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«Sin el negocio de las palomitas, las salas de cine no podríamos subsistir»

«Asturias tiene uno de los mejores públicos de España; aquí es donde más películas se ven al año y donde más entiende el espectador»

 
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POR: MARIBEL LUGILDE ÁNGEL MARTÍN / DIRECTOR DE LA ZONA NOROESTE DE YELMO CINES

El cine es un negocio sufrido, pero engancha. Ésa es la impresión que transmite el asturiano Ángel Martín, director para la zona noroeste de Yelmo Cines, una de las grandes exhibidoras de cine de nuestro país. Su vida se reparte entre complejos de Cantabria, País Vasco y Asturias; en total, 53 pantallas, con dos de los tres Imax existentes en España, y en las que se exhiben al año casi 500 películas, «una cifra tremendamente elevada; el mercado demanda una reducción de títulos y, quizá, una mejor explotación de cada uno», asegura.

Dice que no le asusta la crisis, porque el sector la vive hace años, y que le preocupa más la falta de ideas que arrastra la producción. Sueña con sacudirse el lastre de la cuota de pantalla obligada para películas españolas y también el de las condiciones impuestas por las distribuidoras. «El indefenso», dice, «siempre es el exhibidor». Con todo, asegura que se divierte mucho en este trabajo y no precisamente mirando la pantalla. «Es que me permite hacer cosas muy variadas: negociar un convenio colectivo, diseñar una campaña de marketing, tratar con proveedores, abrir nuevas líneas de negocio, como la de proyectar ópera? una auténtica labor multidisciplinar».

-¿La crisis ha llegado al cine o nunca se ha ido de él?

-A nosotros no nos pilla de nuevos; el sector lleva al menos seis años en crisis, bajando los ingresos en todos los eslabones de la cadena. Ahora se venden más los juegos de las películas que las propias películas. Es la era del consumo juvenil, que está dando mucho dinero.

-¿Acabarán siendo las películas pretextos para comercializar juegos?

-Pues, para determinados juegos y segmentos de público, quizá. Las películas han sido pretextos para muchas cosas: pretexto político, social; para reconducir conductas y hábitos de la gente, incluso para comer patatas en España hace treinta años. Por eso las marcas publicitarias se han metido siempre en las películas; que ET bebiera Coca-Cola supuso mucho dinero... Hay quien dice que el cine va a desaparecer. Yo no lo creo, el cine es un evento social al que nunca se renunciará y ahora trata de adecuarse. Lo que sí creo es que hay una auténtica crisis de producto, eso me preocupa mucho más que la piratería.

-¿Cree que ya no se hace buen cine?

-Creo que ha habido un agotamiento de ideas muy grande, no sólo en el cine americano -con terceras y cuartas partes, y muchos remakes-, sino también en el español. Si se da cuenta, el 80 por ciento de las películas son de la Guerra Civil, la prostitución, droga, marginación... ¿eso quiere decir que el español es malo? No, pero como está subvencionado parece que todo vale. Para el público, no.

-¿Esto lo constata cuando exhibe la cuota obligada de películas españolas que le exige la ley?

-Así es. Tengo obligación legal de colocar un película española en cada cuatro que exhibo y eso es absolutamente contrario al mercado en el que estamos. Hay que dar al público lo que quiere, y si no piden cine español? Yo he tenido «gloriosas» películas españolas tres semanas en cartelera, cuatro pases diarios, en una sala de 250 espectadores, y entrar una persona. En Francia el cine no está protegido ni subvencionado y hay un gran consumo del cine nacional.

-¿Y no le parece que eso es el resultado de que el cine francés ha estado protegido y subvencionado en el pasado?

-Lleva más años protegido en España, y no ayuda. Eso es porque en Francia hacen cine que la gente quiere ver, y no hablo estrictamente de películas comerciales, hablo de filmes que interesan, que es distinto.

-La nueva ley del cine sustituye el número de días de exhibición de las películas españolas por el de pases. ¿Esto no les ha dado un respiro?

-No, es prácticamente igual, el perjuicio sigue ahí. Quede claro que nosotros queremos proyectar cine español; cuanto mejor le vaya, mejor nos irá a nosotros. De hecho, la experiencia del cine independiente de «Paladium» que pusimos en marcha en Oviedo funcionó muy bien. Lo cual demuestra que el público sabe lo que quiere.

-Por cierto, Oviedo es una de las ciudades más caras para ir al cine, ¿por qué cuesta tanto una entrada?

-Un descapotable de Mercedes no es igual que uno de Fiat. Lo mismo ocurre con el cine. No es lo mismo ver una película en una pantalla de 300 metros cuadrados, con un sonido de 12.000 vatios, en una cómoda butaca de 300 euros y en una sala limpia que en una pantalla de 60 metros donde tienes que retirar las chucherías del asiento antes de sentarte... El precio del cine puede parecer caro, pero sepa que nosotros ahora mismo con las entradas no ganamos dinero; entre los impuestos y lo que se llevan las distribuidoras, que puede ser hasta un 70 por ciento del precio de la entrada, imagínese. Es complicado amortizar, a euro y medio por entrada, un complejo de nueva generación, como los nuestros, que cuesta 18 millones de euros. Más bien es al revés, el cine en España es el más barato de toda Europa.

-¿Le deben ustedes la vida a las palomitas?

-Sinceramente, sin ese negocio no podríamos subsistir.

-¿Y bendice asimismo todo el merchandising que acompaña a las películas?

-Así es, nuestro negocio también está en vender muñecos, complementos?

-¿Por qué las distribuidoras también son las malas de esta película?

-Porque son las propietarias de las copias y deciden las que pones, cuándo y dónde las pones. Yo no puedo proyectar lo que quiero, tengo que negociarlo permanentemente: «Vale, te doy Harry Potter, pero tienes que poner estos tres «truños» que no soy capaz de colocar y, además, en salas buenas»...

-¿Y hay mucho «truño»?

-Mucho.

-Con todo lo que cuenta, la piratería parece un mal menor.

-Es indudable que la piratería está impactando de forma directa en la línea de flotación de los cines. La facilidad y la impunidad para descargarse películas de estreno el mismo día de su salida al mercado o incluso con anterioridad, hacen que quienes más frecuentan los cines, los adolescentes, dejen de ir a las salas. Hay que regular y perseguir con más interés este tipo de prácticas ilegales.

-Defina a los asturianos como espectadores de cine.

-Asturias es el lugar en el que más cine se ve y donde más se entiende. Es uno de los mejores públicos.

-Seguro que se podría hacer una película sólo con lo que ocurre en las butacas. ¿Qué anécdotas me podría contar?

-La sala Imax de Los Prados es un sistema de proyección con gran definición, así que el objetivo tiene dos ventiladores a todo trapo para eliminar motas de polvo, porque se marcan en la pantalla. Un día, hubo un problema con uno de los ventiladores y se veían dos motitas. Dos mujeres salieron escandalizadas de la sala porque decían que había murciélagos. Otra memorable fue también en Oviedo: encontramos una bolsa de plástico con los restos de un centollo que se habían comido durante la película.

Ángel Martín Vidal (Oviedo, 1972) estudió Ciencias Empresariales y Administración de Empresas en Oviedo y Santander. Fue gerente del Gijón Baloncesto en su etapa en ACB, director general de Arriba Noroeste, responsable de planificación de transporte de Tussa, y de desarrollo del área de calidad de Alsa Grupo. Desde 2002 es director de la zona noroeste de Yelmo Cines. Ha recibido el premio a la mejor gestión de marketing no convencional 2008, que otorga el Club de Marketing del Principado. Es ponente en acciones formativas de FADE, Escuela de Negocios de Asturias y Grupo FIDA. Su tiempo libre lo dedica «a mi familia, sobre todo a mis sobrinos Patricia y Dudi; a hacer deporte -que es un aspecto fundamental en mi vida- y a disfrutar de la compañía de mis amigos».

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