josé maría martín patino
Jesuita
 

«El sano laicismo pone a la Iglesia en su sitio, predicando el Evangelio»

«La objeción a Educación para la Ciudadanía es un ejemplo de exageración»

 
José María Martín Patino.
José María Martín Patino. jesús farpón

Oviedo, P. RUBIERA

José María Martín Patino, jesuita, sabe mucho de relaciones entre Iglesia y Estado. Protagonista de la transición, como colaborador del cardenal Vicente Enrique y Tarancón, hombre de diálogo siempre preocupado por la educación, cree que en este momento «lo que está fallando es el orden moral». Es miembro del jurado que hoy fallará el «Príncipe» de Cooperación Internacional.


-El Gobierno de Zapatero ha anunciado que mantendrá la defensa de la laicidad y que quiere reformar la ley de Libertad Religiosa de 1980. ¿Qué opina?


-Si se avanza en la libertad religiosa, se avanza en la laicidad en una dirección buena. El sano laicismo es poner a la Iglesia en su sitio, que es predicar el Evangelio. Dudo que se puede hacer una ley de más libertad religiosa que la que se hizo en 1980, votada unánimemente por todo el arco del Parlamento, que recibió elogios de los representantes del PCE y PSOE. Pero el laicismo, ahora tan de moda en Europa, tiene un agujero negro porque se convierte en otra religión. Es una religión que tiene una nueva trinidad: la razón, el progreso y la racionalidad. Estamos huyendo de unos dogmas y estamos cayendo en otros. Y el dogma te fija unas fronteras y se empeña en imponerlas a los demás. Me da miedo que los que dicen que son radicalmente laicistas quieran decir que son dogmáticamente laicistas. Soy partidario del Estado laico y de la laicidad en la medida en que sea posible que el poder político no tenga nada que ver con el religioso, la religión no es un poder, en el Evangelio no se predica el poder en ningún momento y por eso las relaciones de la Iglesia con la sociedad son preferibles a las de la Iglesia con el Estado.


-¿Es propio de obispos encabezar manifestaciones o alentar políticas?


-Utilizar medios políticos o de otra índole que de alguna manera indican presión o fuerza no es evangélico, como no lo es llevar pancartas ni descalificar. Una norma fundamental evangélica que está en toda la tradición de la Iglesia es el respeto a la autoridad civil legítimamente constituida, ya lo decía San Pedro, pero los obispos españoles, en el año 1931, cuando tuvieron que enfrentarse a una Constitución mucho mas hostil a lo religioso, escribieron una declaración colectiva que recomendaba sobre todo el respeto a la autoridad civil. En la última legislatura se ha faltado al respeto a la autoridad civil y ésa es una de mis penas y de mis sufrimientos, porque veo que en esa falta de respeto está implicada la jerarquía de la Iglesia.


-¿Escucha la emisora de la Iglesia?


-Más que nada la sufro. Tiene una vinculación clara con la jerarquía y me da mucho reparo criticar o valorar la actividad que está teniendo en este momento y que ha desarrollado en la última legislatura. Creo que el «homo locuens» (hombre hablante) está sustituyendo al «homo sapiens» (hombre que piensa). Da la impresión de que cada vez hablamos más y pensamos menos. La prensa y los medios de comunicación se están convirtiendo en trincheras más que en medios de difusión. Me molesta que la Iglesia dé la impresión de fomentar esta forma de hablar de alguien, descalificando, poniendo adjetivos a veces injuriosos y sin verdaderas fuentes serias. No se pueden hacer juicios de intenciones con tanta facilidad, no se puede recomendar la desobediencia civil.


-¿Fomenta eso el anticlericalismo?


-Si los nuevos religiosos apoyan posturas que no son razonables es normal que surja un nuevo anticlericalismo... Dicen que se sienten perseguidos pero me parece que esa persecución es una respuesta a otras calificaciones dogmáticas que no son dignas del Evangelio. La Iglesia tiene que aceptar que ha cometido errores, tiene que hacer una purificación de su propia memoria. Juan Pablo II pidió perdón 114 veces y una de ellas fue por la colonización de América.


-Deduzco que rechaza la objeción a la Educación para la Ciudadanía.


-Es un ejemplo clarísimo de exageración. Me parece que el que entienda un poco de pedagogía sabe que hoy no se adoctrina a nadie, el imponer está fuera de lugar. La familia tiene todos los derechos para educar y educa con el testimonio porque hay muy poca conversación entre padres e hijos. Todo el mundo reconoce que la ciudadanía es un campo inmenso y muy necesario en España.

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