2 CARMEN PÉREZ NOVO GINECÓLOGA
Vivimos en la era hiperlight. Todo es ligero, incluido el ser humano. Los valores que importan son materiales y efímeros. Se busca la diversión como objeto supremo, el placer a toda costa, la permisividad, la libertad como valor absoluto que puede justificar cualquier conducta, como si no se tuviera la obligación de asumir las consecuencias de los propios actos.
Porque no hay disciplina y se ha perdido el sentido de la responsabilidad y del deber. Por si fuera poco, la televisión se convierte en algo omnipresente y todopoderoso, con todas las influencias dañinas que conlleva. Porque, a través de este poderoso medio de comunicación, se banaliza la violencia y el sufrimiento, se manipulan las noticias, se miente, se calumnia, se descalifica, se grita, se insulta. Además, sirve como vehículo para la creación de modelos sociales, cuyo único objetivo consiste en amasar dinero y un sinfín de bienes materiales.
Pero eso es lo que hay. Todas las encuestas apuntan a que cada vez es mayor el número de personas que se pasan horas y horas delante del televisor. Quizás por eso, para mantenernos entretenidos y que el despiste nos alcance, se permiten estos programas. Pero, todo ello, es muy dañino para el progreso humano. Porque, ¿no supone, acaso, un ataque hacia la inteligencia y la sensibilidad?
Lo cierto es que ante esta situación, muchas personas navegan sin rumbo. Porque carecen de pautas claras y coherentes para conducirse. Confunden la excitación con la intensidad. Valoran lo que no tienen por no tenerlo y lo que han perdido por haberlo perdido. Se pasan la vida consumidos entre la ansiedad y la nostalgia; en cambio, viajan por el presente con velocidad e indiferencia. Y caen en un vacío interior, por más que traten de rellenar, con cosas materiales, ese hueco ya de por sí repleto de objetos de quita y pon.
¿No les parece absurdo vivir de esta manera? ¿Acaso no es esto una verdadera crisis? Por eso, si queremos vivir plenamente, sentir la vida colmada e integrada al mundo que nos rodea, tenemos que querellarnos con una parte importante de la cultura actual, que nos ha infestado de insatisfacción. ¿Y después? Pues eso ya supone un trabajo individual. Porque es preciso un cambio de mentalidad. De creencias. ¿Y cómo se consigue? Lo iremos viendo. De hecho, muchas personas ya se apuntan al cambio. ¿Es usted una de ellos? Pues póngase en contacto conmigo.