Gijón, J. C. GEA
Un «collage» del pintor gijonés Edgar Plans compuesto por ocho cartulinas de diferentes formatos y colores sirve este año de emblema a la cita colectiva que, desde hace cuatro, la sala de arte Van Dyck convoca con el título «Jóvenes valores del arte contemporáneo». Bajo ese oportuno simbolismo, la galería amplía su nómina en 2009, junto a nombres habituales como Víctor López, Virginia López, David Morago, Edgar Plans o Guillermo Oyágüez, este año incluye además a las asturianas Irma Álvarez-Laviada y María Vallina y al pintor de Benavente Migo Gay.
Como en otros años, Víctor López (Madrid, 1975) aporta una serie de visiones coloridas y primorosamente dibujadas en las que la figuración se pone al servicio de los sueños. En el extremo opuesto, Irma Álvarez-Laviada (Gijón, 1978) muestra una serie de piezas de gran formato y otras de menor tamaño en las que incorpora sabiamente el recurso de la tercera dimensión, pero siempre en las antípodas de cualquier referencia que no sean la pureza geometría y la plástica.
La abstracción se tensa hacia la expresión en el caso de su compañera de generación María Vallina (Langreo, 1978), que presenta una selección de óleos tan agresivos y profundamente viscerales como es costumbre en su obra. Edgar Plans (Madrid, 1977), también muy próximo generacionalmente a estas artistas, despliega sus referencias al universo infantil, su fauna pintada con un uso cada vez más generoso de la materia pictórica y nuevas series, como la dedicada a los bosques.
La fusión de pintura, fotografía y construcciones que desbordan la bidimensionalidad de ambos lenguajes está presente en el delicado mundo de Virginia López (Gijón, 1975), que se hace a sí misma objeto de exquisitos autorretratos cargados de simbolismo y poesía. Por el contrario, el malagueño Guillermo Oyágüez (1970) se ciñe con un firme dominio de la técnica a la pura pintura en sus marinas de formato muy horizontal.
En pos del misterio y de la reinterpretación de situaciones cargadas de lirismo y ambigüedad, David Morago (1975) se revela, como en citas anteriores, como un virtuoso del dibujo y de la composición. Y, finalmente, el arquitecto y pintor Migo Gay (Benavente, 1966) presenta dos series: una en la que consigue una gran contundencia expresiva con tela rasgada, materia y colores intensos y otra en la que representa (y presenta) la naturaleza echando mano de elementos vegetales convenientemente tratados.