JAVIER SEBASTIÁN
CATEDRÁTICO DE TECNOLOGÍA ELECTRÓNICA
EN EL CAMPUS DE GIJÓN
Los cambios ministeriales acontecidos la pasada Semana Santa incluyeron una nueva modificación en la asignación de las competencias de la educación superior, modificación que desandaba el camino emprendido un año atrás. Creo que el peso de las razones que justifican este cambio es semejante al que tenían las que avalaban el contrario, ya que la educación superior es fronteriza tanto con el campo de la educación no universitaria como con la investigación. A raíz de este cambio, los detractores del mismo han recordado una cifra que quisiera ahora destacar: la Universidad representa el 60% de la investigación que se realiza en España. Aun teniendo en cuenta que este tipo de datos hay que tratarlos con cautela (¿cómo se mide la investigación?), sí resulta evidente que la Universidad española ha experimentado un acercamiento a los modos y maneras del resto de Europa, que ha sido paralela a la experimentada por la sociedad española en su conjunto. Y, por supuesto, entre esos estándares europeos (y del Primer Mundo en general) está el hecho de que la Universidad es un lugar donde no sólo se aprende y se enseña, sino donde también se desarrolla nuevo saber, que debe ser transferido a la sociedad.
La ingeniería tiene como misión aprovechar los conocimientos de distintas ciencias para construir diversos tipos de «artefactos» útiles. Sin ninguna duda, la ingeniería está a medio camino entre la ciencia en abstracto y la sociedad. La investigación en ingeniería tiene que tener un fin último cercano a la sociedad, porque si no es así, no es investigación en ingeniería.
La investigación que se realiza en los departamentos de Ingeniería de las universidades es capital a la hora de contabilizar el impacto de la investigación universitaria en la sociedad. El mensaje machaconamente repetido de la necesaria colaboración entre la Universidad y las empresas nos suena ya muy antiguo a los profesores de Ingeniería. Sin embargo, lo peor no es que nos suene antiguo, sino que nos suena contradictorio. Nos suena contradictorio porque no está armonizado con los criterios que se usan habitualmente para la valoración profesional de los profesores de Ingeniería. Estos criterios suelen ser bastante parecidos a los usados en las Ciencias Experimentales y se basan fundamentalmente en las publicaciones en revistas internacionales de calidad reconocida. Personalmente, pienso que es imposible ser un buen profesor de Ingeniería sin realizar este tipo de actividad de una manera continua a lo largo del ejercicio profesional, pero también pienso que es imprescindible una labor continuada de transferencia de tecnología para que la actividad de un profesor de Ingeniería sea calificada positivamente. El problema radica en que ambos tipos de actividad no son igualmente valorados, de tal forma que un currículum de profesor de Ingeniería rico en publicaciones y casi exento de transferencia tecnológica real es calificado positivamente, mientras que otro con las actividades opuestas es habitualmente calificado negativamente. Incluso cuando las normas oficiales para valorar los currículos hablan de transferencia, siempre la valoran positivamente cuando se inscribe en un contexto de investigación avanzada, en general bastante lejana a la realidad de muchas pequeñas y medianas empresas, que se acercan a la Universidad en busca de ayuda para asimilar tecnologías nuevas en consolidación más que para desarrollar otras nuevas.
El profesorado universitario es suficientemente inteligente para entender las normas del juego y distinguir entre el mensaje voluntarista y la realidad crematística. Los datos que aparecen en la documentación del plan nacional de investigación científica, desarrollo e innovación tecnológica 2008-2011 muestran que pese a que la producción científica del país sube, el saldo diferencia entre exportaciones e importaciones en productos de alta tecnología es cada vez más negativo. Quizá las personas que deciden cómo debe ser el currículum de una parte sustancial de las personas con capacidad de investigar deberían estar mejor coordinadas con las que nos informan de la importancia de la transferencia de los resultados de investigación a las empresas, que forman parte de la sociedad a la que nos debemos.