2 NACHO REGGIANI
Durante todo el día de hoy, los uruguayos decidirán su futuro en unas elecciones presidenciales inéditas. Por primera vez en su historia, la izquierda uruguaya buscará la continuidad en el oficialismo, a diferencia de todas las elecciones anteriores, donde intentaba llegar al poder desde la oposición.
Dos millones y medio de ciudadanos están habilitados para votar hoy y elegir presidente y vicepresidente para el período 2010- 2015, así como 30 senadores y 99 diputados, además de poder participar voluntariamente en dos plebiscitos. Uno, para derogar la ley de Caducidad (amnistía) para violaciones a los derechos humanos y otro para habilitar el voto por correo de los uruguayos que viven fuera de su país.
Las encuestas apuntan a que la decisión final se conocerá el próximo 29 de noviembre, tras la segunda vuelta. La gran mayoría de los analistas coincide en que parece muy difícil que José Mújica, candidato por el oficialista Frente Amplio y líder en los sondeos de opinión, alcance la mitad más uno de los votos totales, condición que establece la Constitución uruguaya para proclamarse presidente en primera vuelta. Si nadie discute el triunfo de Mújica en la primera vuelta electoral, pocos se atreven a vaticinar lo que podría ocurrir en el ballotage. En esa hipotética segunda votación, la coalición de los partidos tradicionales podría cambiar el resultado final. Tanto el Partido Nacional (conocido como «blanco») como el Colorado han fijado como objetivo alcanzar la segunda oportunidad, donde sus opciones de retornar al poder aumentan considerablemente. Los uruguayos deciden, entonces, si el paso de la izquierda por el poder se limitará a los cinco años de gobierno de Tabaré Vázquez y retornan a la histórica alternancia entre blancos y colorados o si, por el contrario, se consolida un nuevo bipartidismo entre los representantes de la centroderecha, ya sea de estilo liberal (Colorado) o más conservador (Blanco), y la izquierda (Frente Amplio).
Hasta la aparición del Frente Amplio en 1971, que aglutinó a muchas agrupaciones de la izquierda uruguaya hasta entonces atomizada y, por ende, sin opciones de triunfo electoral, se habían alternado en el poder Blancos y Colorados, con preeminencia clara para estos últimos. El Partido Colorado gobernó ininterrumpidamente entre 1865 y 1959. Regresó al poder en cinco ocasiones más hasta que fue desalojado por el Frente Amplio en 2004. El Partido Nacional (Blanco) ha sido el adversario histórico de los Colorados, a los que logró vencer a través de las urnas en tres ocasiones.
El hombre que consiguió quebrar esa hegemonía de los partidos tradicionales es Tabaré Vázquez, médico oncólogo nacido en Montevideo el 17 de enero de 1940, quien obtuvo la Presidencia el 31 de octubre de 2004 tras derrotar al candidato «blanco» Jorge Larrañaga y al «colorado» Guillermo Stirling. Vázquez, que se había presentado sin éxito en los dos comicios anteriores, evitó la temida segunda vuelta al lograr el 50,45% de los votos.
El primer presidente izquierdista de Uruguay puede exhibir con orgullo el alto grado de imagen positiva con el que cierra su mandato, superior al 60% de aprobación. Esa buena imagen llevó a sus seguidores a sugerir la posibilidad de que se presentara a la reelección, para lo cual hubiera tenido que convocar una reforma de la Constitución, que impide la reelección consecutiva. A contramano de la nociva tendencia latinoamericana de adaptar las leyes a los deseos personales, el propio Vázquez desechó esa posibilidad y apoyó a su ex ministro de Economía, Danilo Astori, en los comicios internos del Frente Amplio, que finalmente perdería con José Mújica. Las diferencias entre Vázquez y Mújica parecen haber conspirado contra la candidatura del Frente Amplio, a pesar de que el actual presidente se ha mostrado más cercano al candidato en los últimos tramos de la campaña ante la necesidad de buscar el voto de los indecisos que podría evitar la segunda vuelta.
Proveniente del sector agrario, el senador «Pepe» Mújica fue integrante armado del grupo guerrillero Tupamaros desde los años sesenta, pasó a la clandestinidad y fue varias veces apresado por la Fuerzas Armadas, sumando un total de alrededor de 15 años privado de su libertad. De la mano de Tabaré Vázquez, formó parte del Gobierno como ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca entre 2005 y 2008. Se reconoce amigo de los Kirchner, aunque se ha esforzado en aclarar que admira las gestiones de Lula Da Silva en Brasil y de Michelle Bachelet en Chile, en un planeado intento por mostrarse moderado ante el recelo que despierta en buena parte del electorado. El mismo Mújica estuvo a punto de dinamitar su candidatura cuando se publicó el libro «Pepe Coloquios», autorizado por él mismo y resultado de horas de diálogo con el periodista uruguayo Alfredo García. En él asegura que algunos sectores de su propia coalición son «una máquina de conseguir puestos», que admira a la tribu africana de los kung san porque, según él describió «los tipos laburan (trabajan) dos horas para vivir y lo demás lo pasan de joda y chusmerío». En realidad, los kung san se distinguen por su generosidad derivada de la inexistencia del concepto de propiedad privada o de acumulación de bienes. También tuvo Mújica en el libro un recuerdo para los vecinos del otro lado del Río de la Plata: «No se puede creer que la Argentina es un pueblo de tarados», o «los Kirchner son peronistas patoteros, de izquierda, pero una izquierda que ¡mamma mía!, una patota». Tras varias aclaraciones que sólo complicaban más la situación, Mújica explicó que sentía un gran cariño por Argentina y que tendría que «aprender a callarme la boca un poco más». La oposición no perdió el tiempo y ataca a Mújica asegurando que el extremismo que muestra en el libro es su verdadero carácter.
El otro candidato con posibilidades reales de obtener la Presidencia es el ex presidente Luis Alberto Lacalle, del Partido Blanco, quien rompió todos los pronósticos al sacar más votos en las internas de su agrupación que el propio Mújica en las del Frente Amplio. Abogado y heredero de una familia tradicionalmente ligada a la política, presidió Uruguay entre 1990 y 1995 y, tras ser derrotado en las internas de 1999 y 2004, ha resurgido con fuerza para aplastar al precandidato Jorge Larrañaga, quien fuera derrotado por Tabaré Vázquez en las presidenciales de 2004.
Los últimos sondeos otorgan aproximadamente a Mújica un 44% de intención de voto, por un 30% para Lacalle y un 11% para el candidato «colorado» Pedro Bordaberry. Pablo Mieres (Partido Independiente) y Raúl Rodríguez (Asamblea Popular) no llegan al 2%. La clave pasa por los indecisos, que alcanzan el 12%. En las filas del Gobierno nadie quiere recordar las elecciones de 1999, cuando, en primera vuelta, Tabaré Vázquez logró algo más del 40% de los votos, contra el 32% de los Colorados y el 22% de los Blancos. En la segunda vuelta, la «alianza rosa», como algunos llaman en Uruguay a la mezcla de colorados y blancos, se quedó con la Presidencia con el 54% de los sufragios. Matemática pura.