Artes plásticas

Guillermina Caicoya apuesta por el rigor, la variedad y lo contemporáneo

Paco Fernández, Herminio, Ignacio Martínez, Santiago Mayo, Antonio Mesones y Coronas despliegan sus obras en la nueva galería

02.05.2008 | 00:00

Oviedo, J. C. GEA

El privilegiado espacio de la galería Nogal, una de las más veteranas de Asturias, acaba de experimentar una radical mutación que ha refractado sorprendentemente la línea que iniciaba Elías Caicoya Masaveu en 1969. Recién renacida como galería Guillermina Caicoya, su directora ha querido poner desde el primer momento toda la carne en el asador para marcar un cambio de rumbo que asume «sin límites», pero con un fuerte compromiso con el arte contemporáneo y los artistas asturianos. Así, los 230 inmaculados metros cuadrados que, después de una espectacular reforma que ha depurado y ampliado el espacio original, se reabrían al público el pasado 18 de abril como una gran página en blanco han escrito las primeras líneas de su nueva etapa con el nombre y la obra de seis artistas asturianos o vinculados a Asturias de distintas generaciones, con distintos supuestos y lenguajes, pero con una idéntica vocación de rigor y contemporaneidad: Paco Fernández, Herminio, Ignacio Martínez, Antonio Mesones, Santiago Mayo y Carlos Coronas han aportado una selección de sus obras pensadas específicamente para los espacios -muy distintos- que alberga la sala.


La recepción -en el ámbito más iluminado de la galería, merced a un enorme vano a la calle Asturias- corresponde a los dos artistas más veteranos del sexteto. Paco Fernández ha ocupado con un conjunto de obras monocromas en tonos vivos y ácidos uno de los muros junto al escaparate y ha aportado una intervención pictórica en el espacio más abierto del suelo. La luz natural arranca de la parte superior de las piezas -invisibles al espectador- las vibraciones de color que desde hace un tiempo aureolan los cuadros de Fernández añadiéndole una dimensión intangible a su obra.


Herminio, por su parte, aporta dos grandes piezas monocromas cuya blancura se mimetiza -en algún caso hasta el límite mismo de la desaparición- con la blancura de fondo de la sala: una gran estructura geométrica de finas varillas instalada sobre el suelo y una escultura montada en la pared sobre un pedestal circular, sobre el que gravita merced a los característicos juegos magnéticos de la escultura del artista de Viavélez. Al igual que otras piezas de menor porte repartidas por distintos puntos de la galería, todas ellas forman parte de la serie reciente que, llena de evocaciones marineras en sus elementos y títulos, rinde homenaje a su localidad natal del occidente asturiano.


Los espacios más recogidos de la planta baja se han reservado para la pintura de Santiago Mayo y del cántabro Antonio Mesones. El primero -fiel a su hábito de trabajar exclusivamente en piezas de 30 por 30 centímetros- cuelga una serie de pequeñas pinturas en las que consigue arrancar a un espacio tan limitado una sorprendente variedad de texturas, registros y efectos de gran intensidad poética. Basándose en una laboriosidad y una depuración similares a las de Mayo, aunque en un registro muy distinto, Mesones exhibe dos pinturas de mayor formato en las que se plasma su interés, cada vez más minimalista, en explorar la pintura desde sus cualidades más puras y formales: color, ritmo, movimiento o composición.


La fotografía está representada por una serie de obras del asturiano Ignacio Martínez, empezando por la gran ampliación de un interior urbano que, casi a modo de trampantojo, sorprende al espectador abriendo una perspectiva falsa sobre el gran lienzo de pared que se alza sobre el acceso a la planta sótano. Martínez fotografía con técnicas casi artesanales y una cámara fotográfica de placa de vidrio paisajes crepusculares de Alemania, Suiza y Austria en los que la arquitectura contemporánea dialoga con su contexto natural y con la luz en imágenes cargadas de pequeños coágulos de información que abren la posibilidad de una lectura narrativa.


Finalmente, Carlos Coronas ha ocupado enteramente el sótano de Guillermina Caicoya con una gran instalación lumínica: «Lux», la misma que exhibió en la galería madrileña Astarté. La estructura de «Lux», una gran trama geométrica de aspas de neón cuyos colores puros se difunden por la oscuridad de la sala, muestra la potencialidad de un espacio que la galería quiere dedicar a los nuevos soportes y la instalación.

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