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Arte 

Vigor abstracto de Tomás Vaquero

Josefina Junco aborda el paisaje urbano.
Olaya Pazos en la Fundación Alvargonzález.

 05:08  
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JOSÉ A. SAMANIEGO Tomás Vaquero. Van Dyck sala de arte. C/ Menéndez Valdés, 21. Del 26 de septiembre al 19 de octubre. Gijón, 2008.

El conjunto de esta exposición en Van Dyck de Tomás Vaquero asciende a 44 obras. Tanto la simple cantidad como el tamaño de los cuadros, ya impresiona. Porque hay diez tablas de 30x30 cm., pero el resto se acoge al formato grande de 2x2m. con incursiones en cuadrados de 1,50 m. o de 1 m. de lado. Estamos ante un pintor de raza, alguien que confía en sí mismo y da rienda suelta a su intuición, a sus percepciones. El tamaño no le arredra, antes le sirve de estímulo y desafío. Un tamaño necesario para lograr expresar lo que siente.

Si ante estos cuadros nos paramos a pensar cómo trabaja, enseguida nos hablan las evidencias materiales. Tenemos un lienzo fino, desprovisto de trama notoria o acusada, como si el pintor quisiera no conceder protagonismo alguno a nada que no sea la pincelada pura y dura. Tenemos también unas brochas muy largas, como rodillos de pintor de brocha gorda. Se deslizan sobre la tela mediante un gesto rápido y definido, a medio camino de la consciencia. Y en ese deslizarse se superponen a veces a colores o pinceladas anteriores, fraguan veladuras o remansan grumos espesos, que requieren la posición horizontal del cuadro para no desbordar y producir deslizamientos o chorreos, hasta que secan. O sea, que a veces el pintor posa la tela en el suelo y pinta desde arriba o por encima. Y que el acrílico se requiere para un secado más rápido. No podemos imaginar que estos cuadros puedan ser planificados minuciosamente, que pueda haber bocetos previos, si no se trata de apuntes con rasgos geométricos tan sencillas que resultarían casi incomprensibles a los ojos del profano.

En cuanto a las gamas de color, Tomás Vaquero explora el contraste de blanco y negro.

Trabaja mucho el azul y el blanco. Y de vez en cuando toca el naranja del fuego y del sol. Produce esta obra una impresión recia. Imaginamos procesos tanto microscópicos como siderales. Lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño se dan cita conjunta, la masa y la velocidad, el átomo y la galaxia.

El reflejo de una nueva visión del mundo hace posible esta pintura.

Josefina Junco. «Espejo de miradas». Cornión. Galería de Arte. C/ La Merced, 45. Del 3 de octubre al 1 de noviembre. Gijón, 2008.

Ha dado Josefina Junco (Arriondas, 1949) un salto importante en su carrera artística al abordar el paisaje urbano. Es verdad que en obras anteriores aparecían alguna vez caseríos o construcciones diseminadas a lo largo de un camino, núcleos rurales de precisas referencias biográficas. Pero ahora la pintora ha llevado a primer plano esos elementos en la ciudad. Dos pequeños cuadros de la antigua rula gijonesa, construidos con bloques de colores a modo de juego arquitectónico, funcionan como una declaración de principios e intenciones. El color que aplicaba a las flores, a los árboles y a los pájaros, va a vestir la ciudad, una ciudad compuesta con las gafas de la más sencilla geometría. Y ello no significa que la naturaleza haya sido postergada, antes bien, se integra y da vida a la ciudad, como esas palmeras que compiten en altura con el «rascacielos del serrucho» en la antigua plaza de la Barquera.

Ha sucedido esta novedad en el presente año 2008. Y se pueden seguir los pasos en esta exposición. Hay cuadros como «Arce en la avenida de Castilla» o «Vuelo migratorio. Homenaje a R. J.» en que el protagonista sigue siendo la naturaleza, por más que al fondo aparezcan esquemas cúbicos de edificios urbanos. (Por cierto que el homenaje es a su padre, Ramón Junco, recientemente fallecido. Y la alusión al «exitus» o salida de este mundo, queda reflejado el vuelo migratorio del ave, tantas veces símbolo del alma en nuestra cultura).

Son cuadros que cantan su melodía poética. Fondos de color plano, a veces tocados de nubes insinuadas. Geometría sencilla a la manera naïf. Y juegos de ejecución muy sutiles, como el color o el dibujo que se difuminan en la distancia, como se aprecia con toda claridad en las hojas y en el tejado de «Kaki en Taborneda».

Hay que felicitar a la autora por este importante paso en su carrera artística.

Olaya Pazos: «Ser y sentir». Fundación Alvargonzález. C/ Óscar Olavarría, 11. Del 3 al 17 de octubre. Lunes a viernes de 12 a 13,30 h. y de 18 a 20,30 h. Sábados mañana. Cimadevilla. Gijón.

Olaya Pazos Pérez (Gijón, 1978) es licenciada en Comunicación Audiovisual y licenciada en Publicidad. Ha realizado cursos de fotografía, creatividad y grabado, algunos bajo la dirección de maestros como Antonio López, Carlos Franco, Rafael navarro y nacho Criado.

Presenta Olaya 18 obras: un dibujo, tres grabados y el resto a técnica mixta sobre lienzo. Escoge la autora un lienzo suave y prieto, absorbente como el papel, tan liso que le permite precisar el dibujo sin que se noten saltos de tejido o tropiezos de la plumilla

Se trata de dibujos íntimos, que muestran estados de ánimo de una mujer muy joven, casi una adolescente que no ha olvidado algunos de sus momentos de niña. Sólo una vez y como excepción, aparece un personaje masculino, el instante en que la niña recuerda a su padre, jugando sobre la hierba.

Desde los juegos de niña, desde las inmersiones en el agua de las aventuras, la muchacha crece y sueña y se sumerge en el mundo de las emociones. Al final la vemos convertida en una mujer, que espera en algún cuarto perdido entre los rascacielos de la gran ciudad. Esta vez ya no se trata de aventuras soñadas, sino de realidades puras y duras, como si la autora hubiera pasado de ilustrar algún relato literario ajeno a pintar pasajes de su diario.

Un dibujo fluyente, esbozado con línea de carbón grueso y terminado a tinta china. Curvas de mujer, pelo de algas, ropajes vaporosos, movimientos acusados, composiciones diagonales. Como movidos y fluyentes son el medio acuático y el aire en que se sumerge el personaje único, el yo de la muchacha. Los títulos son indicativos: «Sueño», «Instante», «Nostálgica», «Mirada», «Espera»? Olaya Pazos combina el dibujo con el fondo, hasta lograr una fusión de elementos que se potencian mutuamente. Y su obra trasmite con sencillez, llega al sentimiento de la gente. Ha iniciado un camino que va del dibujo a la pintura, como se aprecia en los tres pequeños grabados.

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