Oviedo, Chus NEIRA
«Destructor» y «Coco» se buscan en el tatami. El primero va sin prisa pero cada vez que enfoca a «Coco» lo arrolla. El otro, a todo lo que da, no para de dar vueltas, a ver si en una de esas pilla a «Destructor». «¿Pero no lo hiciste suicida?», le preguntan al responsable de la criatura. «Bueno, relativamente suicida, jugué más con la aleatoriedad». Y en esto uno se sale de la línea y todos aplauden. Sucedía ayer en un aula de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Informática de Oviedo (Euitio). Eran las «Sumo Wars», en las que se enfrentaron nueve alumnos y sus distintos programas de Inteligencia Artificial a través de dos prototipos robóticos Lego Mindstorm NXT.
Los responsables de la batalla son los chavales de Aire, una asociación que esconde en sus siglas «Artificial Intelligence and Robotics Euitio» y que nace de la falta de asignaturas de robótica en la escuela y de la pasión por esta disciplina de un grupo de alumnos. Cuando la pusieron en marcha, a finales del año pasado, lograron reunir a una treintena de amantes de los robots y los lenguajes de inteligencia artifical. Hasta ahora han dado charlas en los institutos, han organizado talleres en la escuela y han convocado estas «Sumo Wars» de ayer.
Inspirados en los combates que con ese mismo nombre lanza la marca Lego, los de Aire van un poco más allá. A los prototipos les han cambiado su lenguaje de programación (diseñado para niños) por un sistema operativo «Lejos» que permite a los alumnos programarlos en java. Lo siguiente es escribir el programa, tarea que les puede llevar entre media hora y diez horas, en función de la complejidad. Se trata de aprovechar los sensores de luz de los prototipos (para evitar salirse del tatami) y los ultrasonidos (para detectar al rival) dentro de las líneas de código y combinarlo con rutinas de movimiento. Cada robot se carga con los programas presentados a concurso (hasta dos por concursante), se ponen sobre el tatami. Gana el programador cuyo robot sea capaz de expulsar al otro del círculo.
Ayer, tras duros, largos y eficaces combates según los casos, Daniel Rey quedó segundo y Pablo se impuso en la final. El promero se llevó una beca de investigación y desarrollo de tres mil euros y el segundo, un ultraportátil, premios patrocinados por la empresa Treelogic.