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Johnny Depp, al abordaje del éxito

El actor, que alterna cine independiente y comercial en su carrera, ha sido elegido como el hombre más sexy del mundo y cobrará un sueldo astronómico por «Piratas del Caribe 4»

 
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Johnny Depp, al abordaje del éxito
Johnny Depp, al abordaje del éxito  Johnny Depp.
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2 TINO PERTIERRA Ni George Clooney. Ni Brad Pitt. Ni Leonardo DiCaprio. Johnny Depp es el hombre más sexy del mundo según la revista «People». Y no es la primera vez que le echan flores encima: ya ganó en 2003. El «rey del buen rollo con las mejillas más seductoras». Así lo etiqueta la publicación para justificar una distinción que tal vez no contente a todo el mundo: Depp es una estrella muy particular que no deja indiferente a nadie, despierta pasiones e inquinas no sólo por su físico, tan alejado de lo convencional, sino también por sus registros interpretativos. La fama que le ha caído encima por encarnar al pirata Jack Sparrow es engañosa: antes, Depp era más bien el prototipo de actor empeñado en mantenerse alejado de la cumbre, con una carrera marcada por apuestas casi siempre arriesgadas y más próximas al cine independiente que a la maquinaria hollywoodiense.

Actor de mirada esquiva y melancólica, turbada o, en casos extremos, burlona y desdeñosa, Johnny Depp se distinguió en un primer momento por elegir con bastante cordura los proyectos difíciles y fallar con estrépito en sus amagos más comerciales. Surgido de las oníricas y sanguinolentas fauces de Pesadilla en Elm Street (quién lo diría), al enjuto Depp lo cazaron en seguida los cineastas, que, por su forma de encarar la realidad para hacerla irreal hasta el delirio, encontraron en su mirada un aliado perfecto. Tras hacerse famosillo con la serie de televisión Nuevos policías, la pantalla grande le hizo sitio. John Waters lo convirtió en El lágrima, y, aunque la película era poca cosa, aquella cara melancólica y aguada llamaba la atención. Llamó la de Tim Burton, por ejemplo, que necesitaba algo así para su Eduardo Manostijeras: un ser cortante y quebradizo, de vida extraña e incomprendida que vagaba entre luces de cuento de hadas y sombras de relato de terror.

La suerte estaba echada y Depp se aupó a los primeros puestos en las preferencias de los directores que vagabundean por circuitos ajenos al Hollywood más convencional. Emir Kusturica le hizo vivir El sueño de Arizona, una película muy especial pero de flacas posibilidades comerciales. Jim Jarmursch también le sacó mucho provecho en Dead man, western que a veces producía fastidio y otras fascinación, sobre todo en su hermoso y (aquí se puede usar el término sin traicionarlo) poético final. Pero sería Burton, de nuevo él, quien le diera el papel de su vida: Ed Wood. Depp nació para encarnar a ese director tan torpe como irresistible, hasta el punto de que no se entiende esa película sin su presencia entrañable e inquietante, patosa y frágil.

Mientras eso ocurría, Depp se atrevía con cuentagotas a participar en proyectos mucho menos osados, alguno abiertamente comodón. Benny and Joon o ¿A quién ama Gilbert Grape? Iban de modestas por la vida, así que no sería justo cebarse en ellas. La primera sólo interesa por la divertida imitación que hacía Depp de Buster Keaton, con el que tiene más de un punto en común, y en la segunda, más interesante, solventaba sin despeinarse un papel ideal para lucirse. Pero tanto Don Juan de Marco como A la hora señalada no dieron los frutos apetecidos y parecían recordar al actor que lo suyo va por otros caminos y que sólo si el director es de confianza, como en La novena puerta (un Polanski de vuelos bajos) le compensa tontear con la taquilla. Tampoco Donnie Brasco (eclipsado por Al Pacino) y la mareante Miedo y asco en Las Vegas) le sacaron las taquillas del fuego. El inesperado éxito de Piratas del Caribe, sin duda motivado en gran parte por su personaje de pirata socarrón y desaliñado, con el que se compensaban los corsés de la convencional pareja protagonista, hizo de Depp una estrella con todas las de la ley gracias a un papel que le venía como anillo al dedo de granuja a todo ritmo, aunque él se empeñó en mantener intacto su estatus de actor imprevisible con sus trabajos para Tim Burton (imitando al difunto Michael Jackson en Charlie y la fábrica de chocolate o patinando en la fallida Sweeney Todd). Su magnífico trabajo en Enemigos públicos y la próxima colaboración con Burton en Alicia en el país de las maravillas preceden la llegada de una cuarta entrega de los piratas en la que su protagonismo ya será absoluto... y muy bien pagado: se rumorea que podría cobrar 56 millones de dólares por volver a interpretar al capitán Sparrow.

Depp, nacido en 1963 en Kentucky, tiene sangre alemana, cherokee e irlandesa. Cuando sus padres se divorciaron quiso ser músico de rock, pero de casualidad (gracias al hoy arruinado Nicolas Cage) fue a una prueba de cine y así empezó todo. Su época turbulenta ya pasó (sobre todo tras romper con Wynona Rider) y ahora vive su momentazo de gloria junto a Vanessa Paradis.

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