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Tras valorar diversas posibilidades, entre ellas pasar a las líneas republicanas, optó por esconderse en la casa de la familia Rosales. Allí fue detenido por Ramón Ruiz Alonso, un ex diputado de la CEDA, el 16 de agosto, el mismo día en el que su cuñado, Manuel Fernández Montesinos, había sido ejecutado.
El poeta fue trasladado al Gobierno Civil donde permaneció hasta el 17 de agosto, cuando fue trasladado a La Colonia, una villa de recreo a las afueras de Víznar que hacía las veces de fugaz prisión para los que serían «paseados». En La Colonia, según el testimonio que recogió Ian Gibson de José Jover Tripaldi, el joven guardia encargado de la custodia del poeta, fumó nervioso al conocer cuál sería su destino. Justo antes de salir para ser asesinado, pidió confesarse, algo que ya era imposible. Federico, siempre según Jover, trató de rezar, pero no recordaba ninguna oración.
Al amanecer del 18 de agosto, un mes después del día de su santo que quiso pasar con su familia, Federico García Lorca fue obligado a caminar por la carretera en el paseo entre Víznar y Alfacar junto al maestro de las escuelas nacionales Dióscoro Galindo y los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas. Después vino el silencio.