Real Madrid 4
Málaga 3
Real Madrid: Casillas; Sergio Ramos, Cannavaro, Heinze, Marcelo; Gago, Guti; Sneijder, Van der Vaart (Diarra, min 85), Drenthe (Saviola, min 72) e Higuaín.
Málaga: Arnau; J. Gámez, Weligton, H. Rosario, Calleja; Eliseu (Nacho, min 62), Miguel Ángel (Fernando, min 80), Apoño, Duda; Baha y Adrián (Luque, min 81).
Goles: 0-1, min 5: Eliseu aprovecha un rechace del poste tras una jugada personal y marca a placer. 1-1, min 8: Higuaín aprovecha un rechace de Arnau a disparo de Marcelo y empuja sin oposición. 1-2, min 17: Baha empalma dentro del área una asistencia de Duda. 2-2, min 36: Higuaín, de penalti. 2-3, min 69: Apoño, de penalti. 3-3, min 70, Higuaín, de chut lejano y raso. 4-3, min 78: Higuaín, de penalti.
Árbitro: Iturralde González, del Comité Vasco. Expulsó a Sergio Ramos por pisotón a un contrario (min 43). Amonestó a los locales Heinze, Higuaín y Gago y a los visitantes J. Gámez, Duda y Weligton.
Incidencias: Partido correspondiente a la décima jornada de Liga, disputado en el Santiago Bernabeu, ante 70.000 espectadores.
Miguel L. SERRANO
Descoloca ver un partido del Madrid porque da la sensación de que puede pasar de todo, para bien y para mal. Ayer se dirimió en el Bernabeu un encuentro de locos que le vino a un Madrid desorganizado como anillo al dedo. Estaba Higuaín para tranquilizar al personal, pero los rumores de tragedia sobrevolaron Chamartín en una noche de altas pulsaciones. El Pipita anotó cuatro goles por primera vez en su historia para rescatar a un Madrid mermado por la responsabilidad, que manifestó nuevamente que se mueve por impulsos a base de empuje y de fe. El Málaga pecó de ingenuo y se arrugó cuando el rival se quedó con diez, por expulsión de Sergio Ramos, antes del descanso.
A falta de delanteros, Schuster sentó a Raúl y dio la alternativa a los jugones que le quedan. Ausentes Robben y Van Nistelrooy, Gago, Guti, Sneijder, Van der Vaart y Drenthe se repartieron la parcela central con más anarquía que otra cosa, mientras que Higuaín, única referencia en ataque, esperaba, por fin, en su sitio lo que le llegase, que, en teoría, debía ser mucho y bueno.
Pero no. A este Madrid le cuesta horrores elaborar. Domina, pero no intimida, y el único plan del que se sirve para intentar asustar está en las botas de sus cañoneros, léase Sneijder y Van der Vaart. Ésa, la del chut lejano, se adivina ahora como la única premisa más o menos fiable para llegar al gol. Poco, poquísimo bagaje para un equipo al que le pesa la responsabilidad. Quizá no esté para jugar bonito, porque ni tiene especialistas en la materia, ni su estilo de juego, uno de tantos, está definido para tal, pero Schuster está obligado a activar un plan de emergencia, si quiere vivir en paz.
Ayer, el partido lo rompió el Madrid desde el primer minuto. Al descontrol que se le presupone en ataque, se sumó la defensa, que rápidamente comenzó a dar síntomas de nerviosismo cuando se le exigía tocar con sentido y comenzar la jugada. Torpes en ese menester y con un Málaga ordenado y táctico, la zaga blanca no tardó cinco minutos en mostrar flaqueza en su tarea principal: defender. Eliseu se coló por la derecha para culminar con suerte el slalom de su vida. La desorganización que mostró la jugada, de liviandad en Marcelo y Heinze, desacomplejó a los visitantes y el partido tornó en lo más parecido a una pachanga, con una sucesión de jugadas de ida y vuelta que se prolongó los noventa minutos.
Poco tardó Higuaín en empatar (minuto 8) con otra carambola. Esta vez, el Pipita se aprovechó de un rechace de Arnau a tiro de Marcelo. Los blancos respiraron y, como ante la Juve, cargaron todo su juego por la izquierda, donde Drenthe desbordaba sin peligro. Sneijder y Van der Vaart probaron desde lejos, sin fortuna, antes de que el Málaga volviera a desenmascarar la falta de intensidad de los locales. Duda se plantó en la frontal y asistió con finura para que Baha empalmara a la red. Revés para los de Schuster, que seguían a lo suyo: encimar a base de zapatazos lejanos, acular al rival empujando, sin fútbol. En una de éstas, Weligton sacó a pasear la mano para interceptar un pase de Guti. Penalti que transformó Higuaín: 2-2. Aquel lío de partido demandaba una pausa, pero Sergio Ramos decidió irse antes. El lateral, para echar más leña al fuego, se autoexpulsó tras propinar un pisotón en el pecho a Eliseu.
Con un rival en inferioridad, el Málaga volvió de los vestuarios demasiado conservador y lo pagó. Se llegó a adelantar con un tanto de Apoño de penalti, pero ni con ésas. El Madrid, por orgullo, por amor propio, empató al minuto con un disparo seco de Higuaín. Ahí se supo que los locales se llevarían el partido. Un par de llegadas de Van der Vaart precedieron al éxtasis. Y quién mejor para certificar la victoria que el argentino, que anotó un nuevo penalti para tirar de un equipo loco.