No hay mejor forma de ejercitar la mente que tenerla siempre ocupada. Y así es como está la cabeza del publicista Vicente Fernández, en continua creación. Su última idea es tan genial como divertida y viendo el jolgorio que se arremolinó alrededor de las mesas de casino diseñadas por él y su equipo, no hace falta mucha explicación más.
La reunión -que comenzó con un vapuleo de lo más desagradable e inexplicable al taxi que tuvo la deferencia de subir a la que suscribe a La Quinta del Infanzón, y si no lo digo reviento-, tuvo como disculpa el mostrar a sus más fieles seguidores una forma diferente de presentar todo tipo de productos (vino, licores, dulces, chocolates, quesos...). En esta ocasión las mesas de casino, con fichas incluidas, proponían adivinar diferentes sabores y esencias.
Mientras que en una se jugaba una los dineros, por supuesto ficticios, acertando si los vinos servidos en una copa negra eran blancos, rosados o tintos, en otra se ponía a prueba el buen olfato.
Al final se consiguió con creces el objetivo, que no era otro que presentar de forma diferente un producto. Ganar lo que se dice ganar, nadie lo hizo, pero los aplausos y el buen hacer de los crupieres recordarán la agradable velada al más puro estilo de Las Vegas gijonesas. Que se echen a temblar los habitantes de Los Monegros y su proyecto de casinos. Y por cierto, por si los aragoneses están pensando en inaugurar esa gran ciudad del juego a lo grande y de una manera diferente, les propongo desde aquí contratar a «Las Fellini». Las transformistas, o como ellas se definen «transtornistas», armaron la gorda en el salón de actos del Antiguo Instituto. Su actuación cerró las jornadas «Maneres de vivir» organizadas por «Les otres cares del planeta», centradas en la diversidad sexual y la pluralidad de las formas de convivencia. Allí Nenita Danger, -Kepa en estado normal-; Nagore Gore -o lo que es lo mismo, Óskar- y Kaprichossi -Jaime para los amigos más íntimos- escenificaron su cabaret cómico e inigualable. Y como divas divinísimas que son, recordaron, en riguroso playback, algunos temas de los más conocidos grupos. Los aplausos fueron arrolladores aunque se echaron en falta algunas imitaciones sublimes como la que suelen dedicar a Isabel Pantoja, con o sin madre incluida.