2 RAMÓN DÍAZ
MARA VILLAMUZA MARA VILLAMUZA MARA VILLAMUZA 2 RAMÓN DÍAZ
Cuenta una leyenda del pueblo yakutio que los mamuts son criaturas gigantes que habitan el mundo interior (bajo tierra) y que mueren si se exponen a los rayos del Sol. Por eso sus colmillos aparecen, como por ensalmo, a poco que se excave. Se han hallado verdaderos «cementerios» de mamuts en Yakutia (Siberia oriental), lo que hizo creer a algún viajero de siglos pasados que tal cantidad de huesos sólo podía haber sido arrastrada hasta allí por el Diluvio Universal. Una sorprendente exposición, compuesta por más de setenta piezas de la fauna de la Edad de Hielo, halladas en Siberia, ocupa desde el pasado viernes una sala de 300 metros cuadrados en el Museo del Jurásico de Asturias (MUJA). Es la mejor muestra itinerante del mundo sobre fauna glacial. Una colección que hasta ahora sólo se había visto en Rusia, de donde procede, Estados Unidos y Japón, y que ha sido visitada por decenas de miles de personas. La exposición incluye reconstrucciones -realizadas con materiales naturales- de mamuts, un rinoceronte lanudo y un buey almizclero, así como huesos de bisontes, alces, potros o hienas, y hasta un esqueleto completo de un oso de las cavernas.
La muestra, titulada «Atrapados por el hielo», está llamada a ser una de las principales atracciones turísticas de la comarca oriental asturiana durante este verano. Permanecerá abierta hasta el 30 de septiembre, cuando se trasladará a Vancouver (Canadá). La colección que se muestra en el Muja ha sido reunida por el fundador y director del Museo-teatro privado moscovita «La Edad de Hielo», Fedor Shidlovskiy, quien trabaja en el rescate de material paleontológico de la «fauna de los mamuts», en Yakutia y otras zonas de Rusia, desde hace treinta años. La exposición incluye siete paneles, en los que se da cuenta de los contenidos y de algunos «secretos» de la fauna glacial.
«Bienvenidos a Siberia», primer panel de la muestra, desvela hechos sorprendentes, como que Rusia exporta cada año más de 50 toneladas de marfil, todo él procedente de las defensas fosilizadas de mamuts, lo que revela la ingente cantidad de huesos existente en Siberia. Un dato revelador: las capas de «permafrost» (partículas arcillosas unidas entre sí mediante cristales de hielo en las que se conservan los restos de los animales) ocupan todo el territorio de Yakutia y alcanzan un espesor descomunal, de hasta 1.400 metros. Otro más: en los últimos quince años se han encontrado, sólo en el norte de Siberia oriental, unos 15.000 ejemplares de mamut, pero esta especie poblaba toda Eurasia septentrional -también Asturias- y el oeste de Norteamérica, y, además, en los enterramientos se encuentra un porcentaje mínimo de los ejemplares que existieron.
«El permafrost: sarcófago de hielo», revela el excepcional estado de conservación de algunos restos de animales, incluso de tejidos blandos. Tanto es así que parece incluso posible que se puedan implantar óvulos de mamut a una hembra de elefante actual y obtener «bebés» peludos. El primer cadáver congelado de mamut fue hallado por un cazador ruso en 1799, en la desembocadura del río Lena. Desde entonces no han cesado los descubrimientos. El más sonado ocurrió en 1977, cuando un operario de una empresa que realizaba trabajos de lavado de oro halló un pequeño cadáver congelado de «bebé» mamut, al que se dio por nombre el del lugar del hallazgo, «Dima». Todos los hallazgos tienen algo en común: se encontraron en el momento preciso en «frigoríficos naturales». Los conocidos como «cementerios de mamuts» son, en realidad, concentraciones de huesos sueltos que se formaron durante milenios, en lugares donde las piezas se acumulan por la acción de corrientes fluviales. Ni rastro del Diluvio Universal.
«La fauna del hielo» explica el porqué de la aparición de animales de gran tamaño y la relación entre el crecimiento de las especies y la climatología. Con la llegada de la época glacial, hace unos 3,5 millones de años, los mamuts sustituyeron a los elefantes, y los rinocerontes lanudos a sus parientes sin pelo. Ocurrió algo similar con la mayor parte de los mamíferos. El frío provocó que aumentaran de tamaño: los animales más grandes vivieron durante la época de la gran glaciación, hace entre 300.000 y 130.000 años. Un ejemplo: la cornamenta de un bisonte macho llegaba a alcanzar los 1,8 metros de longitud.
«Preparados para el frío», cuarto panel de la exposición sobre la fauna de la Edad de Hielo, relata la evolución del grupo familiar al que pertenecen los mamuts y los elefantes, desde hace 60 millones de años, cuando sus antepasados tenían el tamaño de un perro mediano y pesaban entre 10 y 15 kilos, hasta hace 15 millones de años, cuando surgió la anatomía moderna de esta familia de mamíferos. Las defensas de un mamut macho -algunas pueden verse en la muestra abierta el viernes en el Museo del Jurásico- podían alcanzar los 4,5 metros de longitud y más de 130 kilogramos de peso. La especie, pese a que se originó en África, estaba perfectamente adaptada para las condiciones extremas que se registraron durante la Edad de Hielo. Del mamut, gracias, sobre todo, a los hallazgos de Yakutia, se sabe casi todo. Resta por conocer su color. Es posible que fueran gigantes de color gris plateado, con cachorros blancos como la nieve.
«El despertar de los gigantes» reúne leyendas populares sobre los mamuts, algunas de las cuales relacionan a esta especie con los unicornios, los cíclopes, serpientes o lucios gigantescos, e incluso con San Cristóbal, pues en Valencia un diente de mamut llegó a ser venerado durante años como resto de este santo. El primer dato escrito sobre un mamut dada del año 1254. Se creyó durante un tiempo que los mamuts eran los descendientes de los elefantes de Alejandro Magno, que llegaron a Siberia después de su campaña en la India. Las leyendas en torno al mamut continúan en la actualidad; por ejemplo, en forma de rumores sobre que ya se ha clonado, o se clonará en breve, esta especie en laboratorios secretos.
«Razones de una extinción» se refiere al enigmático final de buena parte de las especies que integraban la fauna de la Edad de Hielo. Los últimos mamuts vivieron en Rusia, hace 4.600 años, cuando florecían las civilizaciones del Antiguo Egipto, Mesopotamia y China. Los mamuts desaparecieron, como casi todos los grandes mamíferos, con la llegada del ser humano. En Ucrania y Rusia existen poblados enteros (probablemente edificios de culto) construidos con miles de huesos de mamut. Pudieron existir otras razones que «ayudaron» a la extinción de la fauna glacial, como el calentamiento del planeta que, curiosamente, produjo el engrosamiento de la capa de nieve en el hábitat que ocupaba la especie, pero la acción del ser humano parece determinante.
«Yakutia (Siberia): un paisaje fascinante» subraya que la Yakutia moderna es una especie de inmenso parque natural de la fauna glacial, una reserva intacta e impresionante, con 300.000 ríos impolutos, 700.000 lagos y 2,25 millones de kilómetros cuadrados (más de cuatro veces la superficie de España) de bosques vírgenes. Algunos representantes de la «fauna de los mamuts» han sobrevivido: los lobos, el oso pardo, el reno, el alce, el zorro polar y muchas aves aún habitan la tundra y la taiga de Yakutia. El panel revela que durante los últimos años se han reintroducido con éxito en esta república rusa los bueyes almizcleros, traídos desde las islas árticas de Norteamérica, y el bisonte de los bosques canadienses, que se habían extinguido en Siberia hacía varios siglos.
Existe asimismo un ambicioso proyecto para organizar una reserva natural de la «fauna de los mamuts» en un lugar pintoresco de Yakutia, llamado Pilares del Lena. Será imposible recuperar todas las especies de la Edad de Hielo: el león de las cavernas, el oso cavernario, el uro, el rinoceronte lanudo y el mamut desaparecieron para siempre. Reconstrucciones exactas de estos gigantes del hielo, creadas por taxidermistas profesionales rusos, podrán verse durante todo el verano en el MUJA.
La reconstrucción de un mamut adulto, con más de seis metros de largo y tres de alto (la cabeza roza el techo de la sala), es la pieza central de la exposición sobre fauna glacial que puede verse durante estos días en el Museo del Jurásico de Asturias, compuesta por reconstrucciones y restos del Museo-teatro privado «La Edad de Hielo», de Moscú, que alberga la mayor colección del mundo sobre la denominada «fauna de los mamuts». Pero hay mucho más que ver en la muestra colunguesa, que obtuvo un extraordinario éxito de público durante su estancia en los Estados Unidos y Japón. Por ejemplo, un esqueleto completo de oso de las cavernas, tal como fue hallado por los científicos en Siberia, o espectaculares cráneos de alces y bisontes prehistóricos, con cuernos que superan el metro de longitud. Y también una destacada colección de defensas de mamuts o el cuerno nasal de un rinoceronte lanudo.
A diferencia de lo que suele ocurrir en este tipo de exposiciones, los visitantes pueden tocar las piezas (los científicos aconsejan, incluso, olerlas, puesto que aún conservan aromas propios de su excelente estado de conservación). La mayor parte de los restos tienen entre 50.000 y 100.000 años de antigüedad y están tremendamente «frescos» gracias a los «frigoríficos» naturales en los que se han conservado durante milenios, las capas de «permafrost», integradas por diversos materiales, principalmente por hielo macizo y una masa muy dura, parecida al cemento, compuesta por partículas arcillosas unidas entre sí mediante cristales de hielo: el conservante perfecto.
La exposición sobre la Edad de Hielo quedará definitivamente montada mañana, lunes, ya que aún no han llegado a Colunga parte de las piezas. Faltan las que se corresponden con los esqueletos, que llegaron ayer al puerto de Gijón, a bordo de un barco procedente de la costa atlántica estadounidense.