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«La crisis económica esconde una crisis moral marcada por la avaricia y la mentira»

«El siglo pasado estuvo lleno de barbarie; dejó un gran vacío espiritual, pero fue una etapa espléndida para el desarrollo científico»

 
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Soy un hombre de iglesia, hiperactivo y al mismo tiempo paciente. Asturiano de adopción y enamorado de Covadonga, a donde acudo con frecuencia; de Covadonga me gusta todo, su entorno, y el Santuario. Mi segunda vocación es la docencia. Me considero bastante observador, aunque hay un bulo por ahí que me atribuye fama de despistado.

Cuca ALONSO

Fernando Llenín participó en los recientes cultos cuaresmales celebrados en Gijón, actos que sirvieron para poner al descubierto la gran talla espiritual y humana de un personaje inédito en nuestras tribunas. No hay que dejarlo pasar, pensamos. Más tarde, al descender con él al terreno coloquial lo primero que se puso de relieve es su gran fortaleza interior. Es un hombre profundo, culto e inteligente, que infunde seguridad, confianza y trascendencia, escuchándolo todo cobra sentido y solidez.

Hijo de padre ovetense, nació en Santander, 1955, quinto de seis hermanos. Su progenitor solía contar que en el momento de su alumbramiento, aunque era media tarde se oscureció el cielo de tal modo que fue preciso encender el alumbrado público. Un dato exclusivamente curioso, ya que no envolvía más consecuencia que la posterior descarga de la tormenta en el mar. Los primeros estudios de Llenín fueron itinerantes; Santander, Santoña, Santa Cruz de Tenerife, y por fin Oviedo para quedarse.

-¿E ingresar en el Seminario?

-No, la Iglesia me había atraído desde la infancia; creo que la vocación suele ser temprana, pero al terminar el Bachillerato me matriculé en Filosofía y Letras en la Universidad de Oviedo. Fue al acabar el primer curso cuando decidí irme al Seminario. La idea rondaba por mi cabeza, pero hubo un día clave. Nos habíamos encerrado en la facultad como protesta por la muerte de una chica en Santiago, por efecto de un pelotazo de la Policía. Eran los últimos años del franquismo, un tiempo convulso en la Universidad donde se reivindicaba libertad política y el fin de la dictadura, así que los hechos de Santiago encerraron a todas las facultades de Filosofía de España. Cuando entraron los grises en la de Oviedo salimos todos corriendo, y yo me escondí enfrente, en la iglesia de Santa María la Real de la Corte. Iba muerto de miedo, pero entonces sentí la protección de la Iglesia. Fue cuando tomé la decisión.

-¿Había precedentes en su familia?

-No, soy el único sacerdote. Tuve una tía monja que se murió en Argentina; sólo eso. Cuando lo comuniqué en casa, mi padre me pidió que siguiera estudiando, de manera que hice dos carreras a la vez, la sacerdotal y la universitaria. Me ordené el 5 de mayo de 1979, en la Catedral, en ceremonia oficiada por Gabino Díaz Merchán. E inmediatamente me enviaron a Roma.

-¿A qué se debía tal privilegio?

-Creo que aquí hacía falta un profesor de Filosofía, y creyeron conveniente que me formara en Italia. Fueron tres años fabulosos. Luego me fui a Alemania otros dos años para hacer el doctorado.

-En resumen, ¿cuántos idiomas habla?

-Italiano, alemán, inglés... El francés y el bable los entiendo bien. Al regresar a Asturias obtuve la licenciatura en Teología, y leí mi tesis doctoral, «La realidad divina», basada en la obra de Xavier Zubiri. Me dieron «suma cum laude», pero es cierto que había trabajado mucho, sobre todo en Roma.

-¿Cómo sintetiza usted el fundamento de la existencia de Dios?

-Desde el plano teórico, en tres aspectos. El racional, el de la propia experiencia vital, y el de la voluntad. Desde el racional hay varias vías, como la ascendente, es decir, a través de las criaturas y las cosas se puede determinar la existencia de un Creador. Otra es la del bien; el bien reclama por sí mismo la presencia del bien supremo, la bondad infinita. El amor y la libertad son otros caminos. Tanto el amor como el ser amado son un absoluto ya que no necesitan justificación, y en ese sentido Dios es el amor infinito. En cuanto a la libertad, ésta señala una opción que realiza la persona, buscar a Dios, elegir a Dios.

-¿Nunca ha sufrido una crisis de fe?

-Sí, de adolescente, a los 15 años. La superé porque estaba muy angustiado. Me di cuenta que al pensar en la hipótesis contraria, Dios sí, experimentaba una alegría tan intensa que nunca más me abandonó. Esa prueba de Dios es la fe, tan profunda y trascendente que jamás se quita.

-Estamos ante un sacerdote, doctor en Filosofía y Teología, ¿en qué ha de emplearse?

-En una parroquia, actualmente en San Francisco de Asís, en Oviedo, cuya iglesia es redonda. Pero siempre trabajé en parroquias, incluso durante mi estancia en Roma. He sido coadjutor en San Pablo de Argañosa, en San Antonio de Padua, en la Florida cuyo templo era un bajo de un edificio... Ahora ya tienen iglesia. Estoy en San Francisco desde 1999.

-¿Y dónde efectúa su actividad docente?

-Soy profesor de Filosofía en el Seminario, y de Teología en la Universidad de Oviedo. Al ser el único instructor de esta materia tengo bajo mi cuidado a 170 alumnos; creo que es el aula más numerosa de toda la Universidad, con la particularidad de que la asignatura es opcional y de libre configuración.

-¿Qué opina del plan Bolonia?

-Soy firme partidario de él, creo que es muy positivo. Los estudiantes no lo han entendido del todo, piensan que favorece el capitalismo al vincular la Universidad al mercado de trabajo. Tras sus protestas hay motivos ideológicos sostenidos en muy poca reflexión. Veo grandes ventajas en el plan Bolonia; la Formación Profesional básica será muy buena; las licenciaturas se reducen a 4 años y pasan a ser grado, al mismo tiempo que aumentan las diplomaturas, también a 4 y grado. Esto supone una formación básica a la que puede seguir una especialización concreta que producirá profesionales muy competentes.

-¿Qué le ha parecido la campaña desarrollada por la Conferencia Episcopal a propósito de la nueva ley del Aborto?

-Creo que se ha buscado un lenguaje que siga las leyes de la publicidad, el camino del impacto sobre ideas muy elementales. El mensaje trata de destacar el valor supremo de la vida humana.

-Parece que hay cierta reacción de la sociedad española frente al actual postulado político...

-Sin duda, y además hay una amplia base social que está perpleja; es muy difícil justificar que alguien pueda disponer sobre la vida de un ser humano. Y decir que la vida humana no tiene carácter personal es un disparate. En el Derecho romano se decía que los bárbaros y los esclavos no eran personas, que no tenían derechos, ¿vamos a volver a eso? Los derechos humanos se tienen por sí mismos, nadie tiene facultad de otorgarlos.

-Algún día, la humanidad mirará hacia atrás con horror...

-El siglo XX ha estado lleno de barbarie, a la vez que fue un tiempo espléndido en desarrollo científico. Pero hubo una regresión espantosa, guerras terribles que dejaron un gran vacío moral y espiritual. Quedó un culto exclusivo al dinero, pero éste ahora ha desaparecido.

-Dicen que sobre su cabeza se cierne una mitra auxiliar...

-No lo creo, entre otras razones porque está muy bien ocupada. En cuanto al futuro arzobispo, me gustaría que a la sede asturiana viniera un santo, que supongo lo habrá.

-¿Le reza usted a San Juan Pablo II que estás en los cielos?

-Sí, soy un entusiasta total de él, le admiro y quiero entrañablemente. Su papado tuvo una fuerza arrolladora en el mundo, agitó y revolucionó a la Iglesia. Aquellas jornadas de la juventud fueron como un milagro. Ha sido el gran Papa de la doctrina social de la Iglesia, su figura en este sentido es importantísima. El día que se murió recuerdo que yo estaba en Covadonga, en la cueva con un grupo de jóvenes y rezamos por él. Luego asistí a su funeral en Roma.

-Con los Jesuitas no lo tuvo tan claro...

-Sólo al principio. Juan Pablo II quiso incidir en una renovación interna de las congregaciones religiosas, y eso no se puede hacer sin los Jesuitas. Además, no sé si lo logró.

-¿Qué planes tiene para su futuro?

-Seguir en mi trabajo, siempre vigilante. Soy autor del quinto tema del Sínodo, «Sociedad y cultura de hoy», y debo ir exponiéndolo, por eso he estado en Gijón, en la basílica del Sagrado Corazón y en San Julián de Somió.

-¿Qué diagnóstico hace del provenir social respecto a la Iglesia?

-Nuestro gran problema es la comunicación. Nuestro lenguaje no es percibido, porque las mismas palabras confunden al tener significados opuestos. Vivimos un presente de desfondamiento; la crisis económica esconde una crisis moral en la que reina la avaricia y la mentira. Detrás de ella está el materialismo y el ateísmo práctico, incompatible con la existencia de Dios. Dios es una entelequia, dicen, hay un Dios para cada uno, el bien y el mal no se sabe qué son, la verdad y la mentira, tampoco. La ética se confunde con la legislación. Luego, en este desorden de planos es muy difícil establecer un diálogo.

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