Reivindicación

El historiador Keane: "Las Cortes de León representan un salto cualitativo"

John Keane, autor de "Vida y Muerte de la Democracia" , afirmó haber escrito ese libro para "desafiar" toda una serie de ideas arraigadas sobre todo en los países anglosajones.

03.07.2009 | 12:58

Las Cortes de León de 1188 representan un auténtico salto cualitativo en la democracia representativa y no tienen precedente en las asambleas de nobles anteriores de otras partes de Europa, declaró hoy a EFE el historiador australiano John Keane.

Ese primer parlamento europeo difiere de otras asambleas como las "witanegemots" inglesas o las "Hoftage" alemanas, convocadas por el monarca de turno cada vez que necesitaba consejo o tenía que hacer algún anuncio "sobre un matrimonio dinástico, un tratado internacional o nuevas medidas legislativas o judiciales".

Keane, autor de "Vida y Muerte de la Democracia" (Simon and Schuster. 2009), afirmó haber escrito ese libro para "desafiar" toda una serie de ideas arraigadas sobre todo en los países anglosajones como la de que "Inglaterra es la madre de todos los Parlamentos".

Si hay una madre, está en León, dijo Keane en referencia al hecho de que las Cortes celebradas en la iglesia de San Isidoro, en las que Alfonxo IX prometió consultar y aceptar el consejo de obispos, nobles y los "hombres nuevos de las ciudades" preceden en un cuarto de siglo a la Carta Magna del rey inglés conocido como Juan sin Tierra.

Las Cortes de León son las primeras en las que hay representantes de las ciudades, los procuradores, y eso las diferencia también de las simples "reuniones de residentes" como la asamblea islandesa de Thingvellir, que data de entorno al año 930 de nuestra era.

Los asistentes a esas reuniones islandesas escuchaban las propuestas de un hombre sabio, pero normalmente las aceptaban por aclamación, sin debate o controversia, algo en consonancia con las reglas de las asambleas feudales.

Al contrario de ese tipo de asambleas o las atenienses, que "desalentaban la división y buscaban la unanimidad", en las Cortes de León se reconoce por primera vez que la comunidad política está dividida, que hay que debatir abiertamente los temas y que tanto el monarca como los representantes de los distintos estamentos están obligados por las decisiones que finalmente se adopten.

Según Keane, algunos estudios del siglo XIX vinculan las Cortes leonesas a los visigodos, pero "hay en todo eso mucha mitología" y además significa "subestimar complemente la modernidad" de esa institución española.

Lo paradójico es que muchas instituciones de la moderna democracia representativa, como las constituciones o el derecho de presentar peticiones ,"tienen sus raíces en lo que se calificó de Edad Oscura".

Las pocas veces que aparece la palabra democracia en el siglo XII tiene connotaciones negativas, se "equipara al gobierno del populacho".

Otra de las ironías de la historia, según Keane, es que la democracia representativa tal y como se manifiesta en las Cortes es "hija de la Reconquista".

Es posible además que los representantes de las ciudades que acudieron a las Cortes de León estuvieran influidos por una vieja práctica musulmana de emplear a un representante legal (el wakil) para que actuase en nombre de quien le enviaba a un lugar lejano.

Esto es algo que los historiadores españoles deberían estudiar, dijo Keane, según el cual no parece haber duda de que el Islam contribuyó indirectamente a ciertas innovaciones en el terreno de la democracia representativa.

Las antiguas mezquitas eran, según el historiador, un espacio en el que la gente se reunía para refugiarse de una tormenta, para llorar a un ser querido, pero también para llevar a cabo actividades comerciales.

En el Islam, hay elementos "proto-democráticos", señaló Keane, quien recuerda en su voluminosa historia de la democracia que a partir del siglo XVII hay frecuentes llamamientos entre los musulmanes a favor de la elección abierta de sus gobernantes.

El primer musulmán en hablar de la democracia fue, explica, el gran filósofo Abu Nasr al-Farabi (c. 870-950), partidario ferviente de una forma de gobierno capaz de garantizar la libertad y la felicidad de los individuos.

Al-Farabi analizó las distintas formas de Gobierno y llegó a la conclusión, como muchos siglos después el británico Winston Churchill, de que, pese a todos sus defectos, la democracia era la preferible porque posibilitaba que emergieran los mejores.

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