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Abamia y el monte Vindio De la orografía, la toponimia y las fuentes documentales se deduce que Abamia pudo ser, en las guerras cántabras, una torre vigía en el cerco del monte Vindio

 
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JUAN F. CASERO LAMBÁS El cueto de Abamia sigue esperando en el silencio de los siglos que Asturias desvele su misterio, para lo que hay que recurrir a una interpretación sistemática de la historia, de la geografía y de la arqueología. Al malograrse la investigación arqueológica de 2006, con ayuda de la Asociación Abamia he iniciado un estudio sistemático de fuentes documentales a la luz de la geografía local. Abamia -llamada en la Edad Media, «Velanio», «Velamnio», «Velamio» y probablemente «Abelania»- está a 800 metros en línea recta de Corao, lugar de origen durante siglos de más de 20 estelas vadinienses en latín de los siglos II a IV d. C. que prueban su romanización (Morales, «Viaje», 1572). Pelayo fue sepultado «in ecclesia sancte Eolalie de Velamnio» según la crónica «Ad Sebastianum» de Alfonso III el Magno, en la versión del códice ovetense. «Velanio» o «Velamio» deriva del latín «vigilarium», como «velar» de «vigilare». (DRAE y Corominas). Un «vigilarium» (o «specula») era en Roma una torre o castro militar de vigilancia, como el de Westerton, Escocia (Hanson y Friel, 1995) o el reconstruido en Vechten, Utrecht. Cuetu Abamia es una altiva atalaya natural que domina el valle del Güeña y su hipotética función como vigía romana habría de estar en relación con su papel en las guerras cántabras.

El monte Vindio. Para González Echegaray (1999), que sigue en parte a Schulten, la cordillera Cantábrica, y en ella los Picos de Europa, son el enigmático monte Vindio de la gran batalla de la campaña de Augusto (26-24 a. C.) en las guerras cántabras (29-19 a. C.). Se basa en la «Geografía» de Ptolomeo (siglo II d. C.), que asigna al Vindius la longitud 9º-11º30' propia de la cordillera Cantábrica (125 millas náuticas). Antes Eutimio Martino (1982) situó el Vindio en Peña Santa, Ronald Syme (1970) en Velilla de Guardo y David Magie (1920) en Peña Labra. Según Floro («Epítome» 2,33,1) el Vindio era «tan alto que los cántabros creían que antes llegarían allí las olas del océano que las armas de Roma» («quo maria prius Oceani quam arma romana ascensura esse crediderant»), lo que exige situarlo en el punto más alto de la Cordillera, cerca del mar. «Vindius» romaniza la raíz celta «vind» (blanco) (Martino y Ramírez Sádaba). En la Cordillera, los Picos de Europa son los montes más altos, calizos, nevados y próximos al mar. Sin embargo, el Vindius, según Paulo Orosio («Adv. Paganos» 6,21,5) fue cercado y los sitiados murieron por hambre («ubi obsidionis fame ad extremum paene consumpti sunt»), lo que suscita dudas de que los Picos de Europa, por su tamaño, pudieran haber sido objeto de asedio mediante un foso como el de 15 millas con el que Cayo Furnio sitió al monte Medulio en la misma guerra. Pero el asedio es posible. He recorrido en un año las vías romanas del oriente astur y se puede formular la hipótesis de que el macizo occidental-central de los Picos de Europa, en vez de por un foso estático, fue sitiado por un cerco móvil de infantería -«efferam gentem ritum ferarum quasi quadam cogebat indagine», «(Augusto) asediaba a gente salvaje con un cerco al modo de fieras», dice Floro-, utilizando vías romanas de montaña, construidas con fin bélico por una gran fuerza de trabajo adiestrada. Augusto, del total de 28 legiones de Roma desplegó en España siete legiones (Schulten, 1962) -según Peralta, nueve-, de 6.200 hombres. En total, con auxiliares, 80.000 hombres (Roldán Hervás, 1996), fuerza capaz de construir en un año, entre 26 y otoño de 25 a. C.,120 km de vías enlosadas de 2 metros de ancho en torno al macizo, una red no construida en tres siglos para las minas de oro del occidente astur. Las más enigmáticas calzadas romanas de los Picos de Europa son inexplicables sin un origen bélico y sólo pudieron ser construidas por la ingente fuerza militar movilizada en las guerras cántabras, en las que los intereses estratégico-políticos de Roma justificaban el desorbitado empeño de su construcción.

La calzada romana del Caoro a Corao. Al norte y este del macizo occidental-central, de Arenas de Cabrales parte la magna calzada romana de 15 km hoy llamada del Caoro, que conserva en Portudera 3 km continuos de enlosado. A través de Monte Caoro, Tielve y Sotres llega a Áliva, en Castillo de la Llomba (del latín «castellum»), en el Campo Mayor («campus maior») situado junto al Campo Menor («campus minor»), con una altura de 1.487 metros sobre el nivel del mar (msnm), en dos mesetas dominantes sobre el río Duje aptas para «castra» romanos. «Caoro» y «Corao» derivan del latín «Caurus»,viento del noroeste. Junto a Corao en Cangas está el pueblo de La Estrada y la vía romana desde Mestas de Con por Soto del Ensertal llegaba a Intriago y allí se dividía: a Corao, al Oeste, y al Priena, por Teleña, al Sur.

Como afirma Carmen Fernández Ochoa, la vía del Caoro -por la línea de los ríos Casaño, Güeña y Piloña- seguía a «Lucus Asturum» (Lugo de Llanera). La vía del «Caurus» llegaba a Corao (Cangas) desde el monte Caoro (Cabrales) -al que Sánchez de Albornoz y Constantino Cabal llaman por metátesis «puerto de Corao» camino de Tielve-, naciendo en Pido y Espinama en Cantabria (46 km) y cerrando el valle del río Duje y del Nevandi, el puerto de Áliva y Poncebos, únicas salidas al este y norte del macizo central.

Las calzadas del Priena. Al Noroeste, en el valle del río Reinazo, junto a Covadonga, está la segunda entrada a los Picos de Europa, la subida a Enol. Su cierre explica las calzadas romanas del Priena. La de Llerices (derivado del latín «glarea», llera o cantorral y del adjetivo «glareiceus», cantoso) se iniciaba en Intriago (de «intratus», entrada), seguía a Teleña, hubo de llegar al actual Repelao desde Llerices dada su pendiente y dirección en el punto más angosto del desfiladero del Reinazo y tuvo que ser utilizada en 722 en la batalla de Covadonga para cortar el desfiladero desde Corao (6 km). Subsisten de Llerices a Andoreño 600 metros de vía romana ignorada a 504 msnm con pendiente del 20% y un ancho idéntico a la del Caoro. De Teleña otra vía romana, destruida en 2004, llegaba a La Flecha (729 msnm), en la subida a la Vega de Comeya y Enol, de cuyo trazado es una parte la senda Frassinelli o del Molledo (6 km). Ambas vías hacen tenaza sobre la ruta a Enol y el Güeña. En la línea de aguas vertientes del Priena los topónimos Cuetu y Colláu Castiellu,en Andoreño, denotan un antiguo castro o «castellum». En la cara sur del Priena la senda a Cuartes (de «quartus») y Sotebes (de «subtus», abajo) domina desde lo alto a media ladera el fondo de saco de Covadonga y la subida a Enol, por su extrema pendiente con obvio fin militar.

El camino de Amieva, la senda del Arcediano y la garganta del Cares. Al norte y oeste del macizo, Narciandi (probablemente del latín «marciandi», quedar exhausto) y Cardes (de «cardo», calle o eje de un «castrum») son topónimos latinos. Al Oeste, desde Cangas al puerto de Pontón (34 km), el macizo occidental se cierra por el valle del Sella y el desfiladero de Los Beyos con la vía romana luego llamada camino real de Amieva y en el siglo XVII, -desde Cueto Angón-, senda del Arcediano, que conserva los topónimos latinos «vis» (en latín, «fuerza»), «Pervis» («per vis») y con estructura de participio pasivo de futuro o de sustantivo en genitivo, «Precendi» (de «prensandi», apoderarse), «Camporriondi», (de «campus rotandi», campo para dar la vuelta), «Llerimundi» («glareae mundi», de «glarea» y «mundus»: cantorral limpio) y «Comundi» (de «commeandi», ir arriba y abajo). La morfología de «Camporriondi» sugiere que el genitivo podía ir precedido del sustantivo «campus», resultando «campus marciandi», «campus vis», «campus prensandi», «campus glareae mundi» o «campus commeandi». En Oseja, de Puente del Bao (de «vadum», vado) sobre el río Pontigos a Los Trabanzos subsisten 500 metros de vía romana, hoy «Camino de la Pedrera» al Pontón.

Al Sur, la única salida del macizo es la garganta del Cares, que se cierra por el Pontón (del latín «pons», puente), Caldevilla (de «caput villae», cima de villa), Soto (de «saltus», paso), Posada de Valdeón (de «pausata», parada), Prada (de «prata», fundo anejo a un «castrum»), por el collado de Valdeón en Peña Remoña, Campudaves, (derivado de «campus dapis», campo del ágape sacrificial, «daps-dapis», que se solía dedicar a Júpiter Dapal con carne de buey y vino, descrito en el siglo II a. C. por Catón el Viejo en «De re rustica», 132), terminando la senda en Pido (de «peto», atacar) (23 km). Todos los «campi» son mesetas dominantes aptas para la acampada según la táctica romana, en un anillo cerrado en torno al macizo occidental y central de los Picos de Europa.

En ese cerco, Abamia se sitúa en la cara norte del Priena junto a Cuetu Castiellu en Andoreño y a la vía romana de Teleña a Llerices que domina el Güeña al Norte y el Reinazo al sur del Priena. De la orografía, la toponimia y las fuentes documentales se deduce que Abamia pudo ser en las guerras cántabras una torre vigía en el cerco del Monte Vindio, hipótesis que se refuerza con el hallazgo en 2006 por Sergio Ríos de tégulas romanas en el subsuelo del contiguo templo, hoy pendiente de restauración definitiva tras las erróneas actuaciones de Magín Berenguer (1977) y el Principado de Asturias (2006).

Juan F. Casero Lambás. Presidente de la comisión de patrimonio de la Asociación Cultural Abamia.

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