Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Oviedo, juez excedente y abogado
2 Javier Neira
Fernando Gómez de Liaño es catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Oviedo, donde lleva 28 años dando clase. Acaba de publicar «De los jueces, de los abogados y de los juicios», su libro número 50. Perteneciente a una familia castellana de juristas y oculistas, es asimismo juez excedente y durante dos décadas largas se dedicó al ejercicio libre de la abogacía. Sabe de lo que habla cuando repasa el universo de leyes, preceptos, normas, instancias, tribunales o sentencias que a veces parecen copar la actualidad nacional.
-En España mandan los juristas.
-No, los partidos.
-Plagados de abogados, de profesores de Derecho y de juristas en general.
-Los jueces, por ejemplo, tienen un poder limitado.
-Pues el Tribunal Constitucional decide incluso sobre la desaparición de España.
-¿Quién lo dice?
-Bueno...
-El Constitucional está muy desacreditado. Afirma muchas cosas que no son de recibo. Pero no ha dicho que España desaparece.
-La reciente historia va en esa línea.
-La desaparición de España estaría en su fragmentación y en la desigualdad que son anticonstitucionales. No puede haber discriminación por territorios.
-Acabáramos.
-Aquí pagamos impuestos de sucesiones y en Castilla y León no. O la gasolina, que tiene precios diferentes e impuestos diferentes. Se ha llegado a un sistema inconstitucional a través de las comunidades autónomas. Mi compañero de otra Universidad tiene un sueldo diferente para la misma función. Y mis sucesores pagarán aquí impuestos pero no los de mi hermano, que vive en la comunidad vecina. Es inadmisible.
-¿Cómo se resuelve esa contradicción?
-La Constitución no se cumple, ni en la igualdad ante la ley ni en el secreto de las comunicaciones que se lo han cargado ni en la responsabilidad de los jueces, pues mismamente al juez Garzón le han puesto cien euros de multa por incumplir la obligación de ratificar unas prisiones y por eso salieron a la calle unos sujetos peligrosísimos mientras que la sanción fue mínima. Vaya broma pesada. Y la indemnización por los daños causados por errores judiciales es un cuento chino. Más aún, al presidente del Supremo lo nombra el Consejo General pero lo designó Zapatero cuatro meses antes.
-¿Hace falta otra Constitución?
-No, hace falta otro talante. Que se cumplan las normas. Para qué cambiar la Constitución si no cumplimos la que tenemos.
-¿Qué le parece el plante de Murcia ante la nueva ley del aborto?
-Vivimos en reinos de Taifas. Ahí está el caso del presidente de Cataluña y sus salidas de tono. Ha jurado cumplir la Constitución.
-Y fue ministro.
-La Constitución no hay que cambiarla, sino cumplirla.
-A la hora de cumplir las leyes...
-Hay una ineficacia enorme. Casi el 90 por ciento de las causas penales no termina en sentencia condenatoria. Falla la investigación penal. Se incumple el precepto constitucional relativo a la Policía judicial. A los políticos no les interesa. Las investigaciones son muy flojas porque no hay una verdadera Policía judicial.
-Ahí está el caso de la detención del presidente de la Diputación de Alicante.
-Es un caso anormal. No es una persona peligrosa pero hacen un enorme despliegue policial. Y resulta que encima el juez no ha ordenado nada. El asunto lleva tres años en el Juzgado, la Policía sólo puede actuar a instancias del juez o del fiscal.
-Su biografía de abogado, juez y catedrático, ¿que secuencia ha seguido?
-Juez, profesor, abogado y catedrático. Estuve en Mieres de juez hace muchos años. Hice la tesis doctoral aquí y fui profesor ayudante. Abogado, veinticinco años. Y después seguí la carrera académica hasta el final. Con éste llevo escritos cincuenta libros.
-¿Es más cómodo ser catedrático?
-Todo es cuestión vocacional. Me interesó la abogacía. Es apasionante. Es la profesión jurídica más difícil y apasionante. El abogado debe ser un buen mediador. Y cuando construye un asunto parte de cero. Si un juez se equivoca hay recursos. Si se equivoca un abogado, adiós. A un juez le dan las cosas masticadas y por las dos partes; el abogado, sin embargo, empieza de cero. Me dio grandes satisfacciones luchar por algo, llegar el Supremo y que salga a flote. La docencia también es apasionante, no hay nada más interesante que enseñar a los que vienen detrás.
-¿Incluso el Derecho Procesal?
-Es clave. Uno tiene derechos en teoría pero ¿cómo se come eso? Pues en el proceso. Ahí se manifiesta toda la problemática humana, llena de complicaciones y con sus enfoques jurídicos a través de las normas procesales. No basta tener razón, hay que saber demostrarla.
-¿Cómo?
-El Derecho Procesal empuja los derechos de los ciudadanos hasta el final pero algunos lo ven aún como una serie de obstáculos que hay que salvar. Quizá fue así en un tiempo. Hoy no, hoy empuja positivamente.
-¿Qué tradición tiene en España?
-Está anclado en las Partidas, tiene tradición, pues, romana y con influencias francesas a través del Código Civil a partir de la revolución de 1789.
-¿Se rompe con las autonomías?
-No, hay una norma general que es la ley de Enjuiciamiento Civil para todo el territorio.
-Algunos abogados se quejan.
-Sí, pero en relación a las normas administrativas de las comunidades, que es otra cuestión.
-Hablando de procesos, ¿cómo ve el de Bolonia para reformar la Universidad?
-El proceso de Bolonia para reformar la Universidad está siendo muy criticado. Va a suponer una rebaja científica. La Universidad no está para formar profesionales sino, en este caso del Derecho, juristas básicos. Deben conocer a Kelsen, deben conocer la doctrina fundamental. La facultad no se puede convertir en una escuela de práctica jurídica. Los alemanes están muy preocupados por Bolonia porque va a rebajar su nivel formativo de manera importante.
-El anterior modelo era quizás un lujo.
-Formar bien a un jurista siempre es una inversión. Si no, no tienes ningún derecho. Por eso los alemanes cuidan a sus jueces. Para qué quieres tener derechos si vas a un tribunal que tarda muchísimo y resuelve a su manera.
-Los jueces alemanes se afiliaron en masa al partido nazi.
-Hubo de todo. En general los juristas alemanes tienen mucho prestigio. Al terminar la licenciatura hay una escuela de estudios forenses de tres años, muy rigurosa, y ahí se selecciona a jueces y abogados. Ahí se aprende la profesión.
-Los alumnos ahora apenas van a clase.
-Porque no se les estimula. En mi caso, hay un 90 por ciento de asistencia. Sigo un sistema híbrido entre Bolonia y el nuestro. Estoy con los alumnos todo el día, hablando, dialogando, y hacen un trabajo cada semana. Si tengo 70 alumnos en lista, hay 63 en clase. Al final a la mayoría no necesito examinarlos porque los conozco bien. Pero, caramba, qué pensar de esos que llegan diciendo "usted me ha suspendido pero me sé la asignatura", les ofreces examinarse otra vez y te responden que ya han pasado quince días y que se les ha olvidado la materia. El caso opuesto lo viví cuando al terminar el curso algunos querían más clases. En fin, tras una ausencia obligada por enfermedad mis alumnos me recibieron con un aplauso, fue una de las mayores satisfacciones de mi vida.
-En la administración de justicia según se suben peldaños más se politiza.
-El Tribunal Supremo se nombra a dedo por el Consejo General del Poder Judicial que sabemos cómo está. Hay un problema importante de politización.
-¿Y la separación de poderes?
-Ahora no existe, ya lo decía Guerra hace años: Montesquieu no interesa. El partido en el poder no quiere trabas, por eso no modifica la ley electoral, por eso no hace una ley de huelga y por eso quiere mangonear el poder judicial. Es algo enfermizo. El presidente del Gobierno, con su camarilla, nombra a los diputados, por supuesto al Gobierno, por supuesto al Consejo General del Poder Judicial y al presidente del Supremo. Vivimos en una pura partitocracia que ya denunció Ortega en su día pero hemos caído otra vez en ella. Se dice que los diputados los elige el pueblo; por favor, no nos tomen el pelo.
2 J. N.
-¿Hay alternativa a las oposiciones?
-Son absurdas y tercermundistas. Machacan y destrozan a los jóvenes. Están ahí cinco años que no sirven para nada. No aprenden una materia sino a decirla muy deprisa. Se trata apenas de conocimientos de manual y aún por debajo del manual. No aprenden más que un temario y a adaptarse a un sistema que data de 1842. El mayor problema de la justicia en España es, quizá, la formación de los jueces.
-España es el único país del mundo libre donde los jueces no van a la cárcel.
-Bueno, Estevill y alguno otro. Felipe González ha dicho que la justicia está hecha unos zorros pero no por falta de medios sino por el ganado que la dirige.
-¿Es cierto?
-No está hecha unos zorros del todo pero la primera instancia sí es de muy poca calidad. Y ciertamente los que están arriba son los que tienen la culpa. El juez depende del Consejo; los secretarios, del Ministerio, y los funcionarios, de la comunidad. Es un guiso muy difícil de digerir. Pero ¿qué hizo él, catorce años de presidente del Gobierno?
-¿Vamos hacia una sociedad judicializada como la americana?
-Los americanos tienen sentido jurídico de los daños y perjuicios. Aquí, no; aquí tienes un accidente y te dan una indemnización casi simbólica. Hay unos baremos ridículos y absurdos. Los americanos están dando lecciones a todo el mundo en cuanto a indemnizaciones civiles. Y es que los perjuicios son sobre todo intangibles. Al que ha estado tres meses en el hospital machacado no hay forma de pagarle lo suficiente.
-Si pleiteo con la Administración pago mi abogado y el del Estado.
-Y tardan mucho en indemnizar y apenas. Amenazas a la Administración con un contencioso y se ríe.
-¿Son indemnizables las recientes riadas de Asturias?
-Claro, si se demuestran negligencias. Hay que hilar muy fino en las responsabilidades civiles pero tenemos una jurisprudencia retrógrada. Sólo cuentan las cosas que son demostrables, se dice, pero hay cosas que yo no puedo demostrar pero son clarísimas. Las zozobras del ser humano ante determinadas situaciones son evidentes.