El sueño, la necesidad de dormir, es intrigante. Puede ser una bendición o una tortura. Antes se pensaba que era un período de reposo cerebral y sensorial. No es exactamente así. El cerebro está activo, de otra forma, y en algunos momentos, mucho. Lo que no cabe duda es de que hay una ausencia o disminución de movimientos.
Con la actigrafía aprovechamos esta característica para estudiar el sueño. Consiste en colocar un dispositivo en la muñeca que lleva un sensor de movimiento. Tiene las ventajas frente a otros métodos de que no interfiere en la vida diaria y que se puede registrar la actividad de unos veinte días. La información grabada se vuelca en el ordenador y sólo queda analizarla. Basta una inspección visual para darse cuenta de los períodos de reposo y, mediante algoritmos sofisticados, uno puede especular sobre los despertares ocurridos durante el tiempo dedicado al sueño. Sin embargo, tiene varias limitaciones. La más importante es que si el insomne logró aprender a permanecer quiescente, el actígrafo no sabrá que no duerme. Otra es que no distingue las fases del sueño. Y, desde luego, no es útil para detectar la apnea del sueño: paralización de la respiración periódica, que produce un sueño ineficaz, además de otros trastornos fisiológicos. De todas formas, tiene su utilidad y nosotros lo hemos empleado mucho para conocer la calidad del sueño en personas que creen que duermen mal y en los trabajadores que hacen turnos. Sorprende que no siempre coincide la percepción que uno tiene de cómo durmió y lo que ocurrió, en ambas direcciones, personas que apenas duermen y no lo saben y lo contrario.
Una característica del sueño es la periodicidad. En el ser humano ocurre cada 24 horas, circadiana (cerca de un día) y en cada bloque de sueño hay ciclos y fases. Tras lo que se llama la vigilia inicial viene la fase 1, que dura entre 30 segundos y 7 minutos; es cuando algunas veces se producen movimientos bruscos de los miembros, llamados mioclonias. Son normales y más frecuentes cuando se está cansado o en un ambiente diferente. Es una fase muy inestable en la que pueden aparecer microdespertares. En la fase 2, ya se entra de lleno en el sueño, la actividad eléctrica se lentifica y se mantiene algo de tono muscular, pero donde la relajación es mayor es en las fases 3 y en la 4, en las que las ondas cerebrales laten sincrónica y lentamente, los músculos están bastante distendidos y apenas se perciben los estímulos exteriores. Son fases que pueden durar, en adultos jóvenes, hasta 1 hora en el primer ciclo de sueño, que se completa con el sueño llamado Rem, de unos 20 o 30 minutos. En cada ciclo, que dura unos 90 minutos, las fases 3 y 4 serán más cortas hasta llegar a desaparecer y cada vez que finaliza una fase Rem, más larga cada vez, la vigilia está más próxima: es más fácil despertar. En español se intentó acuñar el acrónimo Mor por Rem para designar las fases del sueño con movimientos oculares rápidos, porque ésta es la característica más llamativa, pero no la única: la actividad cerebral es casi indistinguible de la vigilia; sin embargo, el tono muscular está ausente excepto en los períodos fásicos en los que se producen mioclonias. Es en el sueño Rem cuando ocurre la mayoría de las ensoñaciones, pero también pueden aparecer en el sueño no Rem.
Todo el mundo sabe que los ancianos duermen peor que los niños. Duermen menos, pero, curiosamente, el tiempo dedicado al sueño Rem no varía desde que se estabiliza en la adolescencia. Los niños dedican más tiempo a dormir, hasta 14 o 16 horas un recién nacido y la mitad al Rem. Las que disminuyen en el anciano son las fases 3 y 4, prácticamente inexistentes, y aumentan los despertares, sobre todo en la segunda mitad de la noche. Otra característica es que entra rápidamente en fase Rem. ¿Duermen menos porque no lo necesitan? Es posible, pero también puede que sea porque se hayan deteriorado los mecanismos del sueño. De hecho, muchos ancianos tienden a dormitar durante el día.
El sueño no es un período plácido para mucha gente. La patología del sueño es objeto de estudio y en Asturias contamos con excelentes especialistas, de los que aprendo continuamente. Pero nadie sabe todavía cómo resolver el insomnio común Los somníferos son una opción usada con prudencia y profesionalidad. Lo mejor es seguir unas reglas conductuales: asociar horario y cama con dormir, más estricto cuanto peor sea el sueño; asignar unas horas al sueño independientemente de cómo se haya dormido y no se debe permanecer en la cama insomne; hay que levantarse, ir a otra habitación y leer o no hacer nada (no ver televisión) hasta que vuelva el sueño. Da igual si la dificultad para dormir es al acostarse o en la mitad de la noche. La cama en los insomnes sólo para dormir. Y amar.