«El pequeño comercio no puede competir con estructuras muy complejas»

«Yo soy muy optimista; me sorprende cuando la gente se queja y dice que Asturias está tan mal»

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El director de la Fundación Alimerka, Antonio Blanco Prieto, en su casa en Pola de Siero.
El director de la Fundación Alimerka, Antonio Blanco Prieto, en su casa en Pola de Siero. manuel noval moro

ANTONIO BLANCO PRIETO Pola de Siero,

Manuel NOVAL MORO

Antonio Blanco Prieto, natural de Pola de Siero, es el director de la Fundación Alimerka. Ha escrito dos libros relacionados con el mundo empresarial, «Atención al cliente» y «Trabajadores competentes». El primero de ellos lleva tres ediciones y ha vendido más de 12.000 ejemplares. La principal conclusión que ha extraído de su experiencia laboral es, quizá, que cada empresa es un mundo, y que no se puede generalizar.

-El comercio local habla mucho de problemas comunes, pero apenas se debaten asuntos como la atención al cliente.

-Sí. Lo que no puede hacer el pequeño comercio es competir con estructuras comerciales muy complejas. Tiene que pensar: para el tipo de organización que tengo, hacia quién o hacia dónde quiero yo orientarlo, y ahí va a tener unas posibilidades enormes.

-¿Cuál cree que es su campo?

-Tiene que pensar en servicios individualizados, productos que lleven una larga elaboración, vincularse mucho a temas de responsabilidad social, tener una relación continua con su entorno, apoyar los centros comerciales abiertos, la colaboración para gestionar el ocio, tiempo libre, etcétera. Es indudable que hay que hacer diagnóstico, reunirse, asociarse, hablar y hablar y hablar. Primero hay que ver cuál es tu situación, si hay una disfunción, buscar las causas y después intervenir, diseñar un plan de intervención.

-Usted es hijo de comerciantes.

-Mis padres tuvieron pequeño comercio hasta hace poco. Y yo viví el exceso de trabajo que conlleva, y que a veces te limita el tiempo para pensar, para sentarte con calma a pensar en el futuro. Se trabaja bajo ritmos muy mecánicos, entonces no te planteas cómo vas a actuar en tu propio negocio, y piensas que el asociacionismo te va a dar la respuesta, porque te hace parar esa hora en la que te reúnes, y pensar; pero creo que antes de llegar a esa hora en el grupo deberías pensar antes una hora en tu casa. Creo que se está abusando un poco de los conceptos del asociacionismo. Buscamos muchas veces la solución a los problemas individuales. Que las puedes encontrar, pero primero tienes que ver también tus debilidades, tus amenazas, tu propia situación. Luego están los fenómenos de globalización, los flujos de capital, los fenómenos migratorios, un cambio muy importante al que el pequeño comercio se tiene que adaptar.

-Ahora las empresas hablan de recursos humanos. ¿No suena algo pomposo?

-Sí, y hasta irónico. Hay una película francesa excelente que ironiza mucho sobre el tema, que se titula, tal cual, «Recursos humanos», y dos libros con este título también muy interesantes desde el punto de vista irónico que tratan precisamente de eso: ¿puede ser el humano un recurso?; pero, indudablemente, cuando hablamos de una empresa estamos hablando de gestionar unos recursos para obtener un rendimiento determinado. Todo tiene su forma de enfocarse.

-Se habla también de que las empresas exigen cada vez más horas y más intensidad de trabajo, mientras que los sueldos siguen estancados.

-A mí me aburre mucho cuando escucho hablar de «las empresas». Suena como si sólo hubiese un modelo de organización empresarial, cuando hay tantas empresas como equipos directivos estén a su cargo. Tengo muy claro que las cúpulas directivas, con su personalidad y sus actitudes, las transmiten, y crean una estructura de empresa, con lo cual habrá tantos modelos de empresa como actitudes tengan sus dirigentes. No puedo entender que se hable siempre de la empresa o las empresas como si fueran un carácter singular.

-¿Y esa queja cada vez más escuchada sobre los titulados universitarios que no encuentran puestos a su medida?

-Hay un mito que se arrastra desde finales de los setenta u ochenta, de esa obsesión de las familias españolas por que sus hijos fuesen universitarios que creó una mitología falsa de que todo aquel que pasó por la Universidad es una persona brillante y por lo tanto tiene que acceder a los puestos más altos de la sociedad. Todo aquel que pasó por la Universidad española demuestra que tuvo la constancia y la motivación para pasar por una serie de pruebas, de trabas o ritos de paso para tener un título. Eso no tiene por qué estar correlacionado ni con su inteligencia ni con su capacidad analítica ni con su capacidad de trabajo. Yo conozco muchas personas con titulación universitaria, y eso es vox pópuli, con la capacidad de análisis y toma de decisiones más bien discreta.

-¿Está justificada esta fama que tiene Asturias de ser una región dependiente de la empresa pública y movida por la inercia?

-Yo creo que no tanto. En algunas zonas, quizá, pero yo soy muy optimista; me sorprende cuando la gente se queja y dice que Asturias está tan mal. Yo los animo a que se den un paseo por algunas zonas de Castilla y otras capitales, donde no hay industria.

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