Trones (Cangas del Narcea), Pepe RODRÍGUEZ
Los vecinos de Trones, en Cangas del Narcea, están hartos de los ataques de los lobos, que han acabado con cinco terneros en el último mes. Han sido vistos a menos de cien metros del pueblo, incluso a las siete de la mañana cuando ya despunta el día.
La gota que ha colmado el vaso es la muerte en la madrugada del domingo de dos terneros propiedad de José Miguel Alba Álvarez, de Casa Gregorio. La situación es de tal gravedad, según estos vecinos, que hace días que muchos de ellos sacan los tractores por la noche y van a dormir a los pastizales para tratar de proteger sus vacas y sus xatos del ataque del lobo.
Trones cuenta con 13 ganaderias y suma más de 800 cabezas de ganado. Todo el pueblo está en máxima alerta y sufre estrés y tensión. Alba Álvarez apunta que «esto es un trastorno enorme. Ahora hay que ordeñar a mano a las madres y están bramando todo el día y toda la noche en la cuadra. Además, seguimos teniendo diez terneros fuera, porque es imposible que estén todo el año estabulados, y tenemos mucho miedo». En su opinión, «las indemnizaciones sirven para evitar el mazazo económico, pero nada más. Preguntes a quien preguntes te dirá lo mismo: no queremos indemnizaciones, nosotros queremos trabajar y que nos quiten el lobo de encima».
José Antonio Fernández Arbas es de casa Caleyo y tiene en su cuadra a un ternero que pudo escapar de un ataque, aunque conserva en su pata trasera izquierda las huellas de la agresión. «Escapó de la boca del lobo, como quien dice», aclara el ganadero, que tiene muy claro que «no hay nada que se pueda hacer cuando atacan manadas tan grandes y poderosas. Da igual que haya perros allí, el otro día mismo se llevaron un mastín, incluso vienen a buscar perros a la vera de las casas. No hay quien les haga frente y la solución no pasa por tener perros con las vacas porque, en estos casos, de poco valen».
Todos los vecinos se asustaron mucho cuando vieron que los lobos mataban a un burro a unos 300 metros del pueblo. «Cada vez están más cerca y cada vez atacan con más violencia», tercia Fernando Barrero Blanco, de casa Barreiro, que recalca que «estamos preocupadísimos, esto no es vida, no hay dinero que pague dormir en el tractor como hacen muchos vecinos. Ya cuesta vivir del ganado en condiciones normales como para hacerlo con la amenaza permanente del lobo».
Atilano García Álvarez, de casa Chuisín, cuenta como el martes «vinieron las vacas espantadas, alertadas por algo. Ya no sabemos si es que detectan a los lobos o sólo tienen miedo y, a la mínima, se ponen alerta. Nos cuesta mucho trabajo entrar a los praos porque los toros están a la defensiva, muy agresivos y estresados, y cualquier día van a llevar por delante a algún paisano».
Amparo Álvarez Menéndez, de casa Cabral, pide «que se haga una batida o lo que sea, pero que nos quiten a los lobos de aquí, que los lobos no pagan impuestos. Y a la gente de los despachos y los ecologistas les decimos que los lleven para su casa y los críen con ellos a ver si así les resultan tan interesantes. Nosotros no estamos en contra del lobo, conste, sólo de que nos devoren nuestra forma de ganarnos la vida».