Oviedo, Marcos PALICIO
Cuando llegó él, ellos ya eran «Discípulos de Salieri». Él es músico de formación clásica y ahora toca los teclados con ellos, un grupo heavy, o así, que tiene nombre de compositor de música culta, maestro de Beethoven y presunto rival de Mozart, y, pura casualidad, ahora también un teclista asturiano hecho en el conservatorio. Hasta aquí, hasta este punto donde se tocan dos músicas opuestas, ha llegado el asturiano Abelardo Fernández Bagüés en su más reciente «aventura» musical. Su banda es un quinteto de Getafe inclinado hacia el hard rock que acaba de editar su primer disco, «Identidad», distribuido por Warner. Su teclista, ovetense, de 37 años, profesor de Economía en un instituto de Rivas Vaciamadrid y en la Universidad Carlos III, ha llegado al heavy desde «el mundo clásico», pero con mucha música en el equipaje. «Desde chaval», aclara, «siempre me gustó el rock independiente, el rock progresivo y el heavy». Por eso en 2006 buscaba una banda, explica, y llegó hasta ésta del sur de Madrid una vez descartadas muchas «de veinteañeros». Probó y se quedó. La pasada primavera firmaron con Warner, metieron su idea del rock en «Identidad» -incluida una versión del gaitero Carlos Núñez y un homenaje al Getafe Club de Fútbol- y ahora se entregan a la promoción con varias «actuaciones buenas» en el calendario de enero y teloneando mientras a veteranos del ramo como «Saratoga» o «Barón Rojo».
La discografía del músico asturiano tiene ahora «Identidad» después de «Celtia», una incursión como compositor en la música celta. Con su procedencia clásica y ese recorrido posterior, la transición suena dura, pero a Abelardo el paso se le hizo «fácil y natural» además de servir para desmontarle un mito, ése que predica «la prevalencia del oído natural en el rock frente a la parte académica del mundo clásico». «No es así», le ha confirmado su experiencia. «La formación educa mucho el oído y cuando entras en un ámbito tan amateur como el del rock, te das cuenta de que aquí falta la educación que existe en el entorno de la música clásica». En su nueva vida, eso sí, se trabaja de forma distinta, «más interactiva». Sus partituras a veces sirven de poco en el local de ensayo de los «Discípulos de Salieri», pero a la vez enriquecen: «Precisamente por eso», apunta, «el teclado es muy especial en nuestra banda. Más que hacer sólo colchones, aporta también la parte rítmica».
Su presente es ese hard rock de «Discípulos de Salieri», pero en el largo recorrido musical de Fernández Bagüés está aquel pasado celta con el disco que compuso en 2003 junto a Fernando Allén -«Celtia, tierra de sueños»- y hay un futuro con «una vida paralela». Otra. Se trata de un proyecto «aún sin nombre y dirigido a una banda más indie» en el que cuenta con el apoyo de Juan Taboada -productor de «Celtia»- y del que ya tiene dos canciones, «Charming girl» y «flirting with a prince» (disponibles en www.ninyure.galeon.com/musica).
Él se ve sobre todo aquí, «más como compositor que como teclista», y sitúa su meta fundamental en «montar una banda de rock independiente. El objetivo es un grupo que toque mis temas», precisa, y no necesariamente con él permanentemente en el escenario. El porqué le remite a la teoría que enuncia con la certeza de que el compositor «debe resguardarse de sus propias composiciones». Tocándolas con reiteración, viene a resumir, «se autodestruye» por el peligro de repetirse inconscientemente.