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Música

Sinfonismo bien calibrado

 
Amanda Roocroft y Max Valdés, entre músicos de la OSPA.
Amanda Roocroft y Max Valdés, entre músicos de la OSPA. nacho orejas

DIANA DÍAZ La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) llevará hasta el auditorio Baluarte de Navarra el programa que, bajo la dirección de su titular, presentó el pasado viernes en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. La formación asturiana, con la compañía de la soprano Amanda Roocroft, actuará en la sala pamplonica los próximos jueves y viernes. La «Sexta Sinfonía» de Shostakovich es el plato fuerte de este programa, en el que la OSPA da rienda suelta al sinfonismo que marcó la creación del siglo XX.


En su cita ovetense, la orquesta desmenuzó la paleta orquestal que Shostakovich organizó en su «Sinfonía Op. 54, n.º 6». El desarrollo sinfónico de la página no puede dejar de ligarse a las circunstancias sociopolíticas que vivió el autor. El carácter satírico, los momentos grandilocuentes y el lirismo fueron aspectos tenidos en cuenta por la OSPA y que subyacen en las polémicas que suscitó el «comportamiento musical» del autor frente al régimen soviético. En la sinfonía que en un origen Shostakovich había planteado dedicar a Lenin, la OSPA ajustó el carácter moralista con el creativo que presenta la obra y que, de forma original y contradictoria, exprime las posibilidades de la plantilla orquestal.


La OSPA calibró los contrastes que recoge el primer «largo», con dinámicas y tesituras al límite, así como las sonoridades más pétreas frente a las partes más desnudas. En estas últimas, el viento madera se portó, en los pasajes a solo que dan color al movimiento, el cual mantuvo un ambiente intrigante. Los clímax de intensidad destacaron especialmente en el movimiento central, donde la OSPA rindió en las combinaciones de texturas que presenta el tiempo. Mientras que en el «presto» final, salvando una pérdida de claridad en la última sección, dominó el impulso rítmico tratado con el cuidado necesario para mantener una brillantez y un carácter menos mórbido, que aparece en el resto de la obra.


La «Sexta sinfonía» de Shostakovich, a la que se dedicó la segunda parte del concierto, fue precedida del estreno de la obra de la joven compositora Alessandra Bellino, «Las jaulas de Danae», y también de la popular «Aria de la carta», incluida en el primer acto de «Eugene Oneguin», ópera de Tchaikovsky. La página lírica contó con la voz protagonista de la soprano Amanda Roocroft, cuyas condiciones vocales no pudieron mostrar las cualidades líricas de la cantante en todo su esplendor.


La inclusión de la obra de Bellino, ganadora de la primera edición del concurso para jóvenes compositoras que organiza la Fundación Magistralia, fue un acierto en la programación de la OSPA. La orquesta, en sus tres últimas apariciones, ha combinado estratégicamente el repertorio contemporáneo. Pero, en su concierto del viernes, la formación presentó a la afición los sonidos más recientes. Esta elección permite a los conjuntos trabajar directamente con el autor, entender mejor el proceso creativo y descubrir nuevas concepciones musicales. En «Las jaulas de Danae», Bellino da libertad a las propiedades tímbricas de los instrumentos, que van fundiéndose progresivamente, a través de la articulación en dos partes, diferenciadas por la textura y el «tempo» intrínseco. En la que fue la primera obra de la tarde, las maderas de la OSPA mostraban ya su calidad interpretativa.


Respecto a la soprano de la velada, Roocroft procuró colocar y proyectar la voz con cuidado en el aria de Tchaikovsky, esforzándose por equilibrar su chorro vocal. No obstante, en su actuación quedaron patentes la potencia de voz de la soprano y su facilidad para mantener el registro, así como para tirar hacia el grave. Es perfectamente comprensible que a un cantante le ataque una dolencia en medio de sus compromisos, que suelen cerrarse muy a largo plazo. De los artistas depende el cancelar o no una actuación, según encuentren su propia condición física. Roocroft subió a las tablas del Auditorio y no hizo mal papel, especialmente en la propina que ofreció al público ovetense, un aria de la «Rusalka» de Dvorak, que la platea acogió con entusiasmo.


La OSPA va completando su temporada. Con dos conciertos, la formación dará carpetazo a su calendario. En dos semanas, la OSPA recibirá al pianista Javier Perianes, con el que interpretará el primer concierto de Brahms. Para clausurar el ciclo, estará en junio la contralto Sara Mingardo, con quien harán los lieder «Kinder Toten», de Mahler.

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