaciones.
Fue uno de los primeros en ponerse en guardia al ver desaparecer a los veteranos gaiteros que conservaban el instrumento asturiano. Por ello creó en 1980 la primera Escuela de Música Tradicional, germen posterior del nacimiento de bandas de gaitas como la de los «LLumerinos» y «Naranco», sus dos primeras apuestas en este sentido.
A pesar del paso tiempo nunca dejó de buscar en la tradición, una actividad que practica en todas sus dimensiones. Así, a mediados de los noventa comenzó a colaborar con el Mercau Astur. Para ello ofrece conciertos en los distintos lugares de la geografía asturiana en donde se va realizando. Se trata, en resumen, de una carrera apasionante como músico, pero agrandada por su labor pedagógica y de investigación.