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Foncalada de agua y sangre

Un investigador gallego asegura que la fuente ovetense pertenece a un conjunto de construcciones romanas utilizadas para ritos de iniciación

 
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Pablo GONZÁLEZ

Las teorías sobre el origen romano de Oviedo siguen ganando fuerza. La última tiene que ver con la fuente de Foncalada, que hasta el momento se inscribe dentro de los monumentos del Prerrománico (la única construcción civil que se conserva de la Monarquía asturiana, fechada en el siglo IX d. C.). Carlos Sánchez-Montaña (Lugo, 25 de marzo de 1959) es un arquitecto e investigador con un amplio currículum sobre la época romana que ha llegado a la conclusión de que Foncalada pertenece a un programa constructivo que se desarrolló en el noroeste de la Península (occidente de Asturias y León, Galicia y norte de Portugal). Así, la fuente ovetense pertenecería a la tipología de las denominadas «pedras formosas», edificios que florecieron entre los siglos I a. C y II d. C. en los alrededores de los castros y ciudades romanas, utilizados como saunas o para ritos iniciáticos vinculados al agua y la sangre.

«Foncalada presenta una estructura muy similar, aunque es algo mayor, que la «pedra formosa» de Ortigueira», explica Carlos Sánchez-Montaña. Esta estructura en piedra presenta una división interna muy clara: un ábside circular (donde iría el foso o el horno, según las versiones), una sala rectangular y una antesala. Algunos de estos monumentos también presentan un vestíbulo o recepción, «pero no todos», aclara Sánchez-Montaña.

La sala y la antesala estaban separadas por las «pedras formosas», una pieza vistosamente tallada, muchas veces con motivos cosmológicos, en la que había un pequeño agujero de entrada (ver gráfico adjunto). «El iniciado tenía que entrar arrastrándose como en una metáfora del nacimiento», apunta este experto. En el caso de Foncalada, según este investigador lucense, además de la «pedra formosa» se ha perdido la antesala. La sala correspondería a la zona por la que transcurre la conducción de agua que se conserva y el ábside estaría tras el templete o edículo por el que es mundialmente conocido el monumento. «El edículo es de clara tradición medieval», apunta Sánchez-Montaña. Es decir, la fuente, como otros muchos edificios de la época, habría sido modificado para inscribirlo dentro de la tradición cristiana.

¿Pero cuál era el uso de las «pedras formosas»? Según muchos investigadores, este tipo de edificaciones se utilizaban como baños de vapor. «En el ábside se encontraría el horno, donde se calentaban las piedras», cuenta el investigador. De ahí que el ábside se sitúe en la parte más alta, ya que estos edificios (también Foncalada) se construyen con una cota descendente para permitir la caída del agua.

Además, se documentan en zonas cercanas a las ciudades o castros. Esta cultura del agua tiene un origen sagrado. «Sobre todo, es en Portugal donde los investigadores han llegado a la conclusión de que eran lugares utilizados para la iniciación de jóvenes guerreros», asevera Sánchez-Montaña, que tiene una particular teoría relacionada con el rito del taurobolio (baño en sangre de toro del iniciado). «Es una costumbre mediterránea», dice. Según esta teoría, el iniciado se colocaría en la zona enterrada del ábside, y el toro se sacrificaría sobre él, bañándolo en sangre. El sistema de canalización de agua serviría, a su vez, para limpiar el edificio una vez finalizado el rito. «Es sólo una teoría», dice. Tras el baño saldría por el agujero de la «pedra formosa», en un acto de renacimiento, «de salida de esta piedra matricial», señala, y pone un ejemplo: «En el primer episodio de "Roma" se ve cómo era el rito». Los iniciados serían miembros de los castros de los alrededores, influenciados ya por la presencia romana, por lo que este tipo de edificación serviría de nexo de unión entre los nuevos pobladores (los romanos) y los indígenas. «El sincretismo señalaría que ya existía un rito parecido en la zona. No es raro, porque los celtas y otros muchos pueblos hacían algo similar», sentencia.

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