2 JAVIER BLANCO
Llegó Dylan con «Christmas in the heart», sus villancicos para recaudar y aliviar el hambre de muchos millones de personas en Estados Unidos, y a la par se despertó el monstruo prenavideño de la industria del disco. Monstruo fue precisamente una serie discográfica que rivalizó e incluso tumbó a las potentes campañas de verano, también había Monstruo del verano. Era el disco tipo de música a granel, con éxitos del año, que se reunían ahí de una tacada. Los discos recopilatorios fueron cambiando hasta convertirse en selecciones tecno y de otros géneros, aunque con algún que otro «mensaje» navideño en sus distintas colecciones.
Y es que las Navidades dan de sí. El citado reclamo del villancico es un clásico al que se agarraron muchos clásicos. Dylan tiró de piezas muy celebradas a lo largo de la historia de la humanidad, esos villancicos de toda la vida adornados con coros y campanillas; al menos haciendo constar algunos de los elementos inequívocos de estas fechas tan sensibles. Y así fue siempre. En España tentaron el villancico casi todos, y se recuerda especialmente el «En el portalín de piedra», de Víctor Manuel, o, de Raphael, el «Tamborilero», que incluye Dylan en versión «anglo» en este disco.
Rosana, en sus años de gloria absoluta, lanzó su villancico, que alcanzó los puestos altos en las listas de éxito. Era «En Navidad», pieza con una carga de compromiso social muy actualizado. Y los hubo hasta discotequeros (de la vieja discoteca), con «Boney M» y su «Feliz Navidad», que aún es objeto de «pinchada» en el cierre de los cotillones de Fin de Año. Sin olvidar «Los peces en el río», que lo cantó todo quisque. Un serial impresionante que ya viene de lejos, de los tiempos de Bing Crosby y otros crooners.
También entra en este campo el mundo de la música clásica. De hecho, estas fechas se acelera y aumenta su mercado. Las compañías se apresuran a lanzar colecciones de todo tipo, desde misas de los grandes autores hasta reediciones de Mozart o Beethoven, por citar sólo dos ejemplos. Sin olvidar el rollo vienés, con su valses, y las reediciones -por decenas- de los conciertos de Año Nuevo y su eterna «Marcha Radetzky». No digamos ya las numerosas colecciones que salieron a la calle, y saldrán, de los «Tres Tenores», del canto gregoriano, que fue toda una invasión no hace mucho y encumbró a los monjes de Silos y a su abad, el padre Clemente. Y, claro, queda para los capítulos que irán sucediéndose sobre este tema el arsenal de recopilatorios discográficos con música infantil. Ése ya es un campo enciclopédico en el que puede aparecer de todo, desde las viejas piezas de los juegos («El corro la patata», en versión actualizada) hasta éxitos de pop menudo que en su día fueron fenómeno de fans. Cómo no, las músicas de anuncios, ya sean de muñecas Famosa o lacrimógenos como el de El Almendro, dan también para recolecciones en disco.
En fin, se acaba de despedir el verano, y ya entra el mercado navideño. La travesía será larga y no se sabe si en CD o ya serán colecciones para otros soportes.