El paragües

La Niña Bonita

02.05.2008 | 00:00
La Niña Bonita La Niña Bonita

A quién no le gustaría ver su nómina engrosada? La verdad es que a pocos les puede caer esa breva, y menos en los tiempos críticos que corren. Los privilegiados empleados del Ayuntamiento de Siero, el 30 de abril lo han visto. Su nómina se engrosó con quince folios: La Niña Bonita.


Esta entrega sólo se puede simplificar con un dicho asturiano del que no conviene decir parte por decencia: «Pa'l dolor de cabeza cataplasmes en losÉ».

Del contenido de La Niña Bonita lo que más llama la atención es que, en los fundamentos de derecho de las sentencias que inculpan al Ayuntamiento de Siero, y que se entregaron fotocopiadas como anexo a la nómina, se diga repetidamente: «En la conducta demandada se aprecia mala fe y temeridadÉ». Tampoco se trata aquí de desmenuzar el contenido del documento, que expertos habrá que puedan hacerlo, pero se aprecian algunos defectos de forma, como que no se vea por parte alguna el registro de entrada en el Ayuntamiento, o que no se hayan entregado copias de comunicaciones legales posteriores. No sería imposible que alguien viniese con el cuento de que La Niña Bonita ha entrado en el Ayuntamiento ocho días después de las últimas elecciones municipales, o de que algún obtuso empleado, de los que se pide mirar su trabajo con lupa inquisitorial, no haya cumplido con su deber. Pero lo que llega al alma es cuando se lee que la mala fe y la temeridad existen, y entonces, la confianza que naturalmente ha de tenerse en quienes gobiernan, se convierte en algo parecido aÉ ¡al dolor de muelas!

Algún concejal, que sí ha dado su confianza al actual gobierno, cosa que nadie se explica, parece que haya apuntado que los intereses debieran correr a cuenta de determinada persona. Si continúa pensando quizá descubra que hay más cosas a costear y, siendo amante de la microeconomía, por ejemplificar, ¿quién va a pagar las fotocopias con las que últimamente se engrosan las nominillas? De poco sirve en las campañas enarbolar banderas de honradez, dedicación, austeridad y defensa de los ciudadanos. El movimiento se demuestra andando. Considero que a base de fotocopias ya hemos superado los doscientos euros, acabado con algún álamo, aumentado el consumo energético y, desde luego, deforestado el inmenso bosque de la paciencia ciudadana.


Ahora las aspiraciones laborales de cualquiera serán las de ser empleado municipal para tener una nómina de dieciséis folios, aunque para su comprensión haya que pasar por la Facultad de Derecho; pero si no se es capaz de transcribir el lenguaje críptico de la leyes siempre se puede entender lo de la mala fe y la temeridad.

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