ANTONIO RICO
Creo en Konstantin Kavafis, poeta griego de comienzos del siglo XX. Creo que es Dios y estas creencias religiosas mías son tan dignas de respeto como cualesquiera otras. Es cierto que el kafavismo no es una religión multitudinaria y no tiene los atributos de las grandes creencias monoteístas de Occidente: no realizamos ritos litúrgicos, no creemos en la vida en el más allá, no tenemos un pequeño porcentaje de fanáticos que envían a sus hijos a que se inmolen en atentados suicidas contra los infieles, nuestros líderes religiosos no contribuyen activamente a la muerte de millones de personas por sida en el continente africano, no tenemos jerarquía y, si la tuviéramos, no sería necesario vestirse de formas ridículas para ascender en el escalafón. Pero el carácter minoritario de una creencia no implica que se la pueda despreciar o burlarse de ella de forma impune, alentando así odios y marginaciones que tanta sangre y tantas lágrimas han provocado en el pasado.
Es por todo esto por lo que los kavafistas exigimos la inmediata retirada del nuevo anuncio televisivo del Seat Exeo, en el que se hace un uso mezquino, utilitarista, completamente irrespetuoso, de uno de los textos más hermosos jamás escritos por mano humana, -perdón, quise decir «divina»-, como es el extenso poema «Ítaca», fuente inagotable de belleza, compendio de sabiduría nunca superada, y que en el blasfemo spot de Seat aparece fragmentado, ridiculizado, asociado de forma vulgar a una prosaica mercancía de venta. Una vez más la niñatería publicitaria roba textos de dimensiones seculares para utilizarlos desde la ignorancia y la temeridad de formas que hubieran horrorizado a sus autores. Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca debes rogar que el viaje sea largo, lleno de peripecias, lleno de aprendizajes, y debe importarte una mierda seca el coche en el que viajas. Creo en Konstantin Kavafis. Amén.
www.antoniorico.es