JULIO LAGO RODRÍGUEZ
Profesor de Economía Financiera de la Universidad de León
Mieres del Camino,
José A. ORDÓÑEZ
Julio Lago Rodríguez es profesor titular de Economía Financiera y Contabilidad de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de León. Sus informes sirven de base al movimiento de oposición a la línea de alta tensión Sama-Velilla y, además, ponen en tela de juicio la política energética que desarrolla el Ejecutivo de Areces.
-Ha estado, recientemente, en la Junta General del Principado para hablar sobre las iniciativas eléctricas del Principado y, más en concreto, sobre Sama-Velilla. ¿Cuáles son sus principales argumentos?
-El gobierno de Areces plantea un impulso de la economía asturiana amparado en producir electricidad de manera masiva, con los costes ambientales asociados, cuando la realidad del mercado es muy diferente. El anuncio de construcción de centrales de ciclo combinado, alimentadas por gas natural, resulta exagerado y contrario a toda lógica económica. Considérese que las previsiones apuntan a casi multiplicar por tres la actual capacidad de generación eléctrica del Principado. Todo ello en un contexto de sobreequipamiento eléctrico. No tiene sentido. La línea Sama-Velilla y otras similares que se programan responden a este deseo. Asturias ya exporta más del 30 por ciento de los kilovatios que produce. Sería más interesante que los esfuerzos políticos se orientaran a captar empresas que consumieran en Asturias semejante potencial eléctrico. Las cinco zonas del país con déficit eléctrico -Madrid, Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana y Cantabria- figuran entre las regiones con mayor nivel de bienestar del país. Son datos para la reflexión. Sería más sensato instalar la capacidad de generación eléctrica más cerca de los puntos de consumo. Lo recomiendan, entre otros, Victoriano Casajús, ex director general de Red Eléctrica de España (REE). Se evitarían construir costosas líneas de alta tensión, que terminamos pagando los ciudadanos vía tarifa eléctrica y los notables impactos ambientales ocasionados por este tipo de infraestructuras.
-Por tanto, la política energética del Gobierno del Principado con regasificadora, ciclos combinados y grandes infraestructuras de transporte eléctrico, no sería la más adecuada para el momento actual?
-La verdad es que no está ajustada a la realidad. Carece de racionalidad económica la pretensión de incorporar más capacidad de generación en un mercado eléctrico con síntomas claros de saturación. La planta regasificadora de Gijón se plantea en un escenario de no pleno aprovechamiento de las plantas regasificadoras ya existentes. ¿Qué sentido tiene programar otra más, que exige fuertes desembolsos, cuando las ya operativas arrojan niveles de utilización moderados? Por lógica económica, los sitios donde ya existe esta infraestructura serían los enclaves adecuados para construir, de ser necesario, más centrales térmicas alimentadas por gas natural. Estamos ante una política energética que parece no tener en cuenta la realidad del mercado eléctrico español. La planta regasificadora de Gijón y los consiguientes ciclos combinados se enmarcan en un escenario energético que se caracteriza por su sobrecapacidad. Apuntaría, por entender que es una situación muy aleccionadora, la grave crisis que hoy padece el ladrillo. Los efectos negativos que acarrea producir sin una verdadera necesidad. Se advirtió por diferentes expertos y organismos económicos sobre los riesgos de saturar la construcción de viviendas, no se hizo caso y las consecuencias están a la vista.
-¿Por qué se proyectan tantas centrales térmicas en Asturias si el objetivo fundamental debe de ser el ahorro de energía?
-Es una muestra más de la contradicción que supone la planificación energética diseñada por el Gobierno de Areces. Va en contra de la realidad del mercado eléctrico, caracterizado por un exceso de capacidad de generación, y en contra de uno de los objetivos -ahorro de energía- definidos en el plan energético nacional. Los planes de ahorro conllevan eliminar consumos superfluos de kilovatios lo que se traduce en una menor demanda eléctrica.
-Usted viene manifestando una constante oposición a la línea de alta tensión Sama-Velilla, ¿en qué se basa?
-Mi postura crítica a la línea Sama-Velilla se basa en haber estudiado con detalle la necesidad de un tendido eléctrico de estas características. El diagnóstico es claro. El sistema eléctrico español está entrando en un período de sobrecapacidad, de exceso de capacidad instalada para generar kilovatios. Existe, en la actualidad, holgura suficiente para atender el consumo eléctrico de empresas y hogares. Por otra parte, no es ajeno a esta postura crítica el enorme impacto ambiental que tiene semejante infraestructura energética. Implica instalar torres metálicas de 51 metros de altura, el equivalente a un edificio de 20 pisos, cada 500 metros a lo largo de 120 kilómetros. Más de 200 torres de unas dimensiones gigantescas. Una auténtica barbaridad.
-¿Es necesario el tendido eléctrico o hay alternativas?
-No es necesario. Además, quisiera apuntar que, a medio plazo, han de considerarse los avances tecnológicos que se desarrollan en materia de cables de distribución de energía eléctrica. En diciembre de 2007, investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad Autónoma de Barcelona presentaron este proyecto. A priori las ventajas del nuevo cable se presentan sumamente atractivas. Permite transportar cinco veces más de energía y reducir las emisiones de CO2 surgidas al producir electricidad.
-¿Está garantizado el suministro sin la construcción de esta autopista eléctrica?
-La garantía de suministro eléctrico ya es plenamente satisfactoria sin la línea Sama-Velilla. Según informes anuales de Red Eléctrica de España (REE), empresa promotora del tendido, la red de transporte ofrece una alta calidad de servicio, evaluada en función de la elevada disponibilidad de las instalaciones, que es del 98 por ciento, y de las reducidas interrupciones del suministro debidas a incidencias en dicha red. Resulta sumamente ilustrativo que el 17 de diciembre de 2007, día de máximo consumo eléctrico en la historia del país, REE informara que el sistema eléctrico funcionó con total normalidad, no registrándose ningún tipo de incidente.
-¿Corremos riesgos en Asturias de sufrir de apagones como los de Cataluña si no hay Sama-Velilla?
-En absoluto. Se está confundiendo a la opinión pública. El apagón ocurrido en Barcelona en el verano de 2007 no fue por falta de capacidad de generación. Joan Clos, ministro de Industria en el aquel momento, explicó en su comparecencia en la Comisión de Industria del Congreso de los Diputados, celebrada el 17 de octubre de 2007, véase el Diario de Sesiones, que dicho incidente fue provocado por la rotura de un cable, atribuida a una falta de mantenimiento del mismo, y por el incendio de la subestación de Collblanc, debido a razones de obsolescencia o envejecimiento de la misma. Por tanto, el apagón de Barcelona no surge porque no llegaran kilovatios a esta ciudad, sino por una grave falta de mantenimiento de las instalaciones que se emplean para distribuir la electricidad a empresas y hogares. Las verdaderas necesidades de inversión están en las líneas de media y baja tensión, y no en las de alta tensión.
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