Areces, con el obispo

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En efecto, el presidente Vicente Álvarez Areces se ha encontrado ya con el arzobispo: pero un arzobispo en niqui caqui, y no vestido con el correspondiente negro talar y la faja morada; un arzobispo emérito, y no en activo; un arzobispo de Sudáfrica, pero no de Oviedo; un arzobispo progresista, dolido porque las iglesias de Uganda, Nigeria o África Central amenazan con un cisma dentro de la Comunión Anglicana, al ser contrarias a la ordenación de homosexuales; un arzobispo anglicano, por tanto, pero no el arzobispo católico de Asturias.
Es decir, a miles de kilómetros de la Corrada del Obispo, Álvarez Areces se ha reunido con Desmond Tutú, y con gran efusión de simpatía; hasta le ha dado golpecitos en el pecho con las yemas de sus dedos, según muestran las fotografías difundidas.
Pero al arzobispo Carlos Osoro, por lo que sabemos hasta el momento, le ha derivado a una entrevista con el consejero de Educación, José Luis Iglesias Riopedre, el cual, bien es cierto, viene a ser como el álter ego de Areces, pero no es lo mismo, porque el Arzobispo quería entrevistarse con el Presidente directamente, en virtud de su sintonía siempre pregonada recíprocamente, y con la finalidad de dialogar sobre la asignatura de Religión, que el Principado quiere desplazar a un limbo fuera del horario escolar.
Mal se presenta este rechazo de Areces, quien, como decía hace tiempo un veterano sindicalista, es un hombre eminentemente resbaladizo: la pauta la marca él, y si no, le resbala la cosa. No en vano, Leviatán es representado a veces con escamas de monstruo marino.
Y para seguir con obispos, en los mentideros madrileños se comentaba estos días que la operación Tajo-Turia parece decaer -el traslado de Cañizares a Va_lencia, como sucesor de García-Gasco-. En cambio, ha vuelto a cobrar viveza la que fue primera intuición: que nuestro Carlos Osoro pase precisamente a la diócesis mediterránea.
¿Cuándo? Se estima que a Gasco le quedan entre seis y doce meses de pontificado.
Ahora bien, sigue en danza el runrún sobre la salida de Blázquez de Bilbao, y también le asignan Valencia. La carambola se complica cuando al ex presidente de la CEE también le colocan mirando a Pajares. Y Osma-Soria sigue sonando como destino de nuestro auxiliar, Raúl Berzosa. Afortunada diócesis.
Pero ya saben: de todas estas quinielas no hagan ningún caso. Únicamente revelan la intensidad del trasiego entre interesados de intuiciones, sospechas y algún que otro dato probable.
En una de éstas, y en medio de una confusión ecuménica, nos mandan a Asturias a Desmond Tutú. Sería magnífico, puesto que Areces ya le ha tocado el pecho.

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