Javier NEIRA
Kenneth Jolls es uno de los ingenieros químicos más destacados de EE UU -que es casi como decir del mundo- y, ya como Ken, es un inspirado y ágil músico de jazz. Ayer por la mañana ejerció de sabio profesor en la Facultad de Química de la Universidad de Oviedo, y por la tarde se mostró como un consumado vibrafonista en el Paraninfo, bajo la adusta mirada del fundador de las dos casas, el inquisidor Valdés Salas, que presidía desde un cuadro al óleo la estancia ceremonial. Doctor Jolls por la mañana, racional y deductivo, y mister Ken por la tarde, intuitivo y sensual. Tiene 79 años y se podría quitar veinte, a juzgar por su doble e intensa actividad.
El Paraninfo registró una entrada superior a las correspondientes a muchas ceremonias de doctorado honoris causa. Sobre el escenario Ken Jolls y su banda, compuesta para la ocasión por tres músicos asturianos: Julio Sánchez Andrade, a la batería, profesor de Percusión en el Conservatorio Superior de Música Eduardo Martínez Torner; Eduardo, «Dudu», Puente, bajo y vocalista, integrante del grupo «Felpeyu», y David López, trompeta, profesor de la Escuela de Música de Mieres y miembro de «La Timba», un destacado grupo asturiano de latin jazz.
En la primera fila, el rector, Vicente Gotor, catedrático de Química Orgánica, con José Coca, catedrático de Ingeniería Química y padre de la especialidad en la Universidad asturiana.
Entre el público, Julio Bueno, director y alma del departamento de Ingeniería Química, y los 17 estudiantes de las universidades norteamericanas de Wisconsin e Iowa, que durante cinco semanas han realizado un curso superior de Ingeniería Química en Oviedo. Desde el estrado, el profesor Fernando Díez presentó el concierto. El departamento de Ingeniería Química es el mejor de la Universidad de Oviedo, y figura entre los tres primeros de la especialidad en en el conjunto de España. No hace falta insistir en el peso social y cultural de la música en Oviedo.
Jolls, especializado en termodinámica, es ingeniero químico de vocación tardía. En su juventud se dedicó a la música. Toca el vibráfono, que, como explica, es un xilófono modificado, y compone, entre otras cosas, la melodía de los concursos de «Miss América».
A las seis de la tarde arrancó el concierto. Jolls golpea el vibráfono con cuarto mazos y prácticamente baila ante el instrumento. Tras la primera canción y el consiguiente aplauso, dio las gracias jadeando por tanta agitación y anunció un tema de Broadway que, aseguró, nunca le sale muy bien. En esta ocasión, redondo. Ken saludó rendido señalando cortés hacia sus compañeros Andrade, Dudu y López, con los que parecía haber ensayado a fondo, ya que lo bordaron.
Después hizo un pequeño alto para explicar algunas características del vibráfono y al momento el cuarteto se adentró en los compases del pasaje «Azul, la mañana es azul», de la inmortal «Canción de Orfeo», de Luis Bonfá, con un público ya entregado hasta el final.