Gijón, L. NOSTI
«Señoras y señores, el Festival Internacional de Cine de Gijón les presenta a Barry Adamson». La cuadragésimo sexta edición del certamen cinematográfico por excelencia del Principado no podía haber escogido un arranque más propio y con mejor acogida. El músico británico fue el encargado de meter en calor a un teatro Jovellanos hasta la bandera que escuchó con entusiasmo un anticipo de la actuación que Adamson ofrecería unas horas más tarde en la sala Acapulco del Casino de Asturias.
Con una escenografía llamativa y marcada por un color rojo intenso, el escenario del teatro fue también reflejo de la calidez de los verdaderos protagonistas de la ceremonia inaugural que fueron, contra todo pronóstico, los miembros del jurado internacional, encabezados por la actriz española Malena Alterio, que hizo las delicias del respetable con una intervención sencilla, graciosa y muy natural, y el también actor español Alex Brendemühl.
También Lucrecia Martel, protagonista de una de las retrospectivas más ambiciosas del Festival, logró la simpatía del público asistente y provocó más de una carcajada. «En Latinoamérica este festival tiene fama de bravo, así que es un honor estar aquí. Además, van a pasar las tres películas que llevo hechas, con lo cual también me hacen mayor. Gracias. Aunque para que no se nos suba el copete a los latinos nos han puesto en el hotel Hernán Cortés. Gracias también por eso», bromeó la directora argentina.
El co-director de la película «Red Hollywood», Tom Andersen; el libanés Khalil Joreige, que salió al escenario sin su compañera Joana Hadjithomas y el también homenajeado Cameron Jamie también aprovecharon para agradecer públicamente al Festival su presencia en Asturias, mientras buscaban con cierta sorpresa y gesto divertido la procedencia de la voz en off que, entre bambalinas, traducía sus intervenciones en tiempo real.
Intervenciones que, en general, dieron ritmo y naturalidad a una gala en la que los invitados coparon casi toda la atención, eclipsando a una Estíbaliz Gabilondo que aportó juventud y ganas pero que no pudo competir con la empatía generada entre los protagonistas y el patio de butacas.
Y mientras en el Jovellanos se iba cociendo el ambiente propicio para afrontar diez días de cine por los cuatro costados, a las puertas del teatro varios centenares de manifestantes aprovechaban, como ya viene siendo costumbre, la importancia del certamen para hacer oír sus reivindicaciones. Custodiados por un impactante despliegue policial, la plataforma contra el muro de Cabueñes, los trabajadores de Naval Gijón, los vecinos de la zona rural y los afectados por la regasificadora de El Musel y la térmica de La Pereda, en Mieres, pusieron en evidencia su descontento y exigieron a las autoridades, representadas en la figura del presidente del Principado y la alcaldesa de Gijón, soluciones a sus demandas, si bien la protesta fue muy contenida y se desarrolló con absoluta tranquilidad, sin ningún incidente.