J. L. ARGÜELLES
Las aportaciones de investigadores aún jóvenes y con escasa ligazón con el mundo académico empiezan a ser consideradas sustanciales, imprescindibles, para entender muchos de los hechos y batallas que marcaron la Guerra Civil española. No todo lo recogido por la historiografía más o menos oficial es suficiente y, en algunos casos, ni siquiera ofrece una explicación exacta y compleja de acontecimientos decisivos. El congreso «La memoria de los nietos», que estos días organiza la asociación «Todoslosnombres» en el centro Gijón-Sur, en Pumarín, reunió ayer a tres autores que han contribuido con su trabajo a iluminar zonas de sombra y a ensanchar los conocimientos sobre el frente republicano en el Norte, una azarosa y confusa línea bélica que las tropas franquistas liquidaron definitivamente con la toma de Gijón el 21 de octubre de 1937.
Eliseo Fernández, investigador de la CNT, habló de las dos brigadas de milicianos fieles a la República que se formaron en Galicia, donde la resistencia al golpe militar de Franco fue inconsistente y de escasa duración. Guillermo Tabernilla, que trabaja con la asociación bilbaína Sancho de Beurko analizó la división que provocó la insurrección en el País Vasco, así como la participación de las siete brigadas asturianas que combatieron junto a las gudaris. El periodista asturiano Xuan Cándano, autor del controvertido libro «El pacto de Santoña», explicó los poco conocidos pasajes de la claudicación del nacionalismo vasco a las tropas italianas que auxiliaron, junto a las alemanas, a Franco. El ex diputado socialista Carlos Rojo, considerada como una de las personas que más y mejor conocen las vicisitudes de la guerra civil en el Norte, fue el encargado de las presentaciones y de moderar el posterior coloquio.
El libro de Cándano demuele algunos mitos sobre el nacionalismo vasco. «La toma de Bilbao es fruto del pacto de Santoña, por el que los gudaris se entregaron sin un solo tiro y los batallones se rindieron de forma pérfida para la República», afirmó el periodista. Éste recordó unas manifestaciones en las que Franco, que «burló a su vez a gudaris e italianos», dijo que supo que la guerra estaba ganada cuando cayó Bilbao. «Ahí se perdió la guerra en el Norte», subrayó. Y añadió: «¿Qué hubiera pasado sin la rendición de los gudaris? probablemente el signo de la guerra sería el mismo, pero, con la llegada del invierno, la toma de Asturias hubiera sido mucho más difícil».
Para Cándano, quien recordó que los alemanes no sólo ensayaron con su maquinaria de guerra en Guernica, sino también en Cangas de Onís y en El Mazucu, «el PNV combatió por Euskadi, no por la República». El periodista elogió, en cambio, que los nacionalistas lograron mantener la libertad de culto y el respeto a las libertades individuales. «Los milicianos asturianos fueron abandonados por sus dirigentes, lo que no hicieron los del PNV», agregó. Para el periodista, «no sólo los nacionalistas vascos abandonaron a la República».
Tabernilla hizo mención a la represión de los alzados contra el clero vasco, un episodio aún poco conocido, y afirmó, contra algunas visiones nacionalistas de la contienda, que fue «una guerra de vascos contra vascos y el único frente en el que se batieron católicos contra católicos». Indicó que la batalla de Villarreal fue, en realidad, una ofensiva fracasada en todo el frente Norte para aliviar la presión de Franco sobre Madrid. «El Ejército del Norte no existió como tal, nunca hubo mando único; eran reinos de Taifas», agregó. Eliseo Fernández contó algunos hechos de armas de las brigadas «Celta» y «Galicia». Pocos saben que milicianos de esta unidad se batieron a las puertas de Oviedo, en El Escamplero, contra sus paisanos de las columnas gallegas.
Treinta y ocho personas (en la foto una de las intervenciones) han explicado en el congreso «La memoria de los nietos» los dramas familiares por la represión franquista.