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Una operación que conserva al máximo la capacidad del pulmón

Los médicos asturianos Álvarez-Cofiño y Jaime Martínez explican la intervención realizada a don Juan Carlos

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Una operación que conserva al máximo la capacidad del pulmón
Una operación que conserva al máximo la capacidad del pulmón  
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Oviedo, Eduardo GARCÍA

T1a N0 M0. Al común de los mortales esta «ecuación» médica le dice poco; a los profesionales de la medicina los tranquiliza.

El pronóstico del nódulo extirpado al Rey Don Juan Carlos en su pulmón izquierdo se explica a través de estas siglas, que tienen su significado. «T» es el tamaño del tumor: «T1a» supone un tumor de menos de dos centímetros de diámetro. La clasificación llega hasta el T4. La «N» se refiere a los ganglios afectados, y el «cero» que acompaña en el caso del diagnóstico del Rey indica que no hay atisbo de metástasis. El peor escenario en este caso sería un N3. Por último, la «M» se refiere a la distancia de los signos de metástasis en relación con el nódulo. Así que el T1a N0 M0 es la mejor de las alternativas.

Son explicaciones de José Luis Álvarez-Cofiño, cirujano torácico en el Centro Médico y cardiaco en el Hospital Central (HUCA), y de Jaime Martínez Gonzaléz-Río, jubilado de la jefatura del servicio de neumología del HUCA y aún en ejercicio en el Centro Médico.

Técnicamente la operación practicada al Rey es una resección en cuña en la parte superior del pulmón derecho. «Es una intervención sencilla que se puede practicar en cualquier servicio de cirugía torácica de España», asegura Álvarez-Cofiño. Una intervención que permite conservar al máximo el tejido funcional del pulmón afectado, y de menor entidad que una lobectomía (se extirpa un lóbulo) o una neumonectomía (se extirpa el pulmón entero). El pulmón derecho, el afectado en este caso, tiene tres lóbulos y genera el 55% de la función pulmonar en el ser humano. El pulmón izquierdo, tan sólo dos. No es un capricho de la naturaleza, es para dejar sitio al corazón.

Lo más probable es que el Monarca se haya sometido a un PET, un método de análisis de imagen que nos da el grado de captación de glucosa por parte de células supuestamente malignas, «pero no siempre el PET es certero al 100%», explica Cofiño. El PET se suele realizar si los facultativos observan crecimiento en la imagen radiológica.

Los médicos, con los datos en la mano, decidieron abrir. Se trata de una cirugía para diagnóstico. Se extirpa la zona afectada y se manda a patología. En poco más de 15 minutos los patólogos ya pueden conocer los resultados. La pieza extraída se congela para endurecerla, se corta en láminas muy finas, se tiñe y se mira al microscopio. Se trabaja contra reloj para aportar cuanto antes una información a los cirujanos. «No es mucho tiempo de espera, pero a todos se nos hace larguísimo».

Es muy importante analizar los bordes de la pieza extraída para comprobar si presentan afectación tumoral. Si es así, el paciente debe ser sometido a un tratamiento posterior o a una nueva cirugía. Los dos médicos asturianos también señalan la conveniencia de «quitar los ganglios linfáticos en el mediastino, que es el espacio entre los dos pulmones.

¿Cómo es un pulmón? Los neumólogos lo explican gráficamente: como una esponja, con una enorme capacidad de expansión. Para operar se procede a deshincharlo, anulando la ventilación. Es en esas condiciones cuando el nódulo queda perfectamente localizado, lo que permite el trabajo de los cirujanos.

Cuando el paciente llega a la mesa de operaciones los médicos han tenido que evaluar los factores de riesgo. El tamaño de la «mancha», las características de sus bordes y la edad del paciente. Una prueba complementaria puede dar muchas pistas, pero no siempre. Se trata de la PAAF (punción aspiración aguja fina). Se pincha al paciente en busca de células del nódulo para su análisis posterior, pero para eso es necesario que el nódulo tenga un determinado tamaño.

La mayoría de las cirugías torácicas se realizan desde una de las zonas laterales del tórax. «Para dejar el lóbulo donde se localizaba el nódulo los médicos que realizaron la operación al Rey tienen que estar muy convencidos de que no es maligno». Extirpar un lóbulo es algo más serio, pero no deja de ser una intervención frecuente, superable por cualquier paciente con buena función pulmonar, como es el caso de don Juan Carlos, quien, sin embargo, está en edad de riesgo y, no lo olvidemos, es fumador de puros.

«Don Juan Carlos reúne las condiciones para poder tolerar una intervención con posibilidades de resecabilidad total del posible tumor», señala Jaime Martínez.

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