CARMEN RUIZ-TILVE
Estábamos muy contentos los ovetenses con nuestra propia historia, nacida a fecha fija y vivida a través de un largo tiempo abierto al futuro. La ciudad aparecía así fundada en el siglo VIII por Máximo y Fromestano, a los que imaginamos construyendo una capilla de madera en honor a San Vicente y alternando la tarea, con sus compañeros, con el roturado de los campos, haciendo de labor lo que hasta entonces había sido boscoso.
Un descubrimiento fortuito, como ocurre tantas veces, viene a descolocarnos. Historiadores y arqueólogos tienen ahora la palabra sobre la interpretación de lo anterior, desde que una fuente, claramente urbana, acaba de ser fechada por la técnica, muy exacta y fiable ahora, alrededor del siglo IV, lo que nos lleva a un pasado romano, ni mucho menos inverosímil en el epicentro de la Asturias romanizada.
Sin ser historiadora ni arqueóloga, a la luz de la filología, que me hace «amante de la sabiduría», espero con curiosidad y emoción las interpretaciones de los expertos, que haberlos haylos, y todo lo que va a venir de revisión no sólo de las fuentes de agua, sino también de las documentales.
Lo que escribíamos sobre este tema, aquí mismo, el 18 de julio entroncaba el hallazgo con el reinado de Alfonso II, como suposición verosímil que pierde ahora significado. Hablábamos entonces de la técnica romana del encañado de las primeras aguas de Oviedo. Romana, y tan romana?