El «silencio verde» de un pueblo fuera de cobertura

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El «silencio verde» de un pueblo fuera de cobertura
El «silencio verde» de un pueblo fuera de cobertura  
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El área recreativa de Folgueirou, elevada sobre un alto a unos cientos de metros de la capital del concejo, tiene una piscina tan singularmente protegida del viento que recibió un premio internacional de arquitectura en 2002. A su lado, campo de fútbol y bolera, bar con merendero de apertura parcial en verano y un gran edificio integrado en el terreno que será el Centro de Interpretación del Paisaje. Pero hoy está vacía. Para que prospere el turismo, concreta el Alcalde, hace falta más oferta, porque es cierto que no basta el alojamiento para hacerse atractivo al visitante, pero también que no son suficientes dos establecimientos en todo el concejo. «No se ve ninguna iniciativa, es una pena», se queja, «y el Ayuntamiento no tendría por qué dedicarse a eso». Hay una sola solicitud «de una persona de fuera» para gestionar por concesión municipal el bar restaurante que tendrá dentro el Centro de Interpretación y sigue en pie, más o menos, el proyecto para dotar a este mirador elevado sobre el Navia de una miniurbanización de bungalós cuyo futuro, aclara Leandro López, está pendiente del resultado del proceso de «desafectación de los terrenos». Es su idea del empujón público a la acometida privada por ahora casi inexistente; la manera de imitar los modelos triunfadores de los que vieron primero la posibilidad de vender el campo asturiano al turista. Y que no están tan lejos. En Taramundi, en los Oscos, hubo ideas, dinero y proyectos conjuntos y «se hizo la infraestructura y luego el turismo, no al revés», afirma Gustavo Larrea. «No puedes traer al turista adonde no hay nada». Aquí hubo. Por Folgueirou, señala el alcalde de Illano, pasaba el teleférico que recorrió esta cuenca en los años cincuenta para llevar materiales desde el puerto de Navia hasta la obra del embalse de Salime y que el artista Juan Méjica redibujó hace casi veinte años con intención de recuperarlo para transportar personas. «Sería estupendo», habla Leandro López con un deje de desengaño tras el anhelo de una infraestructura que enhebraría toda una comarca olvidada pero que la Administración sola, dice, «no va a hacer» sin capital privado.

Los turistas, en todo caso, «vienen a los pueblos a ver la vida de los pueblos, pero si los pueblos ya no tienen vida se rompe el ciclo». El soliloquio de Abelardo Alba es la voz de la experiencia de quien atiende a duras penas setenta madres con terneros y una media anual de cien cabezas de ganado en Illano. La ganadería extensiva va «de año en año cada vez peor» y «por sí sola casi no da para sostenerse, ni siquiera sin pensar en que te deje un duro de ganancia», asegura, y Daniel Martínez, miembro de una cooperativa ganadera con tres socios, se acoge al discurso sin fisuras. Hubo viñedos, recuerda él, y quedan vides, pero apenas para vino de consumo propio en éste que fue uno de los concejos con más superficie de viñedo «antes de la construcción del embalse». Aunque lo parezca, no están todos los caminos cegados y al mirar alrededor todavía están ahí los montes. Es seguro que no van a tener todas las respuestas, pero la madera es «casi lo único» y lentamente «la gente empieza a sacarle partido», observa Alba. Desde aquí, hablando del monte y de sus recursos, resulta casi imposible no ver los aerogeneradores de La Bobia-San Isidro, el parque eólico más grande de Asturias, a caballo entre los territorios de Illano y Villanueva de Oscos. Y aparte de aceptar lo que la instalación le da al Ayuntamiento, «ahora que estamos tan sensibilizados con las formas de producir energía», propone el regidor, «se podría intentar traer a niños a que conocieran los molinos y cómo se genera la energía...».

El problema vuelve a ser la gente, los obstáculos, la iniciativa escasa. El enemigo es tal vez ese «silencio verde» que alguien escogió como eslogan para identificar este concejo tranquilo de naturaleza agresiva. «No hay tampoco ni una panadería», protesta Pepa Cruz, ni nadie con ganas de tenerla pese a que «tendría que dar para que comiera alguien; si hay tres que reparten pan es porque ganan dinero». Los teléfonos móviles dicen que Illano está «fuera de cobertura», pero todavía no apagado del todo, responden aquí, mientras no se vayan los pocos servicios que resisten. El Alcalde zanja el debate sobre la supervivencia de los pequeños municipios con la certeza de que sin su Ayuntamiento tal vez sí se morirían -«no puedes alejar los servicios vitales básicos del ciudadano»- y Benigna González, de momento, va a seguir sallando en su huerta: «De este pueblo queda poco».

En la sierra de La Bobia, a más de mil metros de altitud, las ovejas pastan bajo los 58 aerogeneradores de un parque eólico interminable, el mayor de Asturias. Es el monte El Carbayal, parroquia de Illano, la fusión espontánea entre el pasado agrario del municipio y el atisbo de porvenir que se observa detrás del aprovechamiento energético del viento en los montes más altos del concejo. Estas ovejas, eso sí, forman parte de un rebaño singular que «pastorea» el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) en una finca de doscientas hectáreas. Se estudia el aprovechamiento de pastos de montaña en zonas desfavorecidos, la influencia de los animales en la biodiversidad o ahora las propiedades del brezo como antiparasitario natural para el ganado, precisa Urcesino García Prieto, ingeniero técnico agrícola de la finca, en una actividad que ha cumplido veinte años aquí. Hay aproximadamente ochocientas ovejas, trescientas cabras, cuarenta y cinco vacas y cuarenta caballos, unas 1.200 cabezas al cargo de un equipo permanente de ocho personas que ahora agradecen la primavera por lo que cuesta llegar hasta su centro de trabajo cuando arrecian los durísimos inviernos en La Bobia. Además del ingeniero, el proyecto investigador da labor a un capataz, un oficial y cinco operarios, y cuatro de ellos son de Illano. Un trabajador más que el Ayuntamiento para la mayor empresa empleadora del concejo.

En estas alturas de vieja tradición campesina, El Carbayal adosa el aprovechamiento ganadero a otras formas de reactivar el monte. En terrenos del Banco de Tierras hay desde el verano pasado varias decenas de colmenas gestionadas por la Federación de Asociaciones Apicultoras y acompañadas este fin de semana por unas jornadas de información y formación para apicultores en la capital de Illano. En este intento de tratar de incentivar otros modos de enseñar a hacer rentables estos montes baldíos del Occidente interior, el proyecto del «laboratorio» agroganadero se completa con plantaciones experimentales de arándanos y setas.

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