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Entrevista

«Los editores cargamos con la peor fama, pero arriesgamos más que nadie»

«¿Cuántos millones de personas han comprado "El código Da Vinci" y cuántos lo han leído?» l «La caída de lectores es espectacular, un agujero que pagaremos caro»

 
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Miquel Salarich. 

MIQUEL SALARICH TINO PERTIERRA Editor de Inédita, sello especializado en el género bélico

Miquel Salarich es un pionero dentro del mundo editorial español. Cuando se atrevió a crear la editorial Inédita, allá por 2003, no había ningún sello dedicado en exclusiva al género bélico. Hoy es una editorial joven pero sobradamente preparada, a la que han surgido incluso imitadores desde trincheras más poderosas, pero sin su empuje y personalidad. Licenciado en Derecho e Historia, Salarich procede de la distribución editorial y la dirección del área comercial para sellos como Salvat. No sólo lo sabe todo de «hazañas bélicas», también domina como pocos los secretos de las «hazañas editoriales» que se necesitan para sobrevivir en mares tormentosos y frente a grandes acorazados. Desde su puesto de mando habló con LA NUEVA ESPAÑA.

Futuro inmediato. «No va a haber un descenso de ventas espectacular, puede caer en torno al 4 o 5 por ciento, pero es un mazazo durísimo el hecho de que el sector de libros dependa tanto de créditos bancarios. Es uno de los sectores en los que el proceso de producción es muy largo, cuando empiezas a cobrar dinero estás en un momento en que todos los gastos derivados del libro ya los has pagado, y siempre hay una tensión de tesorería enorme. Vamos a depender demasiado del pagaré típico del distribuidor. Los bancos recortan las líneas de crédito o las anulan aunque tengas una economía saludable. Y te quedas con mucho compromiso de pago del distribuidor que no se puede reconvertir en dinero. Habrá editores que tengan dinero a 120 días vista, pero se les parará la maquinaria por no poder pagar al impresor de turno. Será un proceso sincopado, no tan fluido como hasta ahora. Al mismo tiempo, el bagaje del fondo editorial tiene cada vez menos peso en la facturación. Nosotros vivimos un proceso de cambio de distribuidor, lo que significa un parón en la llegada de pagos, en las liquidaciones, obligados a hablar con muchos impresores y demorar pagos. Te encuentras con el impresor grande que puede asumirlo si tienes relación fluida y aguanta, qué le vamos a hacer, se dirá, y es otro que no está para poner condiciones. O sea, que arrastras la crisis al impresor. De forma que es una crisis que se va traspasando. El distribuidor tiene la gran ventaja de que puede regular sus flujos financieros. El editor, cuando trabaja con un distribuidor que no es propio, espera la liquidación de cada mes, pero es una profesión de fe, tienes que creerte lo que te dicen. En una hipótesis de crisis, el distribuidor con problemas puede decirte: he vendido menos este mes, así gano treinta días y me hago con liquidez. Al librero le ha cobrado pero no le paga al editor de momento. No es que sean deshonestos, lo que hacen es trasladar la liquidación a un momento en que pueda afrontarlo mejor».

Fama. «El editor carga con la peor fama pero arriesga más que nadie: gastos de informática, de local, de personal... pero tiene un producto que si no lo vende te lo devuelven y tan anchos. El editor pone la pasta, pone el libro en la calle, pero si no se vende el librero te lo devuelve, y pasa a un almacén donde de cara a Hacienda es un bien con valor que realmente tras seis meses no tiene. A menos que al autor le den el Nobel o se muera y se haga famoso... Este es un sector de buenos y malos, pobre autor, pobre traductor machacado por el editor que lo explota... Claro, no se ve cuando te pasan una traducción que es una piltrafa, y quieren cobrarla. Llevas el coche al taller y si no te lo arreglan reclamas. Pero si te niegas a pagar una traducción pésima, te quedas más negro que el betún».

El marketing. «Hoy dominan las grandes centrales de compras, hace falta una estructura enorme. El grande es grande porque tiene una distribución propia y controla sus flujos y puede fabricar sus best sellers. Tiene una parte comercial propia que puede escuchar las directivas de la editorial y trasplantarlas al mercado. Yo puedo coger a la distribuidora y decirle: ésta es mi gran apuesta, se lo puede creer o no, pero como hay 143 editoriales que dicen lo mismo, te puede hacer caso o no. Los grandes booms se fabrican con un departamento comercial controlado por la editorial, con un departamento de marketing espectacular, importa poco la calidad del libro. Lo triste y patético de todo esto es que la calidad dentro del orden de prioridades es lo de menos».

¿Las pequeñas tienen futuro? «En este momento en el sector editorial, como las escuderías, el que tiene un motor potente se lleva todas la carreras, puede haber pequeños sellos que, con una estructura mínima, puedan sobrevivir, y con mucha suerte venden veinte mil ejemplares de un título y se les pone el cuentakilómetros a cero, limpias deudas, vives más tranquilo, pero sin un bombazo es complicado? Tienes un distribuidor que te hace caso según los éxitos que tienes, si le sacas un libro cada tres meses y vende sólo mil, no te hará ni puñetero caso, con una vorágine de miles de libros al año. Cada vez es más difícil hacerlo solito, te metes en gastos que necesitas para hacer presión comercial y que se venda más del libro, si te metes en tapa dura, es el caos garantizado. Luego te encuentras con la historia romántica de sellos como Nórdica, Periferica, Asteoride... tienen mucho glamour, reseñas positivas, pero poca venta en general. La critica no se nota, la verdad. Hace unos años, con una critica de un periódico tenías calculada el número de ventas, hoy en día se diluye más, y entra en juego la maquinaria grande. La clave no está en la reseña sino conseguir que en un espacio de tiempo corto salgan muchas reseñas en medios distintos. Es el efecto rodillo, abres el periódico y sale Camilleri por todas partes. Hoy en día importa poquísimo que sea bueno o mala. Que hablen del libro es lo que importa. Hay un efecto interno: el editor se muere por tener libros reseñados, cuanto más mejor, y el comercial las quiere para recortarlas y enseñarlas al librero».

Venta por internet. «Es un mito, como herramienta comercial vendo muy pocas cosas por internet, los costes de envío por correo son prohibitivos, si los españoles tienen librerías cerca, ¿cómo van a pagar siete euros más por libro?? Enviar un libro de veinte euros me ha costado ocho euros y medio el envío, casi el descuento del distribuidor, con el handicap del sobre, el papelito de correos, enviarlo tu mismo? Si tienes un volumen fuerte de venta y haces el viaje con siete paquetes te puede compensar, pero de lo contrario, no. Sé de amigos editores con el carrito de la compra virtual y no pasan de 120 euros al mes...»

Lectores. «La caída de lectores es un fenómeno espectacular, un agujero que pagaremos caro. Entre los 14 años, cuando el poder del profesor se diluye, hasta los 34, nos encontramos con gente que no lee. Hay un sector residual que sí, pero vivimos de los 35 para arriba, que siguen conservando esos hábitos adquiridos cuando sólo teníamos un canal de televisión, y en Semanas Santa o leías o te volvías majara? En ese segmento sí esta asentada la lectura, pero se nos hacen mayores. Acabaremos siendo cuatro personas escondidas en sus casas para leer, como en Farenheit 451».

Modas. «¿Cuántos millones de personas han comprado «El código Da Vinci» y cuántas de ellas lo han leído? Muchos libros se compran como fenómeno de moda, te meten el libro como una necesidad social, no eres nadie si no te has comprado tal libro? pero a menudo no lo lees, aunque lo tengas. Y de doscientos mil compradores, lo lee la mitad. Conozco a un vendedor de una librería al que una señora le pidió un libro para alguien que no lee. Señora, si no lee cómprele una corbata, le dijo. Pues eso, hay personas que buscan libros así y el librero le enchufa «El código», o lo que se tercie. Hay libreros para quitarse el sombrero, y también libreros en grandes cadenas que son meros cobradores y que van a la recomendación segura, algo de lo que todo el mundo habla. El que lo compra y lo lee y no le gusta, se siente cohibido para expresar su protesta, el equivocado soy yo, piensa».

Soluciones. «Las pequeñas y medianas editoriales tienen que ir a una especialización espectacular, en Inédita tenemos nuestra colección de historia bélica, pero hemos intentado hacer cosas en narrativa, y nos ha venido devuelto casi todo, porque nos han colocado el sambenito de los de la editorial de tiros. Al final, te tienes que especializar. Cinco o seis mil ejemplares en un sello grande no es rentable, para un pequeño es muchísimo. Pasará el boom actual de la historia bélica y dará para vivir cuando queden dos, cuando se cansen los grandes grupos porque no venden lo suficiente y dejen el terreno más libre y el librero apueste por los que quedan. Y dejarán de encarecerse los derechos de libros que me interesan porque no habrá otros que pujen con mucho más dinero».

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