Si por algo se caracteriza Álvaro Cuervo, carreñense, catedrático de Economía de la Empresa y consejero de grandes empresas de la península Ibérica, es por la claridad de sus ideas, que no se acomodan a los lugares comunes del pensamiento asturiano políticamente correcto, y por una trayectoria docente que ha creado una importante escuela en España. Sostuvo Cuervo recientemente en Gijón que las grandes inversiones en infraestructuras no contribuyen a aumentar el potencial de crecimiento económico de Asturias y su discurso alteró el sosiego del verano asturiano.
Lo que la región necesita ahora, defiende, son «menos normas y más mercado». Es decir, que el papel de las instituciones no debe centrarse en regular, intervenir o señalar lo que hay que hacer, sino en propiciar que las empresas actuales sean más competitivas y que crezcan nuevos empresarios.
La contundencia de la exposición (los lectores encontrarán hoy en la sección de Economía de este periódico un amplio resumen de la conferencia) ha hecho saltar los muelles de los agentes sociales asturianos en una infrecuente muestra de unanimidad. Han cerrado filas, aunque cada uno de ellos con significativos matices.
El Principado cree, como Cuervo, que hay que renovar el tejido económico asturiano, pero razona que El Musel o la Variante son piezas imprescindibles para propiciarlo. El PP toma las palabras del profesor como «una reflexión académica honesta», pero defiende las infraestructuras «como medio necesario para conseguir un fin». IU se despacha a gusto contra todo lo que huela a liberalismo, pero comparte con el catedrático que no hay razones para el triunfalismo y el optimismo sobre la economía regional: la foto oficial que se quiere mostrar de Asturias no se corresponde con la realidad. La patronal defiende que se pongan en marcha grandes construcciones, pero considera que existe una falta de criterio del Gobierno regional a la hora de establecer prioridades.
Otro economista asturiano, Manuel Villa Cellino, advierte, desde hace tiempo, de que el gran problema de Asturias «es que no estimula a las personas a competir y a ser diferentes. Suele ocurrir lo mismo en todos los lugares pequeños». LA NUEVA ESPAÑA ha puesto en marcha hace menos de un mes, en su edición digital, una iniciativa para que los emigrantes puedan reflexionar sobre su tierra. El proyecto ha tenido un éxito desbordante y la mayor parte de las personas a las que ya se les ha dado voz coinciden en señalar que lo que Asturias necesita es probar otras cosas, imbuirse de la diversidad del mundo. Bajo esta doble óptica deben de valorarse las palabras de Cuervo: porque son diferentes, porque son originales y porque aportan un enfoque estimulante.
Asturias debe de ser una región abierta a escuchar opiniones y criterios que se salgan del discurso convencional. De la diversidad siempre nacen las mejores soluciones. Máxime cuando tampoco está claro que aquí se tenga una idea atinada de cómo resolver los problemas. Cerrarse en banda a todo planteamiento discordante, como cuando una manada de caballos hace corro para defenderse del ataque de los lobos, no es la mejor actitud con la que encarar las dificultades.
En tiempos de bonanza para todos, Asturias ha maquillado algunos de sus indicadores. Avanzó, sí, pero eso no quiere decir que haya reducido su desventaja económica con el resto de las regiones, pues sigue a la cola de España. Ahora llega una crisis de gran magnitud, cuya profundidad aún desconocemos. Probablemente Asturias resistirá el impacto mejor que otras comunidades, pero no porque haya puesto unos sólidos cimientos para transformar su economía, sino porque parte de tan abajo que la caída necesariamente ha de ser más pequeña.
El discurso de Cuervo tiene sin duda connotaciones provocadoras. Asturias no puede renunciar a las mismas condiciones de bienestar de las que ya disfrutan otros lugares, muchas derivadas del avance de las infraestructuras. Pero, sobre todo, tiene que conseguir una economía productiva que nos haga competitivos en el exterior, que promocione la apertura a nuevos mercados y, en fin, que apueste por la innovación. Innovar no es sólo mantener a señores en un laboratorio sino transformar su esfuerzo en productos, servicios o cambios concretos que mejoren la sociedad y la empresa. De otra manera, la investigación es inútil. En estas asignaturas, que deben de convertirse en el desiderátum de los asturianos, suspende ahora la economía de la región.
Lo más fértil de este debate es que pone de manifiesto el riesgo que corre Asturias si se cierra o se complace. Como el mismo Cuervo afirma, «la crisis nos ofrece una gran oportunidad para cuestionar muchas cosas y reinventar el futuro». De lo contrario, si persisten los errores del pasado, tarde o temprano «tendremos una nueva desilusión». Esa es la verdadera lección de su mensaje: Asturias debe de convertir un problema, la recesión económica, en la gran oportunidad para transformar de una vez su economía y ganar cuota de mercado exterior. No esta nada mal para empezar.