2 CARMEN PÉREZ NOVO
GINECÓLOGA
El cáncer de mama es una patología muy frecuente en las mujeres. En la última década no sólo han aumentado en frecuencia los tumores malignos sino que también aparecen a edades cada vez más tempranas. Entre los posibles factores predisponentes se habla de la alimentación rica en grasas, que favorece el aumento de las hormonas estrogénicas, el estrés continuo de los países industrializados y el uso indebido de hormonas.
Pero todo son especulaciones. Hasta la fecha se desconocen las causas de esta patología. Ahora bien, al tener la glándula mamaria tan fácil acceso resulta relativamente sencillo llevar a cabo un diagnóstico precoz, sin duda el arma más eficaz que tenemos en la lucha contra este mal y que va a contribuir a mejorar el pronóstico de la enfermedad, ya que permite plantear una estrategia para combatirlo en varios frentes de manera simultánea.
En la actualidad, contamos con el apoyo de modernas técnicas para localizar los posibles tumores cuando aún están en fases iniciales. O sea, que si se descubre a tiempo, cuando sólo está afectado el tejido mamario, es curable en un elevado porcentaje de casos.
Uno de estos estudios es la mamografía, prueba radiológica que permite conocer el estado de la mama y que debe realizarse de forma sistemática desde los 40 años. A partir de esa edad, la periodicidad la marcará el especialista, aunque, en líneas generales, será anual.
En la actualidad, las estadísticas confirman que las mamografías rutinarias y periódicas podrían reducir un tercio el índice de mortalidad por cáncer de mama. Los modernos aparatos no implican el mínimo riesgo; la radiación que pueden emitir es despreciable.
Por eso, afortunadamente, un diagnóstico de cáncer de mama no significa una sentencia de enfermedad incurable. Eso es lo primero que tienen que asumir todas las mujeres que estén dispuestas a plantarle cara. Hay que tomárselo como un reto más en la vida.
Una lucha como tantas otras que afrontamos en nuestra evolución como individuos. Ahora bien, señoras y señoritas, recuerden que esta enfermedad no duele hasta que está muy avanzada.
Para beneficiarse de una detección temprana, es necesario llevar a cabo la autoexploración mamaria mensual, acudir a las revisiones periódicas al ginecólogo, sin olvidar la práctica regular y sistemática de la mamografía.