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Germán Lastra: El químico que trajo la Du Pont |1
Gallego multinacional, asturiano de corazón 

«No me hice numerario del Opus Dei porque me gustaban mucho las mozas»

«De niño me asustó ver a mi padre, entre el guirigay de 200 personas, al otro lado de la reja de El Coto»

 08:51  
Germán Lastra, en el jardín de su casa en Piñera (Cudillero). |
Germán Lastra, en el jardín de su casa en Piñera (Cudillero). |  
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Gallego multinacional, asturiano de corazón «No me hice numerario del Opus Dei porque me gustaban mucho las mozas» Germán Lastra López (Lugo, 1933) es el químico que trajo las factorías de Du Pont a Tamón cuando dirigía la empresa en la península Ibérica. «Gallego de alma y asturiano de corazón», habla con acento de Lugo aunque pasó la mayor parte de su vida en Oviedo, Ginebra y Barcelona, más veranos en Francia y tiempo en Cuba, Gran Bretaña y Estados Unidos. El hombre de la multinacional química, viudo de una danesa, tiene tres hijos que viven en Londres, Virginia (Estados Unidos) y Barcelona y 7 nietos, tres de ellos catalanes, tres anglo-indios y uno estadounidense. Cuenta con naturalidad en su casa de Piñera (Cudillero) una vida rica que LA NUEVA ESPAÑA publicará hasta el martes.

2 JAVIER CUERVO
-Usted es de Negueira de Muñiz (Lugo).

-Del otro lado del Navia. De allí era mi padre, administrativo de Campsa y periodista de «El Progreso» de Lugo, represaliado después de la Guerra Civil porque era de la directiva del PSOE lucense. Mi hermano Miguel Ángel y yo nacimos en Galicia, y Carlos, en Oviedo. Mi primera noción del habla es la fala, que los asturianistas reivindican. Mi abuelo paterno y mi madre eran maestros. Mi madre, Amada López, era de La Rasqueta (Grado).

-Pasó la guerra de niño.

-Nos cogió en Oviedo. Nos «liberaron» unas columnas republicanas que entraron rompiendo los tabiques de las casas en la calle Leopoldo Alas. Fuimos a Muñó (Siero), donde estaba casada mi tía Clarina. En Gijón, mi padre se incorporó a Campsa hasta el fin de la guerra en Asturias. Como habían ido a buscarlo a la casa de Lugo, para pasearlo, en Muñó le hicieron un refugio debajo del fregadero de la cocina. Salía de noche. A nosotros no nos lo dijeron. Pasó así un año. La Guardia Civil, ayudada por falangistas, andaba buscando izquierdistas y quemaban algunas varas de hierba por si se escondían debajo. Una hermana monja de mi madre hizo una declaración muy favorable a mi padre, él se presentó en Comisaría y penó 18 meses en la prisión de El Coto (Gijón).

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