Oviedo, L. Á. VEGA
El proyecto de un nuevo Palacio de Justicia en Oviedo, una propuesta de la concejala socialista ovetense Paloma Sainz que ha obtenido un notorio respaldo desde la judicatura, salvaría la parcela de Jovellanos XXI en el Vasco, tras el fracaso del proyecto de las torres de Calatrava. Lo que pocos recuerdan es que el actual Palacio de Justicia de Comandante Caballero, en Llamaquique, también sirvió para «tapar» otro agujero no menos molesto, el que dejó Sedes tras abandonar el proyecto de construcción de un centro cívico-comercial en la parcela que hoy ocupan el edificio «inteligente» del Principado, el Centro Cívico y los dos edificios judiciales. Colmar este agujero costó la friolera de veinte años, los que median entre 1981 -año en el que se abandonó el proyecto original, cuando ya se habían realizado ya los cimientos y los aparcamientos- y 2001, fecha en la que entró en funcionamiento el Palacio de Justicia.
Apenas siete años después de la apertura del edificio judicial, se plantea ahora la imperiosa necesidad de levantar otra sede, al haber quedado obsoleta la actual, cuya construcción se adjudicó en octubre de 1997 a la ute constituida por Necso, Entrecanales y Cubiertas por la friolera de 1.210 millones de pesetas, el equivalente a 7,3 millones de euros.
Puede decirse que el magistrado jubilado Eduardo Gota Losada, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) entre 1989 y agosto de 2000, fue el verdadero impulsor de esta obra, con la que se pretendía solventar los graves problemas de ubicación física de la administración de justicia. «En Oviedo había Juzgados en sótanos y la sala de lo Contencioso del TSJA estaba constreñida en dos habitaciones», explica este turolense, aunque ovetense de adopción.
Desde el mismo instante en que accedió a la presidencia del TSJA, su principal objetivo fue conseguir el ansiado Palacio de Justicia que merecía Oviedo. Tras realizar unas gestiones en el Registro de la Propiedad, supo que había posibilidad de levantar el edificio en la parcela de Sedes.
En aquella época, ya llevaba ocho años empantanada, y se había convertido en el «agujero» de Oviedo. Cuando en 1983 llegó a la Alcaldía el socialista Antonio Masip, un grupo de ingenieros del MOPU se reunió con él y le aseguró que «el éxito del mandato dependía de conseguir una ocupación para aquella parcela», según relata el propio político ovetense. El proyecto del Centro Cívico se había abandonado «por un cambio de criterios que operó en Sedes tras el cambio político», según explica el arquitecto que elaboró el proyecto original de la parcela, el gijonés César Fernández Cueva.
El caso es que desde entonces se buscó de forma imperiosa un nuevo proyecto. Hubo incluso un concurso, ganado por los hermanos Hernández Sande y Pereda. Se llegó a barajar la construcción de un auditorio (justo en la parcela que hoy ocupa el Palacio de Justicia). Poco a poco, el espacio se fue colmatando. Primero con un centro cívico -más pequeño que el original, que iba a tener una gran plaza central- y luego con el edificio de servicio múltiples del Principado, cuyas obras se desarrollaron en el primer tercio de los años noventa.
Pero quedaba una parcela libre, con cuyos datos se encaminó Gota Losada a Madrid, para hablar con el subsecretario de Justicia, y proponerle la construcción del Palacio. El proyecto fue elaborado por el arquitecto ovetense Francisco Pol, a quien se ha achacado un diseño exterior muy estético, pero una escasa funcionalidad. Sin embargo, pese a las entrevistas con el ministro Fernando Ledesma y la visita incluso de Enrique Múgica a la parcela, el Palacio de Justicia no pudo materializarse durante buena parte de la década de los noventa debido a problemas presupuestarios.
La llegada del PP al poder desbloqueó el asunto. Fue en septiembre de 1996 cuando Gota Losada habló con el entonces vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez-Cascos, de visita oficial en Oviedo. «En quince días había consignada ya una cantidad, no muy grande, pero suficiente para iniciar las obras», señala el magistrado jubilado. Cascos puso la primera piedra al año siguiente y las obras se adjudicaron en octubre de ese mismo año. Los trabajos, sin embargo, encontraron grandes problemas «por la orientación de los cimientos». Gota Losada, que se jubiló en agosto de 2000, no pudo ver abierto el Palacio siendo presidente, que entró en funcionamiento en 2001, siendo ya presidente del TSJA Julio García Lagares.
Con la distancia que da el estar ya alejado del mundo de la Justicia, Gota reconoce que, «aunque la parcela era muy digna, y las limitaciones urbanísticas no eran muy grandes, quedó un órgano judicial un poco raro». Pero por lo que se refiere al espacio, Gota asegura que «nadie pensó que se iba a quedar pequeño». Cierto que él mismo había advertido del incremento de la litigiosidad que iba a sufrir Asturias en los últimos años, pero no había imaginado que ésta fuese de tal calibre que obligase a multiplicar los órganos judiciales en la medida en que se han tenido que hacer. «Para su tiempo, fue una buena solución, que pensamos que iba a ser más definitiva de lo que fue», lamenta el veterano magistrado.
El magistrado de la Audiencia Provincial Agustín Azparren, vocal hasta el año pasado del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), encargado de los asuntos de Asturias, tuvo que escuchar muchas quejas de la judicatura regional sobre las deficiencias del edificio. Ahora que ha vuelto a la Audiencia Provincial las sufre en su propia carne. «En seguida se ocuparon todas las dependencias y hubo una cierta falta de previsión», asegura. «Siempre me pareció que se había dado más prioridad a los criterios estéticos que a la funcionalidad. Yo todavía me pierdo en él», asegura el magistrado, que tampoco olvida la caída de las losetas, tanto de la fachada como del interior de las dependencias.