Oviedo, Mario D. BRAÑA
Después de ocho temporadas en Primera División cumpliendo a rajatabla la regla de oro arbitral, es decir, pasando desapercibido, César Muñiz Fernández capea como puede su repentino protagonismo. Desde el sábado, cuando dirigió en San Mamés el Athletic de Bilbao-Real Madrid, su nombre está en boca de todos: vencedores, vencidos y hasta neutrales. Es la penitencia por haber estado en la Catedral. El único tranquilo parece ser él. Intuyendo lo que se le venía encima decidió aislarse del ruido mediático y prepararse para el siguiente partido. El domingo arbitrará el Barcelona-Málaga en el Camp Nou, donde le preparan un recibimiento muy poco cordial.
Como suele ocurrir con los Athletic-Madrid, ya se preveía un partido caliente, pero la realidad desbordó todas las previsiones. Desde el minuto 2, cuando Huntelaar golpeó con la mano en la cara a Amorebieta, en un salto, hasta el 90, con la embestida de Gurpegui a Heinze para saldar una cuenta pendiente, los jugadores de los dos equipos no le dieron tregua. El balance, diez tarjetas amarillas y tres rojas, muy por encima de la media de Muñiz en Primera División: 5,53 y 0,28, respectivamente.
Fiel a la norma no escrita de que los árbitros deben abstenerse de hacer declaraciones, Muñiz Fernández calla. Atendió a LA NUEVA ESPAÑA, como a tantos medios que le han requerido en los últimos días, con la premisa de no entrar en valoraciones sobre lo ocurrido en San Mamés. El ovetense, ahora residente en Gijón, asegura que está tranquilo, ajeno a las críticas e incluso a la petición, desde algunos sectores, de que sea sancionado.
César Muñiz ha repasado las imágenes del partido y está convencido de que no hay motivo para que el Comité le meta en la «nevera», como le ha ocurrido a algunos compañeros esta temporada. Reconoce que cometió algunos errores de apreciación, al no ver bien las jugadas en el campo, pero no de aplicación del reglamento, que es lo que puede dar lugar a medidas disciplinarias contra él. Y, en todo caso, lamenta la escasa colaboración de los jugadores y de los integrantes del banquillo.
El árbitro asturiano asegura que el de San Mamés fue el partido más complicado en las nueve temporadas que lleva en Primera División, con más de 150 partidos dirigidos. Algunos de ellos, tan exigentes como el Real Madrid-Barcelona, o los derbis madrileños, en el Bernabeu en la temporada 2004-05 y en el Vicente Calderón en la 2007-08. En todos los casos, sin mayores complicaciones.
César Muñiz Fernández (18-5-70), hijo de José María Muñiz Farpón, ex árbitro y juez de línea internacional, comenzó en el arbitraje con 16 años y logró el ascenso a Primera División antes de cumplir los 30. Debutó en la máxima categoría el 10 de septiembre de 2000 en El Sadar, dirigiendo un Osasuna-Celta (0-2). En los 136 partidos que había dirigido hasta la pasada temporada, 57 acabaron con victoria del equipo local, 37 del visitante y 42 empates.
Muñiz Fernández es internacional desde 2007. Junto al madrileño Rubinos Pérez es el máximo candidato a dirigir la final de la Copa del Rey, que disputarán el Barcelona y el Athletic de Bilbao el 13 de mayo en Mestalla. El Comité no decidirá hasta quince días, aunque Muñiz parte con la ventaja de llevar dos temporadas más en Primera División que Rubinos.