Myriam MANCISIDOR
El centro de salud de Llano Ponte está al rojo vivo. Tiene fiebre, aseguran. El edificio, inaugurado en abril de 2007, registra cada verano en su interior temperaturas superiores a los treinta grados centígrados. Los pacientes ya no saben qué hacer, más que sudar y sudar. Se achicharran. Los profesionales sanitarios están en las mismas. El consultorio se ha vuelto incandescente y el remedio que por ahora ha ofrecido Salud son tres ventiladores para más de veinte salas de consulta. Los abanicos son tan importantes como la tarjeta médica en Llano Ponte. Sólo el área de administración, junto a la puerta, está aireada.
El efecto invernadero que sufre el centro de salud se explica por la arquitectura del edificio, si bien la Consejería que dirige José Ramón Quirós ya realizó obras en la techumbre para amortiguar el efecto del sol. También se abrieron ventanas, antes selladas, y se instaló un sistema de renovación de aire. El calor es, aún así, el enemigo de cada día en las consultas. «Vendremos a trabajar en bermudas... Esto es horrible, cuando dan las dos de la tarde esto es un horno al que vienen pacientes», aseguran los médicos, que confían en que Salud les dé al menos un ventilador más.
El centro de salud de Llano Ponte abrió sus puertas no sin polémica poco antes de las elecciones autonómicas del 27 de mayo de 2007. Se construyó con un presupuesto de 3,7 millones de euros y dispone de 2.000 metros cuadrados de superficie útil distribuidos en dos sótanos y tres plantas. La plantilla está formada por nueve médicos, diez enfermeras, un pediatra, dos auxiliares de clínica, un celador, cinco auxiliares administrativos, una matrona, un fisioterapeuta y un odontólogo. Todos menos tres, los afortunados que cuentan con un ventilador, atienden a sus pacientes a golpe de calor. Los pacientes suman 16.000 personas. Y el termómetro no baja. «¿Qué pasará en agosto?», se preguntan los médicos, que están que arden.