Grasas y colesterol, el binomio Grande

05.07.2009 | 02:00

Celebramos en estos días el centenario del nacimiento de don Francisco Grande Covián, uno de los más insignes científicos asturianos, de proyección universal y aún de gran actualidad por múltiples motivos. El doctor Grande Covián es considerado uno de los padres de la nutrición y de la dietética modernas, es decir, de la consideración de los alimentos como nutrientes, sustancias que intervienen en los procesos fisiológicos necesarios para mantener la salud de las personas y que también pueden influir en la aparición y desarrollo de múltiples enfermedades. Integró el concepto de la nutrición en la medicina y en la medicina preventiva, trasmitiendo la idea, en la actualidad ya universalmente admitida, de que la dieta es un factor determinante de la salud y también parte fundamental del tratamiento de múltiples patologías.


Tras publicar más de 300 trabajos de investigación originales, quizá su aportación más conocida fue la demostración de la influencia del tipo de grasas ingeridas sobre los niveles de colesterol en sangre. Después de múltiples observaciones, estableció inicialmente la relación entre la ingesta de grasas en la dieta, los niveles de colesterol en sangre y la aparición y desarrollo de la arterioesclerosis y la enfermedad cardiovascular. En los años cincuenta del siglo XX emprendió una investigación, junto con los doctores Anderson y Keys, de la Universidad de Minnesota, para descubrir la posible relación cuantitativa existente entre la composición de los ácidos grasos en la dieta y su efecto sobre los niveles del colesterol en plasma. Estos estudios le permitieron postular que las grasas saturadas incrementaban las cifras del colesterol y las insaturadas, las reducían, de modo que sería necesario ingerir una cantidad de éstas doble de la de aquéllas para que el efecto total resultante fuese nulo.


Este descubrimiento cambió de forma importante las recomendaciones en cuanto a los tipos de grasas ingeridas y, por tanto, de la dieta sana. Fue, asimismo, el desencadenante de numerosas investigaciones sobre los efectos de los distintos ácidos grasos sobre los niveles de colesterol y sobre la enfermedad cardiovascular, con resultados de máxima actualidad, baste recordar los ácidos grasos omega 3, presentes ya como aditivos en numerosos productos de alimentación.


Grande Covián supo ver también la creciente importancia de la industria alimentaria en la nutrición humana, promoviendo la producción de alimentos sanos, siendo también precursor de los alimentos funcionales, tan en boga en los últimos años.


Don Paco, como era conocido por allegados, fue también un excelente profesor y un magnífico y ameno conferenciante, así como un divulgador incansable de la importancia de la nutrición en la salud humana.


Publicó varios libros explicando en un lenguaje comprensible para la población general los fundamentos científicos de la nutrición y las razones de los consejos médicos para mantener una alimentación sana y adecuada para diversas enfermedades. Su obra «Nutrición y salud», publicada a finales de los ochenta desveló los engaños de lo que ahora conocemos como «dietas milagro», desmontando todas las falsas teorías sobre la nutrición y los alimentos, explicando de forma clara y concisa cuáles eran las necesidades nutricionales humanas y las bases de una alimentación sana y equilibrada. Una obra excelente que sigue manteniendo su actualidad, y de reeditarse a buen seguro seguiría siendo un «best-seller» como lo fue entonces.


A todo lo anterior unió el profesor Grande la preocupación por los problemas sociales derivados de la malnutrición, la escasez de alimentos en gran parte del mundo, los problemas en su producción y en su distribución, ya que, como él decía, «satisfacer las necesidades nutritivas de la población es la obligación de las autoridades de cualquier sociedad».


La labor del doctor Grande Covián ha contribuido a que la nutrición constituya en el siglo XXI una rama de la fisiología y de la medicina con una trascendencia clínica cada día mayor, de una importancia fundamental para la salud humana, aunque siga estando relegada en los programas de las facultades de Medicina.


Para terminar, me gustaría recordar otra efeméride que coincide con el centenario del nacimiento de Grande Covián, y es el cincuentenario de la concesión del premio Nobel a otro asturiano ilustre, don Severo Ochoa, compañero y gran amigo de don Francisco Grande Covián.

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